La Candelaria

Fervor y juventud en San Nicolás

  • El público abarrotó el entorno de la parroquia de la calle San José entre las últimas luces de la tarde

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La Plaza del Señor de la Salud es uno de esos discretos rincones de la ciudad que la Semana Santa se encarga de engrandecer cada año con su puesta en escena única. Cuesta creer que en ese recodo que forma el inicio de la calle San José frente a la iglesia de San Nicolás pueda caber tanta gente como la que se cita cada Martes Santo. Ambiente familiar en la última luz de la tarde. En la espera, una madre trata de controlar a su niña, de nombre Candelaria, que tiene veinte meses y va vestida de monaguilla. "Es su segundo año. El pasado, con nueve meses, ya se salió. La música de Semana Santa y la copla la vuelven loca".

La pequeña comienza a hacer gestos con sus pequeñas manos en el momento en que se perciben en la plaza las primeras notas interpretadas por la banda de las Tres Caídas. Con algo de adelanto, comienza a salir la cofradía, que junta mucho las parejas de nazarenos. Las manos delatan la abundante presencia de niños y mujeres entre los blancos penitentes de la corporación.

Desde los balcones del edificio de estilo historicista que alberga una academia de idiomas se aprecia un overbooking de jóvenes extranjeros mezclados con nativos. Al final sale por el angosto dintel de la parroquia del siglo XVII el Señor de la Salud, al que un hermano coloca la parte superior de la cruz una vez superado el momento crítico. Rompen los presentes en aplausos al divisar al bello paso del Nazareno. Nadie se mueve en la espera de la Virgen de la Candelaria.

La tensión crece al cruzar el palio el pórtico con dificultad. Incluso el enclave cofradiero del bar Candelaria apaga sus luces en esos minutos. Ovación para el palio a los sones, cómo no, de la bella Candelaria.

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