Cuidemos las formas

  • lLos cofrades no podemos acomodarnos sin preservar nuestra genuina identidad

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El año pasado leí en El Palquillo el artículo Niño, eso no se hace. Decálogo de chorradas, en el que se relataban diez chorradas que no se deben hacer en Semana Santa. Entre ellas, hablaba de las famosas sillitas plegables, no comer pipas viendo los pasos para evitar que los nazarenos descalzos se las claven, cómo comportarse en la bulla y una serie de consideraciones, muchas de las cuales, realmente, estamos sufriendo en la Semana Santa; porque esta Sevilla del siglo XXI está perdiendo, algunas veces, el oremus. Cuántas veces se ven mujeres vestidas con mantilla como si de un traje de boda o fiesta se tratase, sin entender el verdadero sentido de ataviarse con la mantilla, con vestidos incorrectos para el luto. Cuántas veces las setas se han convertido en un botellódromo en la Madrugada, provocando conflictos y sucesos desagradables. Cuántas veces vemos a personas y colectivos que con la excusa de ver las cofradías van como de excursión con su lote de alcohol, y eso que está prohibido consumir bebidas alcohólicas en la calle. Cuántos padres con su comportamiento intolerante y agresivo en las calles durante estos días, llegan incluso a insultar al nazareno que no le da estampitas o caramelos a sus niños, dando un mal ejemplo a sus hijos, en vez de enseñarles el verdadero sentido de nuestras procesiones y su mensaje evangelizador, aunque esto último muchos, desgraciadamente, lo desconocen.

Igualmente, el año pasado me comentaron que en las sillas de la Campana se pusieron unos foráneos a beber en vasos de cristal como si se tratase de una terraza de un bar y así podríamos poner más ejemplos que están contaminando nuestra Semana Mayor. No se trata de una crítica involucionista, ni mucho menos, e incluso pienso que es necesario adecuarse a los nuevos tiempos, pero una cosa es adaptarse de acuerdo con nuestras líneas de actuación, y otras perder nuestra identidad y sentido de la Semana Santa.

Los cofrades tenemos que cuidar y mantener las formas y no acomodarnos sin preservar nuestra identidad, e incluso, si es necesario defenderla. A nosotros, que tanto cuidamos el exorno material y todo el marco externo, nos corresponde custodiar y luchar por salvaguardar nuestro carácter. Empezando por informar a los hermanos y hermanas de cómo debe ser su comportamiento durante la estación de penitencia. De hecho, son cada vez más las hermandades que están haciendo campañas informativas sobre atuendo del nazareno y de su conducta, concienciándolos de que el comportamiento de un día va a determinar cómo la ciudad vea y considere a su hermandad el resto de los 364 días del año. Por ello, debemos preservar las formas no permitir determinados procederes a los nazarenos, como: escuchar la radio debajo del antifaz, hablar por el móvil, llevar relojes, anillos, pulseras y demás ornamentos…

Desde estas líneas quiero felicitar a las hermandades que están adoptando iniciativas de información a los nazarenos en cuanto a su indumentaria y actuación durante la estación de penitencia, que comienza cuando sale de su casa y no termina hasta que regresa a la misma. Sin dejar atrás a aquellas hermandades que desde siempre lo han realizado. Igualmente, es necesario hacer campañas formativas con los costaleros, pues éstos, algunas veces, también realizan algunos comportamientos incorrectos, como avasallar a los nazarenos cuando salen del paso o entran, ir abrazando a la novia o mujer, su conducta durante el relevo, etcétera; pues ellos, también van haciendo su estación de penitencia, no se trata de sacar pasos.

Las fricciones que vivimos en los últimos tiempos tienen su origen en la mala educación de algunos, que sufrimos todos los días y que se traslada a un escenario de dimensiones ilimitadas, donde parte del personal parece que lleva una carga de agresividad e intolerancia. Por ello, los cofrades debemos defender nuestras tradiciones y ese saber estar que siempre ha caracterizado a nuestra Semana Mayor, guardando los silencios cuando hay que mantenerlos, unidos a momentos de alegría, de eclosión de luz y color. En un clima de respeto, de tolerancia y de urbanidad.

Muchas veces estos comportamientos impropios se producen por falta de información y por desconocimiento; por ello, felicito a estas iniciativas instructivas de mentalización del buen discurrir de nuestras cofradías.

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