La Campana

Brotes verdes para una Semana Santa de multitudes

  • La lluvia privó de salir a 22 cofradías, entre ellas todas las del Martes y Viernes Santo. No se recuerda un Jueves Santo con tanto público en todo el siglo XXI La Madrugada ha superado el trauma de 2000.

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La lluvia ha vuelto a acaparar protagonismo. No es ninguna novedad. En todo lo que llevamos de siglo XXI sólo han salido todas las cofradías en 2001 y 2009. Por el contrario, en la última década del siglo pasado, hubo un tiempo de sequía que incluso permitió tres Semanas Santas completas, con todos los pasos en las calles, en 1991, 1992 (incluido un Santo Entierro Grande) y 1993. Fue un trienio luminoso y seco, muy distinto al trienio negro y nuboso que han vivido algunas cofradías entre 2011 y 2013.

Al quedarse ayer en su templo la Resurrección, han sido 22 las cofradías que suspendieron su salida (sin contar las de Vísperas). A ellas se deben añadir siete que no llegaron a la Catedral. El Martes Santo, que cumple tres años seguidos con lluvias, y el Viernes Santo, de tradicional fama, se llevaron la peor parte, al no salir ninguna cofradía. 

Este año las juntas de gobierno han arriesgado más que en las Semanas Santas anteriores. Por eso, hubo más cofradías remojadas, sin tampoco sucederles nada de particular. Las dos únicas que han tenido que recurrir a traslados fuera de su día han sido La Esperanza de Triana (que se quedó en la Catedral) y Los Gitanos (que se cobijó en la Anunciación).

A pesar del mal tiempo, se puede afirmar que la crisis pasa de largo por la Semana Santa. Se ha visto durante todos los días que salieron cofradías. Hay brotes verdes macarenos y trianeros en el horizonte del cofrade. Apúntate, que a ésta es, Montoro.

El Domingo de Ramos fue un día raro, porque el chaparrón de media tarde forzó que muchas de las personas que salieron a primeras horas regresaran a sus domicilios. Pero hemos vivido posiblemente el Jueves Santo más multitudinario de todo lo que llevamos del siglo XXI. No recuerdo tantos carritos con niños pequeños un Jueves Santo. Se debió a diversos factores, empezando por el pronóstico meteorológico favorable, y siguiendo porque ya nadie sensato se va a la playa en Semana Santa. En el aspecto negativo estuvo la disminución evidente de mantillas.

La presencia numerosa de público se notó también en la Madrugada, que ha recuperado los niveles que se perdieron tras los incidentes del año 2000. El binomio del Jueves Santo y Madrugada ha sido lo mejor de la Semana Santa, pese al borrón de la mañana del Viernes Santo. Incluso el Sábado Santo, que otros años tenía claros en las sillas y palcos de la carrera oficial, esta vez registró un lleno hasta la bandera. Hay que aprovechar el abono hasta que pasa la Soledad.

El mundo de los capataces y costaleros ha tenido más luces que sombras en la Semana Santa, condicionados también por la lluvia. Las cuadrillas, al no salir todos los días, podían estar más descansadas. Pero los chaparrones, han forzado esfuerzos adicionales. Entre lo más destacable, está el trabajo de las dos cuadrillas de la Macarena para regresar a su templo en la mañana del Viernes Santo, así como las chicotás que dieron a los pasos del Gran Poder y de Los Gitanos para preservarlos de la lluvia en la madrugada, y a los dos primeros pasos de La Cena y al Cristo de la Buena Muerte, de la Hiniesta, el Domingo de Ramos.

Entre las cuadrillas de misterio que anduvieron muy bien, en estilos diversos, se pueden citar la de San  Gonzalo, que es quizá la más popular, la de La Lanzada y la de La Paz, entre otras. En cuanto a los capataces, si se pregunta por el número uno del ranking, hoy por hoy se apostaría por Antonio Santiago, sin olvidar a los Villanueva. Todo ello con el condicionante de que se quedaron demasiadas cofradías sin salir.

Lo mismo sucede en el apartado musical. En las bandas de pasos de Cristo, llama la atención el excesivo número de componentes, que en algunos casos se aproxima a los 200 músicos. Ni la Filarmónica de Viena necesita a tanta gente, señores. Con la mitad se podrían arreglar sin problemas.

Ha dado la impresión de que las agrupaciones musicales mejoran y son más valoradas en los pasos de Cristo, encabezadas por las de Virgen de los Reyes, Redención y Gitanos. Pero todavía el poderío máximo de la corneta virguera es mucho poderío. Y ahí están la banda de las Tres Caídas y Cigarreras en la cima del éxito. Para los amantes de la corneta y el tambor (¡no se olviden del tambor, que es muy importante!) nos queda la Centuria Macarena con ese redoble único, o la banda Esencia (lo peor que tiene es el nombre) que iba detrás del Cristo de las Siete Palabras, en plan Semana Santa de otros tiempos, a lo que ayuda el paso principalmente.

Detrás de los palios cada vez hay más especialización. A diferencia de otros tiempos, la banda de Tejera se ha especializado como banda fúnebre. Sale con cofradías de ese estilo y se les ha quedado la impronta. No tanto, pero también muy seria, está la banda de palio de la Victoria de Cigarreras. Posiblemente la banda más versátil, que puede con todo lo que le toque, es la Oliva de Salteras. Lo mismo se adapta al repertorio de La Estrella o La Trinidad, que se transforma en fúnebre con tambor destemplado detrás de la Merced de Pasión. Impresionante la entrada en el Salvador, con La madrugá, primero, y con Margot, subiendo la rampa. Por buscarles una pega, se pasaron tocando Amarguras a ritmo acelerado en el andén del Ayuntamiento para que los costaleros de la Virgen de las Aguas, del Museo, pasaran corriendo. 

La banda del Carmen de Salteras es ideal para los palios más alegres y lo volvió a demostrar detrás de la Macarena.

Muchos se ha comentado la interpretación del coro de Julio Pardo y la banda de Dos Hermanas a la salida de la Esperanza de Triana. No es una costumbre de Cádiz, porque allí a los pasos les tocan marchas como las de aquí. Los coros sólo cantan alguna vez en cultos en La Palma, la cofradía del barrio de la Viña. En Sevilla también. El coro de La Viña ha cantado varias veces en la basílica de la Macarena y a todos les ha parecido bien. Creo que ha sido anecdótico y no se repetirá. Por lo demás, Julio Pardo es autor de marchas cofradieras que no tienen nada que ver con el Carnaval. Aunque no es como Abel Moreno.

En el mundo de las flores, cada época tiene un estilo y un autor. Hemos pasado de Ramitos a Javier Grado. Se ha impuesto un estilo de diseño, en el que este paso lleva tal flor; y el otro, aquella, ninguna de la cuales viene en los Atlas de Botánica. El paso del Cristo de Los Negritos puede estar en el límite de la línea roja. 

Me gustaron calvarios clásicos, ahora de diseño florista, como los de las Siete Palabras y Las Aguas. No nos olvidemos del diseño de Pasión, que se debe repetir. Es bueno que las cofradías mantengan sus estilos y que la Amargura y la Macarena no renuncien a sus claveles de toda la vida. Hubo pasos de palio exquisitos y preciosos. Fue un gran año de rosas bonitas, que ya viene siendo la gran flor virginal de la Semana Santa.

Las dos notas más exóticas me parecieron el paso del Señor de la Salud de La Candelaria (la Virgen, por el contrario, iba muy bien) y el de la Virgen del Rocío. Ambos mejorables. Se está experimentando mucho para rizar el rizo, a veces demasiado.

A pesar de que nos faltó casi media Semana Santa, fue inolvidable y mereció la pena consultar tantos partes meteorológicos. A mayor gloria de San Pedro, que nos regaló un Papa en las vísperas. Se le debe rezar más.

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