El Buen Fin

San Vicente el de la borrasca

  • El fenómeno meteorológico instalado en el cabo de San Vicente descarga en la calle homónima

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Treinta minutos antes de la hora prevista para la salida del Buen Fin hay muchos indicios de que la cofradía no va a salir. En el interior del convento de San Antonio de Padua no se ha desmontado el altar de insignias y la cruz de guía sigue en su sitio. Los músicos de la banda de las Nieves de Olivares, que acompaña al palio, entran en la iglesia y alguien les comunica extraoficialmente que no van a salir. Los tramos no están formados dentro del templo. Fuera apenas hay público. Sólo esperan los padres de los nazarenos más pequeños que no han podido entrar en el templo. Ni siquiera una fila de personas.

Por si fuera poco, a las cinco menos cuarto empieza a llover con fuerza y los goterones resuenan en el suelo del atrio del convento. Llega el cardenal Amigo Vallejo acompañado del general de la orden franciscana, José Carballido. El hermano mayor del Buen Fin, Carlos Bourrellier, les comunica que la hermandad no saldrá y se dirige al atril para anunciarlo oficialmente a los hermanos.

"Hay una borrasca en el cabo de San Vicente. Los chubascos entran en semicírculo por Huelva y salen por Portugal, se cargan otra vez de agua y luego vuelven a descargar", dice. Es la tarde de San Vicente. La borrasca parte del cabo que lleva su nombre y descarga en la calle homónima del casco histórico de Sevilla, de la que sale la hermandad del Buen Fin.

El hermano mayor pide a todos que participen en un vía crucis que se celebrará en el interior del templo y deja el atril al general de la orden, primer español en dirigirla desde San Francisco de Asís. "Esta lluvia hay que tomarla como una bendición que Dios regala a la Tierra". Le sigue el cardenal Amigo, que recuerda momentos de la historia reciente de la cofradía, como la coronación canónica de la Virgen de la Palma y el vía crucis del Cristo del Buen Fin el primer lunes de la cuaresma de 2008. Con eso se quedan los miembros de esta cofradía.

El anuncio de la no salida apenas sí provoca llantos. Lloran los más pequeños, las nazarenas jóvenes y algún que otro costalero, pero la mayoría lo tenía bastante asumido desde por la mañana. Un niño reparte todos sus caramelos y estampas en la iglesia. Otro dice que el año que viene será. No se pueden quejar. Sólo dos veces no salió la cofradía desde 1971.

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