Rincones con encanto

Abajo, al fondo, un tallo luminoso

  • La ascensión hoy de la Virgen del Refugio hasta Fabiola aúna la belleza con la dificultad final.

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Dijo Juan Ramón que bajar ya de noche por Mateos Gago deparaba la sorpresa incomparable de encontrarse con una especie de tallo luminoso que parece emerger del centro de la Tierra. Estamos ante una de las calles más bellas del mundo, conocida antiguamente como Borceguinería y que en el año 1893 tomaría el nombre actual de Mateos Gago. Fue en memoria de don Francisco Mateos-Gago Fernández, catedrático de Teología, sacerdote, profesor de la antigua Facultad de Teología de la Universidad de Sevilla, fundador de la Academia Sevillana de Estudios Arqueológicos y canónigo de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Sevilla.

Nacido en la localidad gaditana de Grazalema en 1827 y fallecido en Sevilla en 1890, Mateos Gago combatió encarnizadamente desde la fe católica las tesis darwinistas que defendía con ardor el catedrático de Ciencias Naturales Antonio Machado y Núñez, padre de Demófilo y abuelo, por tanto, de los poetas Manuel y Antonio Machado. Mateos Gago está enterrado en el Panteón de Sevillanos Ilustres que se encuentra en calle Laraña, en la antigua Universidad de Sevilla.

La calle Mateos Gago nace en la Plaza Virgen de los Reyes y muere en Fabiola, estando situada a la altura de Guzmán el Bueno la cota más alta de la Sevilla intramuros. La calle no siempre fue tan diáfana como ahora y se da la circunstancia de que hasta 1923, en que esta vía fue reordenada para dotarle del ancho actual, la Hermandad de Santa Cruz no podía procesionar por ella. El recorrido era por Guzmán el Bueno a Segovias en una operación que era posible tras desmontar los respiraderos del paso.

En 1924, la hermandad decidió salir del convento de las Teresas para ir por Jardines de Murillo a San José y la Alfalfa. Al año siguiente cambió de itinerario para acortarlo bajando por Mateos Gago a Placentines y Francos, lo que fue sucediendo hasta que en los sesenta se abrió la Alcazaba para que el cortejo luciese de forma mucho más brillante tanto a la ida con la luz diurna para el rodeo por el Postigo del Aceite como ya de noche cerrada en la Plaza de la Alianza.

En Mateos Gago siempre hubo un vecindario ilustre, pues no en vano estamos refiriéndonos a la zona más noble de la ciudad. Por ejemplo, en el número 21 nació el abogado, periodista y escritor Santiago Montoto. Ocurrió el año 1890 y en esa fachada figura una lápida en homenaje a su padre, el eximio Luis Montoto Rautenstrauch, cronista de la ciudad, notario eclesiástico, concejal del Ayuntamiento y secretario perpetuo del Ateneo. Además, se da la curiosidad de que Luis Montoto tiene calle a su nombre, la antigua Oriente, y una glorieta en el Parque de María Luisa que se le dedicó en 1959.

Con una edificación de calidad en su inmensa mayoría, Mateos Gago enriquece su caserío con dos inmuebles proyectados por Aníbal González, los que llevan los números 24 y 26. Esta última es conocida como Casa de las Conchas, ya que su fachada está adornada con unas conchas aparentemente marinas y puede que el gran arquitecto regionalista se inspirara en la casa del mismo nombre que, propiedad de la Junta de Andalucía hasta hace tres lustros, se levanta en el centro histórico de Salamanca.

Mateos Gago conserva en cierta medida algo de su original trazado tortuoso y hasta que no se baja a la altura de Rodrigo Caro nada hace prever al foráneo que podamos contemplar la Giralda, ese tallo luminoso que emerge del centro de la Tierra en definición gloriosa del Nobel moguereño. Quizá sea desde Mateos Gago desde donde la Giganta se muestra más exuberante, de ahí que en Mateos Gago nos encontramos con la mejor atalaya desde la que contemplar el gran símbolo de Sevilla.

Pero hoy es Miércoles Santo y el protagonismo semanasantero del día corre a cargo de la Hermandad de San Bernardo, que vuelve a casa por Mateos Gago en una subida fantástica. Hasta coronar esta especie de puerto entre naranjos, la torera cofradía luce portentosa en la revirá de Rodrigo Caro y, sobre todo, cuando es saludada en  lo más alto por la señera y austera hermandad de Santa Cruz.

Claro que el recorrido de la cofradía de San Bernardo tiene en esta zona su punto culminante cuando el dorado paso de la Virgen del Refugio abandona esta maravillosa vía de Mateos Gago para, por Fabiola, doblar a Madre de Dios en una operación que entra de lleno en uno de esos milagros que un día sí y otro también depara la Semana Santa de esta ciudad llamada Sevilla. Superar esa prueba de torcer el palio a Madre de Dios puede considerarse como una de las piruetas más complicadas de cuantas realizan nuestros capataces y costaleros en este milagro que es la Semana Santa de Sevilla.

Casi como la salida del palio de los Desamparados de San Esteban sorteando puntas ojivales o la del enorme barco carretero en la antigua Varflora para doblar sin rozar la cercana pared de enfrente, este giro de la Virgen del Refugio es espectacular. Y es que todo cuanto se desarrolla en Mateos Gago es de una estética grande. Estética en Semana Santa y en cualquier noche del año, pues pasa que el paseante baja y baja para allí al fondo encontrarse con un tallo luminoso que emerge de no se sabe dónde.

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