rincones con encanto

Y en esto, la postal se hizo insólita

  • Paseo Catalina de Ribera. Su nombre se debe al reconocimiento de la ciudad a la aristócrata que hizo posible el Hospital de las Cinco Llagas y el Palacio de Medinaceli

La Candelaria de día por el Paseo Catalina de Ribera, nota inédita en este heterodoxo Martes Santo. La Candelaria de día por el Paseo Catalina de Ribera, nota inédita en este heterodoxo Martes Santo.

La Candelaria de día por el Paseo Catalina de Ribera, nota inédita en este heterodoxo Martes Santo. / RUESGA BONO

Nos estalla en la cara una imagen inédita por lo que le influye el desfase horario del Martes Santo, Santo Martes para algunos. Era de obligado cumplimiento estar al paso de la hermandad de la Candelaria en la alta madrugada y en penumbra, pero el cambio diametral impuesto para este día hace que ese discurrir de la cofradía de San Nicolás por la fachada oriental del Alcázar se convierta en insólito.

Estamos ante un lugar que fue postal de la Semana Santa, que ¿quién no vio a la Candelaria en la alta madrugada por los Jardines? Y eso que los modos y las formas del vandalismo imperante hicieron que peligrase su supervivencia, que hasta hubo de vallarse para que la noche no fuese Campo de Agramante durante el año y objetivo peligroso en este día de Martes Santo.

La gran cofradía que mora en San Nicolás hasta estudió un itinerario de vuelta que soslayase la oscuridad y el intimismo quebrado de los Jardines de Murillo. No ganó el pulso lo antinatural de unos comportamientos inaceptables y en la normalidad de esta tarde de martes podremos volver a extasiarnos con el discurrir de la hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de la Candelaria, parroquia de San Nicolás, dos pasos. Entre la frondosa arboleda se cruzarán saetas y sonará airosa la banda para el mayor lucimiento de una Virgen que, deslizándose de costero a costero, viene de casa rumbo a la Catedral. De Santa María la Blanca y San José a los Jardines todo será un clamor que merecerá muy mucho la pena.

Este encantador enclave de hoy se halla situado entre la Avenida Menéndez Pelayo, la muralla este del Alcázar y el barrio de Santa Cruz. Esta zona ajardinada se divide en dos partes bien diferenciadas, el Paseo Catalina de Ribera y los Jardines de Murillo, que tomó su nombre por encontrarse muy cerca de la casa donde nació el excelso Bartolomé Esteban Murillo. Fue en 1918 a petición del concejal del Ayuntamiento sevillano, el prestigioso abogado don Baldomero Laguillo Bonilla, hermano del gran propulsor de la idea don José, director del periódico El Liberal.

Pero la protagonista indiscutible de todo este edén es Catalina de Ribera, noble sevillana que era hija de Perafán de Ribera y de doña María de Mendoza, su segunda esposa. Nació en 1450 y falleció el 1 de enero de 1505. Se casó en 1470 con el viudo de su hermana Beatriz, Pedro Enríquez de Quiñones, Señor de Tarifa, con el que tuvo dos hijos varones.

Fundó Catalina de Ribera el Hospital de las Cinco Llagas y también se le reconoce la construcción de la Casa de Pilatos y la conversión de la Casa de las Dueñas en el palacio que llegó a nuestros días, con lo que tuvo mucho que ver con las dos primeras residencias nobiliarias de Sevilla tras los Reales Alcázares. Viuda desde 1492, obtuvo una bula pontificia que le permitía erigir en Sevilla un hospital de caridad para pobres, y en 1500 fundó con su hijo Fadrique el Hospital de las Cinco Llagas. Su emplazamiento original, en la calle Santiago, resultó insalubre, por lo que en 1540 se decidió su traslado. Se construyó entonces el edificio definitivo, al norte de la ciudad. Permaneció en funcionamiento hasta 1982, y después el edificio fue reformado y desde 1992 destinado a sede del Parlamento andaluz. Falleció en Sevilla el 13 de enero de 1505 y fue enterrada en un artístico sepulcro, justo enfrente del de su marido, en la Cartuja de Santa María de las Cuevas. Tras la Desamortización de Mendizábal en el siglo XIX, este monasterio se convirtió en la fábrica de cerámica La Cartuja y los sepulcros de Catalina y de su marido fueron trasladados al Panteón de Sevillanos Ilustres en la iglesia de la Anunciación.

La cesión de una franja de terreno de la Huerta del Retiro del Alcázar en 1862 es el origen de este Paseo de Catalina de Ribera para que a fines del XIX se acometiese el ajardinamiento de la zona y en 1920, el arquitecto Juan Talavera formalizó los trazados con vistas a la Exposición del 29. El trazado del paseo es longitudinal, diseñado para el tránsito de personas, mientras que el de los Jardines de Murillo es más recoleto. Se homenajea en su eje el Descubrimiento de América en monumento diseñado por Talavera y ejecutado por el escultor Lorenzo Coullaut Valera.

Adosada al muro del Alcázar se encuentra una fuente dedicada a Catalina de Ribera con pinturas alusivas de Juan Miguel Sánchez. Entre los espacios abiertos destaca la glorieta dedicada al pintor José García Ramos que queda delimitada por arcos de entrada y muretes en los que existen paños de azulejos que recrean obras famosas de dicho artista, ejecutados por otros pintores de su entorno, como Miguel Ángel del Pino, Santiago Martínez, Alfonso Grosso Sánchez, Manuel Vigil y Diego López. Los jardines terminan en la plaza de Refinadores, presidida por una estatua de Don Juan Tenorio.

Y por esta especie de sucursal del Paraíso Terrenal transitará esta tarde la hermandad de la Candelaria desde su casa en San Nicolás a la Catedral. Será ya atardeciendo y no cabe duda de que estaremos ante uno de los episodios más singulares de nuestra fiesta con la novedad de que la procelosidad de la alta madrugada queda paliada con la hora del ocaso. No se lo pierda.

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