La Campana

Miércoles del Puente a la Alameda

  • Hay un tránsito devocional que nos lleva en este día del Puente (de San Bernardo) a la Alameda (de Hércules) · El arzobispo Asenjo agradeció el traslado de la Virgen de Regla.

Como si fuera una Flor de la Canela para las Vírgenes de Sevilla, el Miércoles Santo fue un día de instantes irrepetibles, que se pudieron vivir entre el viejo puente de San Bernardo, el río que fluye junto a la Virgen de la Caridad del Baratillo y la Alameda que acoge a la Lanzada de Cristo con los brazos abiertos.

Comenzaba el Miércoles Santo con riesgo moderado, después de un Martes Santo funesto. En Nervión, el Cristo de la Sed salía, marcando un nuevo rumbo positivo. Es una cofradía que ha tenido un gran crecimiento y va ya por los 1.600 nazarenos. Una cofradía casi paritaria, pues las nazarenas representan en torno a la mitad. El cortejo de la Sed se desplegó por Eduardo Dato para revivir la escena costumbrista que admira a muchos: el paso de la Virgen de Consolación, que este año llevaba rosas y orquídeas en el exorno, reviró hacia Jiménez Aranda, acompañado por la banda de la Oliva de Salteras. A penas un cuarto de hora después, a pocos metros de allí, el Cristo de la Salud, de San Bernardo, empezaba a subir el puente.

San Bernardo es una vivencia que se repite. Si la cofradía de Nervión crece, no digamos ésta del que fuera arrabal. ¿Arraqué? El presente de San Bernardo no es como su pasado. Quedan casas del antiguo barrio, pero la expansión de la cofradía se ha consolidado gracias al boom del ladrillo, gracias a la proliferación de edificios residenciales en su entorno. Sin embargo, es cierto que hoy han vuelto los de toda la vida. Eso hace que haya personas de todas las clases, de todas las edades, hombres y mujeres, mayores y pequeños, en torno al Cristo de la Salud y la Virgen del Refugio. En San Bernardo no hay sorpresas. Sabemos lo que vamos a ver. Y eso es lo que queremos ver.

Vemos una calle ancha de San Bernardo que sintetiza todo lo que fue y es el barrio, con sus gentes de antes y de ahora, su ambiente de fiesta, sus bares llenos y los globos alzados al cielo. Vemos al Cristo de la Salud con su monte de claveles rojos salteado de lirios morados. A la Virgen del Refugio con su paso de orfebrería dorada, en el que los bordados adquieren una gracia especial. Oímos marchas y saetas por las calles del barrio. Y olemos el incienso de San Bernardo, cuyo humo se mezcla con el olor del pescaíto frito en los bares. Después el Cristo de la Salud se nos pierde de vista. Va puente arriba, va puente abajo.

Del puente te puedes ir a la Alameda para ver a la primera del día que pasa por allí. La cofradía del Carmen Doloroso está en la fase más difícil, la que va a reconvertirla de cofradía de vísperas en cofradía de Miércoles Santo. Para eso, apechuga con el esfuerzo al unísono de que debe terminar el paso de misterio mientras va haciendo el paso de palio. Será un esfuerzo de años. Pero otras lo hicieron y ellos están en el empeño. Cada año se les nota ese afán de mejora, que empieza por poner dos pasos en la calle. Este año estrenaban muchas cosas, desde la cruz de guía a la gloria del palio.

Más tarde va a pasar por la Alameda la cofradía de la Lanzada, que es la decana de este día, aunque no sea la última en la carrera oficial. En San Martín hay emociones esta tarde, en la que el sol se asoma con más fuerza para ver salir el canasto neogótico, para realzar su dorado. El capataz Ismael Vargas lleva la salida con una soltura que la facilita. La Banda de las Tres Caídas de Triana empieza a tocar Sangre y agua, mientras el paso se va, poco a poco, hacia la calle Saavedras, en busca de la Alameda,. En el cortejo de Virgen está la bandera imperial que estrenan este año, una insignia vistosa. En su paso de palio neogótico, adornado con ramilletes cónicos de rosas achampanadas, la Virgen del Buen Fin sale después de haber cumplido el año pasado 200 años. Esta Dolorosa de Juan de Astorga, que en otros tiempos saliera junto al Cristo, conserva toda su lozanía. La acompaña la banda de palio de las Cigarreras, que arranca con la marcha A mi Madre Buen Fin, que se estrenó en 2010, antes de la clásica Estrella Sublime.

Del puente a la Alameda hemos ido, y luego toca pasar por el río. Por las calles del Arenal va el Baratillo, que es una cofradía con dos imágenes de la Virgen a cual más bella y sorprendente. El grupo de la Piedad va en triunfo por su barrio, hasta que sale a Reyes Católicos, donde enfila esa recta que tiene calor y color de Triana, esa calle mayor que lleva desde el río hasta la esquina de Tetuán, que es casi como decir la Campana. El Arenal tiene el privilegio de sus dos Vírgenes baratilleras y bien que se nota en sus calles.

En San Pedro, poco antes de las ocho de la tarde, está saliendo a la calle el Cristo de Burgos. Es mucho más bonita la entrada que la salida, porque es cofradía a la que le van bien las oscuridades nocturnas, el negro sobre negro de los nazarenos y sus cirios. Para entrar hay que salir. Se va el Cristo de Burgos hacia abajo, en busca del ocaso que está en la Campana, previo paso por las setas, que están en la Encarnación. De todos los pasos que han transitado hasta ahora por allí, este ha sido uno de los más duros de ver. Madre de Dios de la Palma, con la música de Tejera, disimula mejor. Queda el consuelo de que después será noche por Francos y la Alcaicería.

Otro escenario del Miércoles Santo es San Vicente. Lo abrió el Buen Fin a eso de las cinco, cuando el cortrejo de nazarenos franciscanos salía junto a su Cristo, cuando la Virgen de la Palma pasaba por San Lorenzo junto a la parroquia y el Gran Poder. Y, después, Las Siete Palabras también llena de vida San Vicente en esta tarde/noche de Miércoles Santo, para contemplar a sus tres pasos, que salen hacia la plaza del Museo, en busca de la carrera oficial. Ya se vislumbra la noche.

En la capilla de San Andrés había estado por la mañana el arzobispo Asenjo, acompañado del delegado diocesana de hermandades, Manuel Soria, hermano de esta cofradía. El arzobispo tuvo una intervención breve, en la que recordó la participación de la Virgen de Regla en el vía crucis de la Jornada Mundial de la Juventud, el próximo mes de agosto en Madrid, y agradeció su colaboración a la cofradía. Por la noche, después de salir a la calle Orfila el paso del Prendimiento, esa misma Virgen de Regla debía poner el colofón del Miércoles Santo. Para Ella fue la última flor de la canela en rama de este día.

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