Cincuenta años de mando por derecho

  • l Manuel Villanueva Capataz

Manuel Villanueva habla igual que andan sus pasos: de frente y por derecho. Este año está de celebración. Cumple 50 años como capataz. Empezó a los 13 con su padre. Ha vivido todas las etapas del mundo del costal. La de los profesionales, la dura y complicada transición, y la de los hermanos. Acompañó a Moreno y a Domingo Rojas. Durante unos años fue bajo las trabajaderas. Reconoce abiertamente que no le importaría llevar menos costaleros. No entiende la moda de tener una cuadrilla alta y una baja. Reconoce que el costalero está tomando un protagonismo que él no comparte. Manuel Villanueva es el último bastión de la manera antigua de mandar los pasos. Ayer, cumplió también 28 años al frente del paso de misterio del Señor del Silencio de la Hermandad de la Amargura, exponente máximo del trabajo bien hecho y de cómo debe andar un paso en Sevilla. Aunque no se plantea la retirada, la saga tiene asegurada su continuidad con su hijo Antonio, quien, al igual que él hizo con su padre, empezó a acompañarlo a los 13 años.

Villanueva lleva desde 1963 sacando pasos. La primera vez que tocó un martillo fue en San Benito. El del paso de la Presentación en la calle Almirante Apodaca. Ante los antiguos juzgados. Lo cuenta como si fuera ayer mismo. "Mi padre tenía poca voz y me dijo que llamara que luego él mandaba el paso. A partir de ahí, me fue dejando durante toda la semana". Durante la época de transición fue costalero con Moreno y Rojas, primero en Valme. "Entonces igualaba en las primeras trabajaderas de palio". También estuvo varios años en el palio de los Estudiantes, en los Servitas con Pagés, en los Negritos con el Penitente o en el misterio de las Siete Palabras. Durante ese tiempo, hasta que se consolidaron las cuadrillas de hermanos, sentía que le faltaba algo cuando no mandaba un paso.

En 1984, último de los profesionales, es cuando le llaman de la Amargura. "Ese año casi dejo las cofradías. Le dije a mi hermano Carlos que le echaría una mano en el Tiro de Línea pero que me iba a retirar. Estaba atorado. Llevaba toda la vida luchando por este mundo". Esa llamada de Félix Sánchez-Laulhé, diputado mayor de gobierno, cambió el rumbo de los acontecimientos. "Había una serie de problemas y me hice cargo de la hermandad". Estuvo dos años como capataz general. Cuando se arregló todo, dejó de ser responsable y se centró en el paso de misterio. Después de la Amargura, otras cofradías le llamaron para que organizara sus cuadrillas: "Nos llaman porque nos ven trabajar y porque somos serios".

Con los profesionales vivió tiempos bonitos, pero también duros. Dejó a Pérez Caro para irse con el Moreno. "Era abandonar Sevilla para irse a los pueblos". Pero la retirada de Bejarano les ofreció la oportunidad de llegar al Gran Poder. "Fuimos con dos ramos de flores a ver a don Miguel Lasso de la Vega, el vizconde. Nos dio la cofradía y nos ayudó para entrar en San Gonzalo". De esta época guarda muy buenos recuerdos. En los años 80 se partió la cuadrilla. Se separan Moreno y Rojas. Villanueva se va con este último. "Prácticamente nos quedamos sin cofradías". Le tocó la cruz de la moneda en San Gonzalo, cuando se quedaron prácticamente sin costaleros en el misterio. En 1981 lo llaman para Santa Marta y para el palio del Gran Poder. Lo mandó hasta 1984.

Ese año se retiró de los profesionales. Estuvo varios años fuera de Santa Marta hasta que lo busca Domingo Rojas porque se iba a retirar. Luego se hace cargo desde 1993. De Domingo Rojas aprendió mucho: "Era un gran capataz y sabía mucho de cofradías".

Del misterio de la Amargura comenta que ha sido su buque insignia. "Cuando dejé los profesionales estuvimos luchando para sacar una cuadrilla buena". Reconoce que son muchas las satisfacciones que le da, y presume de que fue el último paso de misterio que se dobló en Sevilla: "Esa cuadrilla iba a siete por trabajadera. No hace falta tanta gente. Pero cada año venían muchas criaturas a pedir sitio, por eso se hicieron dos cuadrillas". Tampoco le gustan las cuadrillas altas y bajas. "Así me evito quebraderos de cabeza. No tengo una cuadrilla para batallas y otra para momentos delicados".

Con el Silencio Blanco vive momentos memorables. Uno de los que más le gusta es la salida de la Catedral. "Es una vuelta que parece fácil, pero es de las que más me gustan. Prácticamente no tengo ni que mandar". Otra de las chicotás con las que disfruta es la de la estrechez de Francos. La pasa su hijo Antonio, y le encanta verlo. "La primera vez le dije que cuadrara el paso que yo mandaría. Me dijo que no. Que la quería pasar él. Me acuerdo que le advertí que como rozara tan sólo nos íbamos a la calle. Me dejó impresionado".

Manuel Villanueva es el tercer eslabón de una saga que comenzó en los años 20 con su tío abuelo Antonio Villanueva Carrasco. Continuó su padre, Antonio Villanueva Pérez. Luego él con su hermano Carlos. Y la cuarta generación es la de su hijo Antonio. "Mi hijo es tan capataz como yo. Está muy preparado". Después de 50 años, la retirada aún no se la plantea: "Sigo teniendo mucha fuerza. Me veo bien. Me gusta estar delante de los pasos, aunque cada vez haga menos y mi hijo más, pero mi ilusión es seguir".

Es Manuel Villanueva, un capataz que va de frente y por derecho. Ayer volvió a disfrutar, e hizo disfrutar a todos, con su Silencio Blanco.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios