Fugaz y con sabor agridulce

  • Sólo Montesión, la Quinta Angustia, el Valle y Pasión pudieron salir · La lluvia evitó que lo hicieran los Negritos, las Cigarreras y la Exaltación

A falta de cofradías, bien vale el silencio de los oficios en cualquier convento. Otra vez. Y van dos años seguidos. Las monjas de San Leandro cantan, el sol sale y Montesión se echa a la calle con el acelerador pisado. Ya nada es lo mismo cuando hay tres bajas en la nómina en el día en el que jamás olvidaremos el trueno (que no iba precisamente vestido de nazareno) que sonó en la ciudad cuando el hermano mayor de los Negritos daba la triste noticia. Tampoco nada es lo mismo en el convento de la Pila del Pato, donde además ya no hay ni pato. En este monasterio son monjas africanas las que tienen la mayoría absoluta en el coro. Quién lo iba a decir hace unos años. Las africanas mantienen viva la receta de las famosas yemas. Y los chinos venden como rosquillas las sillitas plegables para aliviar las esperas. Por eso, por eso ya no es lo mismo este Jueves Santo que amanece viciado, con un cielo de escopeta, perro y oficios a falta de tres cofradías.

frío, frío

El soleano Maldonado, meteorólogo favorito de las cofradías, lo advirtió en este periódico. Las Semanas Santas de marzo son más frías a partir de media tarde. Y acertó. Un frío que se mete por los pies. Un frío que hace levitar por la Alfalfa a los penitentes descalzos de Pasión que acuden veloces al templo. Un frío de Jueves Santo que es ya un clásico de esta jornada. Un frío que diezmó la presencia de mantillas. Muy pocas se vieron. Y algunas mejor no haberlas visto. La ciudad tendrá mucha cultura de saber organizar una bulla, pero cada vez menos de la mantilla, que tras un serio declive vivió su auge en la década de los 80.

El cielo panza de burra de la mañana del Jueves Santo hacía presagiar una sesión de visitas matinales relativamente tranquila. Pero no. Las colas de espera en la Magdalena y en el Salvador eran considerables. En el primer templo daban dos vueltas en la misma plaza. En el segundo alcanzaban la calle Córdoba.

Esplendidamente vestida la Virgen de la Merced, de Pasión, con cuyo paso se recrea el público contemplando los detalles de la orfebrería de los respiraderos: el angelito con las gafas, el querubín con la pluma, el pescador de una bota en un farol, etcétera. Un obra con el inconfundible sello de los hermanos Delgado. En Triana había runrún con las flores escogidas para el paso de la Esperanza: calas, jazmines y varas de color rosa. Ya hay alpiste en cantidad para las tertulias.

Hubo que achicar agua de la carrera oficial y montar las sillas con rapidez. La cosa era seria. Los operarios aprovechaban el suelo mojado para ir lanzando literalmente los asientos desde la pila hasta su ubicación. Montesión demostró la rapidez con la que una cofradía se planta en la Campana a su hora aun habiendo salido mucho más tarde que la hora marcada oficialmente.

clasicismo

La Quinta Angustia se echa a la calle y evoca aquel 2003 donde un cofrade que creó escuela, Luis Rodríguez-Caso, sacó a la cofradía a la calle en un Jueves Santo absolutamente gris y roto también. Salió, miró el cielo sin lluvia a la hora de la salida y puso la cruz velada en la calle. Sin más porcentajes de riesgo de lluvia ni otras historias. La Quinta sale de noche como consecuencia de una Semana Santa tan tempranera. La Quinta, como la conocen sus hermanos, puede presumir de llevar en su cortejo a varios de los diez hermanos más antiguos de su nómina. Tiene casi una veintena de monaguillos y un sello inconfundible de gran cofradía con estilo propio, al que ayer sumó una representación de gala de la Guardia Real delante del paso. La Quinta se despliega por San Pablo, la cruz en el Santo Ángel cuando el paso sale de la Magdalena, en mismo momento en que el Salvador registra un lleno absoluto. Plenitud agridulce del Jueves. La recuperación de este templo tras cinco años de cierre, los dos años que se cumplían sin ver a Pasión por la calle y el hecho de que Montesión estuviera a esa hora metida en la carrera oficial, concentraron a una altísima cantidad de público en la plaza.

El Jueves Santo también cuenta con el Valle. La jornada remonta, conserva una cuota alta del clasicismo que caracteriza a esta jornada en su segunda mitad, pero deja el desagradable recuerdos del triste doblete de la Exaltación, los Negritos y las Cigarreras. Dos años consecutivos sin salir.

A las nueve menos cinco sale la Virgen del Valle. Redoble de tambor en Laraña. Qué poco dura el Jueves Santo, decía el pregonero Burgos el Domingo de Pasión. Y bien es verdad que es el día más corto de la Semana Santa. Más aún el de ayer. Comenzó agrio y se fue dulce como las rosas diminutas de tonalidad clara de la Virgen de la Merced.

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