El pórtico de la hermosura

  • Monseñor Asenjo abrió la puerta santa de la Capilla de los Marineros para iniciar el Año Jubilar

Hacía frío ayer en la calle Pureza. El termómetro por los suelos. El calor lo aportaban los cientos de hermanos y devotos que a esa hora presenciaban un hecho histórico en la Hermandad de la Esperanza: la apertura del Año Jubilar. La puerta santa que este sábado -con tres golpes secos- abrió el prelado hispalense, monseñor Asenjo, es la que cruzan a diario cientos de sevillanos en busca de esa virtud teologal tan necesaria en tiempos de zozobra. Virtud hecha carne en la madera. En una mano adelantada que ofrece el pañuelo y en otra que indica el corazón de un barrio, el epicentro de la cava. Esa puerta marcó ayer un nuevo ciclo, un periodo de júbilo concedido por la Santa Sede para celebrar los seis siglos que lleva esta corporación abanderando la Esperanza como fuente de vida, como ancla de los sueños.

Para la ocasión, la puerta santa se encontraba decorada con dos macizos de flores que colgaban de sus laterales. A continuación se celebró la eucaristía presidida por el arzobispo. A partir de ese momento (y hasta el 18 de diciembre de 2018), la Capilla de los Marineros se convierte en centro de peregrinación, donde podrán acudir hermandades, asociaciones, colegios y otras instituciones religiosas a ganar la indulgencia plena. El inicio del Año Jubilar ha venido precedido de la inauguracion del tesoro devocional de la hermandad, donde sevillanos y turistas podrán deleitarse con los valiosos enseres de la corporación.

Días de júbilo en la calle Pureza, donde todos los ojos se dirigían ayer a un pilar devocional: la Virgen de la Esperanza, que amanecía bellamente engalanada con los colores azul y jacinto. El pórtico de la hermosura.

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