Capataz

Francisco Ceballos: El seleccionador que hace vibrar a las cuadrillas

  • Tiene bajo su mando a casi un centenar de hombres, una responsabilidad importante que conlleva muchas horas de ensayos en Cuaresma. Ceballos se ocupa de las Tres Caídas de Triana.

Entró en Triana en la cuadrilla del Cristo de las Tres Caídas con 19 años, aunque lo tuvo que dejar tres años después porque “me salía dos dedos de la primera”. Era tanta la afición que tenía Paco Ceballos por el costal que se puso a buscar algún paso en el que entrara por su altura. Lo encontró en Jesús Despojado, donde se llevó 12 años hasta que una lesión de rodilla lo obligó a salirse del paso, pasando a ser contraguía.  Tras varias años de segundo de Rafael Palacios, en 1994 le llegó el gran momento cuando Juan Borrero lo llamó para que saliera de segundo con Salvador Perales en Triana: “La junta de Alfredo Álvarez Mensaque tenía la idea de coger a dos capataces veteranos y dos jóvenes para que se fueran curtiendo y darles el relevo cuando estuvieran preparados”. El otro joven era Juanma Cantero, que se fue de segundo a la Virgen con Borrero. Desde el año 2000 es el primer capataz del Cristo de las Tres Caídas.  Cada año son cientos los chavales que acuden a las igualás para ocupar un sitio bajo las trabajaderas: “este año sólo en la tercera han igualado 48 nuevos”. Tiene a 96 hombres a su cargo,  lo que hace un total de dos cuadrilas, “los cambios son aleatorios,  no sale una cuadrilla y entra otra. Van mezclados para que todos trabajen con todos. Tenemos más de novecientas posiciones debajo del paso”.

Es delegado en Andalucía de una empresa de elementos de elevación para grúas. Está casado, tiene dos hijas y vive en Mairena del Aljarafe. Deja claro que los costaleros son del Cristo y de la Virgen, “no de un capataz o Junta de Gobierno”. Entre las anécdotas vividas hay una de la Madrugá de 2004, cuando la cofradía trianera fue la única en salir. Al llegar a Sierpes ve a  25 costaleros de la Macarena con Miguel Loreto. Se acercó a él para ofrecerle tocar el martillo “y me dijo que no. Me voy para el paso y llamé. Dije que el paso no se movía hasta que Miguel no llamara. Al final llamó”. Cree que los pasos cada vez andan mejor, hay varios que le encantan, San Gonzalo. La Amargura, los Javieres “y dos palios que andan maravillosamente, el de la Esperanza de Triana, espectacular trabajo el de Juanma Cantero, y  la Macarena”.

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