Imaginería

Antonio Castillo Lastrucci, del barro a la madera

  • Antes de trabajar para la Bofetá realizó importantes obras para Málaga que se perdieron en 1931. Durante su trayectoria se apoyó en escultores "de oficio".

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El 27 de marzo de 1923, Martes Santo, salía por primera vez desde la iglesia de San Román un nuevo misterio para la Semana Santa de Sevilla: el de la Bofetá. Su autor, Antonio Castillo Lastrucci, irrumpió con fuerza en las cofradías sevillanas, con un misterio pleno de realismo y con altas dosis de teatralidad. Fue su primer gran trabajo para las hermandades de Sevilla que remataría un año más tarde con la Virgen del Dulce Nombre, una de las mejores Dolorosas del siglo XX con la que crea un modelo. Pero no fueron las imágenes de la Bofetá las primeras que hizo Castillo para la Semana Santa.

Castillo ya había trabajado para las cofradías sevillanas realizando algunas imágenes menores, como los evangelistas para un antiguo paso del Nazareno de la Salud de la Candelaria o algunos relieves para la Amargura o la Macarena. Pero hay que situarse en Málaga para encontrar sus primeros grandes trabajos para las cofradías. En 1921, la Hermandad de Jesús el Rico le encargó el cirineo que se estrenó un año más tarde y que procesionó hasta 1924. "Se retiró porque gustaba más la visión del Nazareno en solitario", explica Juan Antonio Sánchez López, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Málaga. En 1922, también esculpía las imágenes de un romano portador de la insignia y un interesante y teatral Pilatos sedente para acompañar al Cristo de la Humildad (Ecce-Homo) en el misterio de la Presentación al Pueblo, tallas que desaparecieron en los sucesos de 1931. "De haberse conservado, estas tres primeras piezas serían de gran importancia histórica por encontrarse entre las más tempranas incursiones del prolífico escultor sevillano en el lenguaje de la estatuaria procesional. Se conserva un libro de cuentas de la Hermandad de la Humildad (Ecce-Homo) que documenta perfectamente el encargo en octubre de 1922, cuando se le pagan 1.000 pesetas en concepto del primer plazo del encargo del misterio de la Presentación al pueblo".

En 1925, realiza el Cristo del Santo Suplicio y su misterio compuesto por un soldado romano y dos sayones, uno arrancando la túnica a Cristo y otro barrenando la Cruz, representando el Despojo de las Vestiduras para la Hermandad de la Amargura de la ermita de Zamarrilla. "Fue estrenado en la Semana Santa de 1926 y destruido en 1931. Este conjunto figuraría hoy, sin exageración alguna, entre sus obras maestras". Del mismo modo piensa Andrés Luque Teruel, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla: "Estas imágenes estarían entre lo mejor de su producción, con unas características realistas vinculadas con la estatuaria monumental. Cuando se le encarga el misterio de Jesús ante Anás Castillo ya está en plena madurez. Ha realizado grandes obras profanas, retratos que estaban muy considerados. Es un escultor en la plenitud de su arte para crear obras que van a remover la Semana Santa". Otra obra de 1922 o 1923 es un San Juan Evangelista realizado para la Hermandad de Jesús Nazareno de La Palma del Condado, que fue quemado en 1936, y que guarda "evidentes similitudes" con el que hizo posteriormente para acompañar a la Virgen del Dulce Nombre, como han aportado en una reciente investigación los profesores de la Universidad de Sevilla Juan Miguel González y Jesús Rojas Marcos.

En esta primera etapa de Castillo Lastrucci hay que buscar la influencia directísima del que fue su maestro, Antonio Susillo, como señala Luque Teruel: "Es el último eslabón de Susillo. El realismo susillesco no había entrado en la Semana Santa, salvo en el misterio de la Coronación de Espinas, de la Hermandad del Valle, y en el Cristo del Dolor de las Cigarreras, de Joaquín Bilbao. Cuando Castillo hace el misterio de la Bofetá hay un antes y un después. Las imágenes no son más pequeñas que el natural, como era lo habitual en los pasos de tribunales".

Durante muchos años se ha puesto en entredicho que Castillo Lastrucci fuera discípulo de Susillo por la corta edad que tendría cuando el maestro se suicida, pero lo cierto es que nació antes de lo que se pensaba, como han publicado los profesores Juan Miguel González y Jesús Rojas Marcos: el 20 de febrero de 1878 y no el 27 de febrero de 1882, como recogen la mayoría de las biografías. "Él afirmaba que había aprendido a modelar en barro con Susillo y se decía que no era posible. Con esta nueva fecha de nacimiento sí que lo es. Es cierto que en el listado de seguidores de Susillo no aparece y no está en ninguno de los actos tras su muerte porque era menor de edad", resalta Luque Teruel.

Esta primera etapa es fundamental para entender la producción cofradiera de Castillo. Muy rápido empieza a crear una obra personal profana sobre temas costumbristas, descriptivos e históricos con la que alcanza un gran nivel y cierto aprecio en los ambientes culturales y artísticos de la época. También destaca con una serie de retratos. Durante las dos primeras décadas del siglo XX presenta varios proyectos para monumentos, de los que se conservan los bocetos, pero sin suerte. Sólo trabajaría, ya a mediados de la década de los 20, en la glorieta de Benito Mas y Prats como autor del busto esculpido en mármol. "Su formación es decimonónica y los escultores en esa época se forman como modeladores en barro, como los propios Joaquín Bilbao, Lorenzo Coullaut Valera, Miguel Sánchez Dalp o Viriato Rull. Quizás los dos de más alcance son Bilbao y Coullaut Valera, que cuentan con importantes premios", añade Luque Teruel.

Estos artistas para pasar del barro a la madera se apoyan en escultores denominados "de oficio", siguiendo un proceso válido en el siglo XIX en el que original se realizaba en barro, se sacaba un modelo intermedio en yeso y de ahí mediante puntos se llevaba la obra al material definitivo. "Se trata de un procedimiento muy habitual y que se ha dado siempre. En la mentalidad de la época no hay problemas en utilizar ayudantes, un escultor de oficio, pero el que crea es el maestro. Hasta que comenzó a trabajar para las cofradías Castillo había sido el responsable de todos sus trabajos, pero tiene que pasar los originales que hace a madera y nunca lo había hecho. A lo largo de su trayectoria se apoya en diferentes escultores de oficio, pero el autor es él y el acabado de la talla una vez pasada a madera es suyo. Sabemos que Antonio Illanes es uno de los escultores que le ayuda. Le pasa obras a madera", indica el profesor de la Hispalense.

Todos sus misterios son obras en técnica mixta. Los ropajes están hechos en telas modeladas y encoladas, algo que hace él personalmente y no el escultor de oficio: "La retirada de esas telas ha supuesto mutilar sus obras. A él le dolió mucho cuando sucedió, por ejemplo en la Bofetá. Pensaba que era un atentado gravísimo contra su producción, llegándose a borrar, incluso, de la nómina de las hermandades que lo hicieron".

Para la realización de sus obras se vale de toda una serie de técnicas que revolucionan la imaginería. No sigue las pautas barrocas y se abre a la influencia de Rodin, la pintura de historia, la fotografía y asimila recursos compositivos tomados del cine: "Eso le da a su creaciones un alcance tanto escenográfico como dramático inédito hasta ese momento en el Arte sevillano y en la Semana Santa. A partir de ahí también crea un modelo de Dolorosa con la Virgen del Dulce Nombre que parte de un retrato del natural un tanto idealizado buscando aunar el dolor melancólico con la belleza según el modelo popular sevillano". A esta primera etapa corresponden las que pueden ser sus mejores obras, como las desaparecidas en Málaga. Además, pronto evoluciona y aumenta los efectos escenográficos en los misterios de la Presentación al Pueblo de San Benito y la Sentencia de la Macarena. "Su obra de mayor nivel plástico y de ejecución es el Señor de la Presentación. Está muy por encima del resto. Como conjunto el mejor es el de la Bofetá, con sus toques impresionistas".

A lo largo de su trayectoria Castillo se apoyaría en su amplio taller para realizar sus trabajos, gozando éste de un gran protagonismo en el proceso intermedio de ejecución. Su obra cambia a partir de 1932 y en sus Cristos conjuga su técnica realista con los modelos barrocos. También crea un segundo modelo de Dolorosa combinando el de la Virgen del Dulce Nombre con las características de la Hiniesta barroca. "En conjunto, es un escultor muy interesante por su proyección estilística, magistral en cuanto a composición y fotografía y con imágenes notables", resume el profesor Luque Teruel.

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