contrapunto

Lo que ven los ojos del Guadiana

  • Los cambios del Martes Santo le regalarán en su jubilación ver los Javieres por la calle Guadiana

  • El hijo de Paco es hermano de la cofradía y secretario de Todos los Santos

Paco Barquín con su hijo Carlos, puente generacional entre el bar y las cofradías de la iglesia. Paco Barquín con su hijo Carlos, puente generacional entre el bar y las cofradías de la iglesia.

Paco Barquín con su hijo Carlos, puente generacional entre el bar y las cofradías de la iglesia. / belén vargas

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En el bar Guadiana no pegunten por Francisco Barquín Ochoa porque todos lo conocen por Paco. El año pasado cumplió 65 años y mientras sopesa los pros y los contras de su jubilación, le queda el consuelo de que por primera vez, gracias a las modificaciones del Martes Santo, verá a los Javieres entrar por la calle Guadiana a la que debe su nombre un bar que toda la parroquia conocen como Casa Paco.

La parroquia metafórica del bar que mantiene una excelente relación con la que tiene su aposento religioso en la iglesia de Ómnium Sanctórum, joya arquitectónica del siglo XIII, teología posmoderna del siglo XXI. Templo donde tienen su sede las hermandades de penitencia de los Javieres y el Carmen Doloroso y la de gloria de la Reina de Todos los Santos. De las tres, y de la Lanzada, es hermano Carlos Barquín, uno de los hijos de Paco. Carlos nació en 1988 y estudió Administración de Empresas. Laura es de 1995 y es psicóloga. Ninguno de los dos está por la labor de coger el testigo del bar.

Su padre, santanderino de Ogarrio, tuvo una imprenta y abrió el bar en 1951 en Guadiana

La Alameda asiste a la maldición de las esquinas. Cerró en Navidad Casa Aguilar, consulado de Manzanilla que abrió en 1971; después de Año Nuevo echó el telón La Mata 14, en la plaza del mismo nombre. Pero en este caso la clausura, si se produce, sería más dulce. La lógica biológica detrás de la que hay, como en todos los lugares con alma, una bonita historia de aventureros.

El bar lo abre Agustín Francisco Barquín, el padre de Paco, el abuelo de Carlos, en 1951. "Mi padre trabajaba en la Puerta Osario con Bueno. Se puso enfermo. Cuando se recuperó, no volvió, abrió una imprenta que salió ardiendo y después abrió el bar". Paco Barquín, apellido de arquitectos, nació en la casa donde está el Bar Guadiana. Sus padres, Barquín y Rufina Ochoa, eran santanderinos de Ogarrio. En la Montaña nacieron tres de sus siete hijos. Se trasladan a Sevilla, la senda de los foramontanos. Paco es el pequeño de los siete. El benjamín nace un año después de que su padre ponga en marcha el bar. Fue una pequeña carambola.

"Yo me fui a trabajar a Suiza, a Rolle, un pueblo que está entre Lausana y Ginebra". Allí trabaja en una fábrica y los fines de semana en la construcción. Años 1972, 1973 y 1974, en los que el Bayern Múnich gana la Copa de Europa. "Tuve que volver de Suiza para hacer la mili. Había salido excedente de cupo, pero hacía falta personal y me llamaron. La hice en Canarias, en el aeropuerto de Gando".

En 1981 coge el relevo de su padre en el bar Guadiana. "En la hermandad de los Javieres dicen que es su segunda casa". Los cambios del Martes Santo han sido uno de los temas más comentados en el mostrador y las mesas del interior del bar. "Se habla más de eso que del procés, que a mí también me interesa, porque mi hermano Ignacio, el mayor, vive en Barcelona. Trabajó en Donuts". Un hermano de militancia comunista, partido vinculado en estas fechas a su legalización el Sábado Santo de 1977.

Emigró a Suiza, donde trabajó tres años y tuvo que volver para hacer la mili en las Canarias

Desde el mostrador no tiene que alejar mucho la vista para ver pasar su vida. "En la iglesia de Ómnium Sanctórum me bautizaron, me casé y celebré mis bodas de plata. No sé si cuando llegue el momento que a todos nos llega volveré a la iglesia". Donde también fue monaguillo de Todos los Santos y alumno del colegio que en la calle Arrayán abrió el célebre párroco Antonio Tineo.

Este año los Javieres no va por Palacios Malaver, sino por Guadiana, que en el callejero desemboca en Peris Mencheta, junto a los bares Hércules y Quilombo y el desavío de Clementina. Río fronterizo del que Paco, en el bar Guadiana, parece el barquero que lo cruzaba a diario entre Sanlúcar de Guadiana y Alcoutim en esa estampa que describía José Saramago en Viaje a Portugal.

"La primera vez que crucé el Guadiana fue después de la revolución de los Claveles de Portugal de 1974", recuerda Paco Barquín. Iba con su amigo Julio Reguera, el de la librería de Almirante Apodaca. "Julio montó una imprenta en Peris Mencheta y todos los chavales del barrio le echamos una mano".

Por el bar Guadiana pasaron fugazmente los componentes de la tertulia taberno-literaria Cuadernos de Roldán. Ha visto cambiar la piel de la Alameda. Allí paran los costaleros en sus ensayos; toman café los párrocos de Ómnium Sanctórum y San Lorenzo, que una tarde invitaron al obispo de la Seo de Urgel y copríncipe de Andorra. Poco después de hacerse cargo del bar, Paco Barquín coincidió con un ilustre vecino. Cuando en 1982 Iñaki Gabilondo puso en marcha Radio 16, se vino Paco Lobatón desde Barcelona, donde en 1980 nació su hija Triana, que con dos añitos se convirtió en vecina de la calle Guadiana. "Más de un cliente lo reconoció de la tele", dice Paco en el Guadiana, río-calle que forma estuario con Feria y Santa Rufina.

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