Contrapunto

Clases de Contabilidad en Santa Marta

NACER en Palma de Mallorca de padre pontevedrés y madre murciana es un hándicap serio para integrarse en el mundo de las cofradías sevillanas. Más todavía si la persona en cuestión, Laura María Gómez Ruiz, no sólo da ese paso, sino que se convierte en la primera mujer que ejerce la mayordomía en una hermandad (En la foto de la izquierda, el día que prestó juramento del cargo).

La Semana Santa de su infancia unía dos de los vectores geográficos de sus credenciales familiares: viajes desde Baleares a la Semana Santa de Murcia, donde en vez de caramelos los penitentes repartían habas, huevos duros y monas típicas de la dulcería murciana. Todo cambió en 1984, el año de Orwell. Para ella supuso pasar del Gran Hermano al Hermano Mayor. Su padre, como los profesionales de la hostelería de su generación, empezó de botones y llegó a director de hotel.

El padre de Laura trabajaba en la cadena Meliá y en 1984 lo trasladan a Sevilla. Ella tiene 13 años y en el instituto Luca de Tena conoce a un compañero de curso, Manuel Alejandro Cardenete, que fue su primer novio y ahora es su marido. Fue su introductor en un mundo de signos indescifrables y misterios insondables. Una de las pocas hermandades que entonces admitían mujeres nazarenas, Santa Marta, era además la patrona de los hosteleros. “Por Marta, la hermana de Lázaro, que le dio hospedaje a Jesús”.

Empezó a salir en 1988 y la fortuna seguía a su lado. Le dio tiempo a conocer la salida de San Andrés antes de que se iniciaran las obras y se produjera el traslado a San Martín. La mallorquina que se formó en Murcia con las imágenes de Salzillo acredita ya 19 años de nazarena de Santa Marta. “Siempre con cirio. Un año, el hermano mayor me pidió que fuera de diputado de tramo, acepté, pero llovió y no salimos”.

Laura Gómez da clases de Contabilidad en la Escuela de Hostelería de la Taberna El Alabardero y en la Universidad Pablo de Olavide, donde aquel compañero de curso que la llevaba a ver pasos por las calles de Sevilla es vicerrector. Iba a encontrar un inesperado destino para sus conocimientos de Contabilidad.

En noviembre de 2002 tomó posesión como mayordomo segundo de Santa Marta, ocupando durante las tres últimas semanas de su mandato, que concluyó en febrero de 2004, el puesto de titular de la mayordomía. Una tarea ímproba, a veces tediosa, imprescindible: se ocupaba del bar y de la lotería; de las altas y bajas de hermanos y del pago de las cuotas; de contratar a la limpiadora y del inventario; de que no faltara dinero y enseres; de gestionar el presupuesto y del mantenimiento de la casa-hermandad. “El hermano mayor decía que me eligió por mi inteligencia, pero yo creo que lo hizo por mi cabeza cuadrada”. Una contable con pedigrí.

Salió y la nueva junta se quedó sin mujeres. “Las llevaba una de las dos candidaturas, pero salió la de toda la vida. Nosotros fuimos una revolución pero volvieron los de antes. Me llevo muy bien con ellos, uno es casi mi padrino”. Su novio del instituto fue mayordomo segundo del Silencio. Su historia de amor es la de un reencuentro guadianesco, una rocambole sentimental. Ha conocido las paradojas de la Semana Santa de Sevilla. “Como dijo Antonio Burgos en su pregón, hay que respetarla como es”. Quiere hacer a su hija Arancha hermana de la cofradía de San Benito para que vaya de monaguilla. “En Santa Marta salen nazarenas, que suponen un 35% de la cofradía, fuimos los primeros en tener una mujer en mayordomía, pero no admiten monaguillas, sino monaguillos”.

Cesó en el cargo por razones familiares un mes antes de que con el triunfo electoral socialista de 2004 la paridad se convirtiera en palabra-insignia. “Yo creo que hay que dejar que el tiempo coloque las cosas en su sitio, no forzarlas demasiado. Soy hija de unos padres machistas y, sin ser feminista, he gozado de una experiencia novedosa para la mujer”. Mejor que en mayordomía se hubiera encontrado más a gusto de diputada de caridad. “Antes de tomar posesión, estaba en la Fundación de la Escuela, con un trabajo parecido a una ONG. Lo otro me gustaba menos: normas, burocracia”. Como Teresa de Calcuta en el Vaticano. “No tanto, hombre”.

Le gusta hacer aerobic e ir al parque con su hija. Santa Marta volvió a San Andrés y un año más lucirá la rosa que cada año envía Iñaki Gabilondo a esta iglesia donde fue beneficiado el poeta Fernando de Herrera y en la que enterraron a Valdés Leal. Laura no cree en las postrimerías. La Semana Santa aceleró su integración en Sevilla. “O te dejas llevar o te quedas fuera. Y nosotros nos dejamos llevar”. En casa tiene dos armarios: uno para la ropa de nazarena, otra con trajes de gitana.

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