El Polígono aprueba

  • La Virgen del Rosario lució el manto de la coronación de la Macarena, que estaba asegurado en un millón de euros · El frío marcó el final de la jornada

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Decía la actriz María Galiana que en la Semana Santa actual hay un exceso de protagonismo de los soldados romanos en los pasos de misterio. Como si una buena cuadrilla con todo su golpe de coreografía ensayada una y otra vez, un buen capataz y un pasaje evangélico bien escogido con profusión de romanos no valiera nada si no tuviera el efecto del plumerío. No le falta razón a la carretera, buena observadora de la Semana Santa, en su testimonio sobre los excesos o tendencias actuales. Ocurre que el plumerío del misterio del Polígono de San Pablo convenció ayer a la gran mayoría. La Galiana, que sabe un rato largo de la materia, también criticaba la pérdida del sentido de muchas escenas de misterio en los que la figura de los cristos resultan demasiado alejadas de las restantes, no se sabe si para destacar a la que indiscutiblemente debe ser la imagen principal, o si para resaltar ese plumerío que es marca de la casa de la Semana Santa de estos tiempos. Sí, el Polígono convenció por muchos motivos que merecerán un análisis, pero el Señor Cautivo y Rescatado resultó excesivamente adelantado, como le sucede al Señor de las Penas de la Estrella. Y conste que el paso de misterio anda bien y tiene unas figuras secundarias de reconocido mérito, bien vestidas, sobre todo el Herodes, y con sólo un pero, como es la postura algo forzada del amanerado soldado que sostiene el Senatus.

La cofradía estuvo bien arropada en su primera incursión en el centro. El paso de palio tenía bien escogido el exorno de flores, pero quizás pareció recargado en las esquinas y en la trasera, recordando cierto estilo floral de los años ochenta en Triana. A este paso de palio le sienta bien el sol, lo cual no es ninguna frase bonita, porque la luz descubre tanto los defectos como los aciertos. Y el sol de Cerrajería y los sones de Virgen de las Aguas dejaron ver un paso armonioso al que no se le echan en falta los bordados del palio. El manto de la coronación de la Macarena lució imponente. A algunos les chocó el contraste de colores del palio oscuro, el manto verde, la saya blanca, las flores de diversas tonalidades, etcétera. Pero la ocasión y la oportunidad lo salvan todo. La hermandad, precavida, contrató un seguro por un millón de euros para cubrir cualquier desperfecto en esta joya del bordado. Y anoten un detalle de buen gusto: el paso de la Virgen del Rosario entró en la plaza de San Francisco a los sones de Procesión de Semana Santa en Sevilla. No es muy habitual.

ostentación

Esta Semana Santa de punta de calor por las tardes tiene el tremendo efecto de los descamisados en los balcones. El caballo es a la Feria lo que el balcón a la Semana Santa. Pero con la particularidad de que los tíos del balcón, como los de la calle Santiago al paso de la Redención, aparecen descamisados, víctimas del fenómeno de las chaquetas voladoras. Saetas desde balcones más apropiados hubo para el Señor de la Redención y para la Virgen del Rocío en las arriás del Corral del Conde. El paso de palio presentaba una novedad sustancial: una media luna al estilo de la de la advocación almonteña de gloria. Y lilas blancas en el paso de un gusto más que notable.

¿jóvenes cansados?

El ambiente que recibe a San Gonzalo en la calle Reyes Católicos es absolutamente familiar. Igual que hay calles para patas negras, existen zonas oficiosamente idóneas para los carritos y las largas esperas, como son ésta o la calle Imagen. Calles anchas, con olor a gofres y dominadas por los cochecitos, calles donde los pasos se pierden en la inmensidad del paisaje, donde los globos tienen sus pistas de aterrizaje hacia las alturas. A las seis y media de la tarde pisó Caifás esa Sevilla que no es Triana. En San Pablo le esperaban pandillas de jóvenes sentados en el suelo, casi tumbados. ¿Por qué están tan cansados? ¿Será verdad que la juventud de hoy no sabe andar por las calles en Semana Santa, como denunciaba José Luis Sáez, hermano de Pasión que manda en el baloncesto español? A muchos se les ve sin orientación, estando por estar, sin una ruta concreta. Eso de buscar los pasos para aliviar la espera les suena a chino, las normas elementales de saber avanzar por el cortejo de una cofradía sin invadir el espacio entre los nazarenos debe ser algo así como un catálogo de rancios comportamientos, y no digamos ya de los cangrejeros, donde es justo admitir que no hay precisamente gamberros, sino cofrades de muy conocidos apellidos, de los que publican doctrina en las páginas de los boletines, como se pudo ver delante del paso de palio de la Amargura por la calle Santa Ángela de la Cruz. Allí estaban a codazos limpios entre la presidencia, los policías y el cuerpo de acólitos. Ver para creer.

No nos terminamos de acostumbrar a eso de ver a los nazarenos de tres en tres por la carrera oficial. Primero, porque las cofradías parecen una manifestación. Y segundo, porque el celo de las hermandades les hace adoptar esa disposición en sus filas mucho antes de entrar en la Campana. A los de San Gonzalo se les pudo ver por tríos desde Tetuán soportando las corrientes de olor a adobo.

Las Penas de San Vicente batió su propio récord en el número de monaguillos. La hermandad repartió 80 papeletas. Da igual que sólo aguanten la primera calle. Qué más da. No sólo hay que destacar de ellos el manido contraste entre la sobriedad y el silencio que caracteriza a los cortejos de ruán con la algarabía infantil, sino el valor testimonial. Lo importante es que estén y que sean la cantera, como defiende el hermano mayor de la cofradía de las Penas, Santiago Herrero. Por eso no se entiende aquella manía de hermanos mayores del pasado en otras cofradías por recortar los cuerpos de monaguillos. Por fortuna ya no cunde ese pensamiento absolutamente equivocado.

Santa Marta impresionó nuevamente. Siempre lo hace. Los que eligen la acera buena de la calle disfrutan al máximo de la expresividad de este paso de misterio que flota literalmente sobre una perfecta nube de lirios morados. Viendo este prodigio de exorno no cabe más que acordarse de la paciencia del prioste colocando la tarde anterior los lirios uno a uno. Detrás de las impresiones que generan ciertos pasos en el público siempre están esas manos que hacen posible la Semana Santa. La Virgen de Guadalupe pasó por el Santo Ángel a los sones de Virgen del Valle y entró en Tetuán con Pasan los Campanilleros a la hora en que la del Tiro de Línea regresaba por una Lonja de la Universidad prácticamente despoblada. Es de esperar que el nuevo equipo dirigente de la Hispalense aclare cuál es su opinión sobre el paso de cofradías por la antigua Fábrica de Tabacos. No son tantas como para que en los últimos años haya habido demasiado malentendidos.

Y el frío llegó

La noche del Domingo de Ramos no fue tan fría como se anunciaba. La temperatura bajó, pero tardó en hacerlo. Las cofradías regresaron arropadas. Pero ayer lunes comenzó a soplar la brisa gélida desde las ocho de la tarde, lo que tiene un efecto repentino de guadaña que pela las calles de público. Las más afectadas son siempre las últimas, sobre todo la del Museo. La contemplación del paso de palio era especialmente una delicia este año al estar exornado con calas de pequeño tamaño. Una auténtica preciosidad.

El lunes, este histórico lunes, deja el recuerdo del plumerío del Polígono haciendo suya la jornada. La Semana Santa parece no tener huecos por los que seguir creciendo en número de cofradías. Será ya muy difícil por motivos varios. No sólo por razones estrictamente logísticas, sino estéticas. Lo que se avecina en el horizonte no es precisamente como para que repiquen las campanas. La Semana Santa está ya como la rosa. No tocadla más.

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