Gimnasia del alma en Mateos Gago

  • Camilo Olivares ha dirigido unos ejercicios espirituales ignacianos para completar la Cuaresma. Han tenido lugar en la capilla de las Hermanas Nazarenas, cerca de la Giralda.

UN centenar de personas se han preparado para la Cuaresma con los ejercicios espirituales Ignacianos que Monseñor Camilo Olivares (Madrid, 1926) ha dirigido en la capilla de las Hermanas Nazarenas de la calle Mateos Gago. No deben ese nombre a que formen parte de la histórica reivindicación para que las mujeres pudieran procesionar, puerta abierta en el mandato de Carlos Amigo Vallejo como arzobispo de la diócesis. El nombre es porque dicha capilla se encuentra en la casa de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, congregación que fue fundada por el Beato Manuel González García.

Han sido unos ejercicios espirituales que Camilo Olivares ha hecho según la norma de San Ignacio de Loyola. "Recordamos la importancia de hacer ejercicios en la Santa Cuaresma", se leía en la convocatoria de esta iniciativa organizada por la Obra de la Palabra de Dios y celebrada entre el 30 de marzo y el 3 de abril. "Vengo haciendo esos ejercicios espirituales desde que me ordené sacerdote", dice Camilo Olivares. Tantos como 63 años desde que inició su dilatada carrera en el ministerio, ordenado siendo Papa de Roma Pío XII.

Es director espiritual del Gran Poder desde hace cuatro décadas y vive la Semana Santa de Sevilla "con la espiritualidad que corresponde, con devoción y con admiración". Director de esta gimnasia del alma que son los ejercicios espirituales, Camilo Olivares siempre personaliza su relación con la religiosidad sevillana para que la fe del carbonero encuentre unos cauces de vida interior. Si en Navidad abre a amigos y conocidos su casa de Los Remedios para mostrarles un Nacimiento con auténticas obras de arte, en puertas de la Semana Santa promueve esta puesta a punto de quienes quieren vivir estos días más allá del turismo religioso.

La casa de las Misioneras eucarísticas de Nazaret está situada a un centenar de metros de la Catedral. El recogimiento de la capilla de Mateos Gago contrasta con el tránsito de turistas y la escenografía de veladores. La deshora de visitantes de lejanos confines propicia paellas a la hora de la merienda mientras se sucede la catarata de fotografías al faro de la espiritualidad sevillana, torre en torno a la cual gira el itinerario de la devoción de los días más señalados del año.

La puerta de las misioneras eucarísticas la abre la hermana María del Pilar. No sabe mucho de la Semana Santa de Sevilla. Lleva meses viviendo en la casa de Mateos Gago. Toledana de Carmena, pueblo próximo a Torrijos, paisana del obispo auxiliar Santiago Gómez Sierra, nacido en Madridejos, esta religiosa viene de destinos en Meres (Asturias) y en Fátima (Portugal).

El carisma lo creó en 1921 Manuel González García, un sevillano de la Judería, nacido en la calle Vidrio y bautizado en la iglesia de San Bartolomé. Lo ordenó sacerdote Marcelo Spínola, el último andaluz que estuvo al frente de la diócesis hispalense. El que fuera párroco de San Lorenzo -Francisco de los Reyes, el actual titular, se emociona recordando la lectura con música de la Pasión según San Mateo en la basílica del Gran Poder- nació en San Fernando, paisano por tanto de Anne Hidalgo, la nueva alcaldesa de París, que en este contexto bien que vale una misa.

La consagración episcopal del Beato González García tuvo lugar en 1916 en la catedral de Sevilla. La fuerza de su carisma la adquirió en una iglesia de Palomares del Río. Nunca fue obispo en su ciudad natal. Fue arcipreste de Huelva, obispo de Málaga y Palencia, ciudad en la que está enterrado. Un camino a la inversa de Ramón Carande Thovar, palentino que fue rector de la Universidad de Sevilla antes de la República, premio Príncipe de Asturias y testigo muchos años de su larga vida (1887-1986) de las cofradías que veía desde su casa de la calle Álvarez Quintero, con Beethoven en el zaguán.

Palencia envió a la diócesis de Sevilla ilustres representantes como Publio Escudero, que recientemente celebró sus bodas de oro, o Herminio González Barrionuevo, que ha dirigido la coral de los Seises y ha dejado pruebas de su magisterio musical en Sevilla y en Nueva York.

Los ejercicios espirituales han tenido lugar en uno de los pocos locales de la calle Mateos Gago que no se dedica a la hostelería. A un lado, la pizzería italiana L'Oca Giuliva; al otro, donde arranca la calle Abades, el restaurante La Moderna. Sale de la casa la joven superiora, la hermana María Elena, asturiana de Gijón. "Los ejercicios espirituales son una de las muchas actividades que nos piden para darle cabida en esta casa a la oración", dice la religiosa toledana.

Camilo Olivares ha dirigido este máster de la comprensión espiritual del misterio. La palabra lo dice todo y se extrapola en las calles en riqueza artística que se puede describir y ponderar, nunca desentrañar. Los ejercicios espirituales no son lecciones de Física Cuántica ni de Semítica. La fe, que alcanza el cénit con los pasos en la calle, navega entre dudas y certezas, entre dogmas y titubeos. Una madre pasa con un capirote por Mateos Gago, los taxistas esperan en la parada la llegada de clientes. Una pareja de novios se fotografía a los pies de la Giralda junto a un coche de caballos. No les ha puesto deberes Camilo Olivares a los destinatarios de sus ejercicios espirituales.

La religiosa regala al periodista la revista Granito de Arena, que el Beato González García fundó en 1907. Han elegido para su página literaria a la misma escritora que ocupa la portada de la revista literaria Mercurio, la mexicana Elena Poniatowska, último premio Cervantes. La publicación de Acción Eucarística recomienda su novela La noche de Tlatelolco ambientada en los sucesos de la Plaza de las Tres Culturas. Por la calle, asombradas ante la Giralda, pasean dos estudiantes mexicana de San Luis de Potosí.

Turismo religioso. Quizás por eso Dios está de vacaciones.

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