Sobriedad de Viernes

  • Una leve llovizna tras finalizar el rezo hizo que el cortejo demorara unos minutos el regreso al Arenal · Poco público en las calles y mucho en la Catedral

La lluvia que amenazaba el vía crucis de la cofradías, sólo hizo acto de presencia cuando el arzobispo Asenjo terminaba su reflexión tras el rezo penitencial. Una leve llovizna provocó que el cortejo esperara unos minutos, antes de abandonar la Catedral a las 22:10. La Hermandad apresuró su regreso al Arenal, llegando a su capilla minutos antes de las 23:00.

A pesar de las previsiones, que auguraban una probabilidad de lluvia del 100%, el traslado de ida del Cristo de la Salud de la Carretería a la Catedral se desarrolló con total normalidad, aunque la hermandad había previsto un plan b para acortar el itinerario inicialmente previsto si la lluvia hacía acto de presencia.

Aunque a las 17:20 cayeron algunas gotas en la calle Real de la Carretería, las puertas de la capilla abrieron sus puertas, como estaba previsto, a las 17:45. El amplio cortejo, más de 200 hermanos con cirios, buscó rápidamente la calle Techada con la misma celeridad de cada Viernes Santo. El poco público que a esa hora se congregaba en las calles del Arenal era muy diferente al que se cita cada Viernes Santo buscando uno de los momentos de la Semana Santa que aún no se han masificado. Muchos zapatos y ropa deportiva frente a los trajes oscuros y corbatas negras de la Semana Santa.

Desde esa hora de la tarde, quedó claro que el de la Carretería no iba a ser un vía crucis de grandes masas, y sí un traslado para disfrutar de los pequeños detalles que ofrecía el cortejo. En sólo cinco minutos, el crucificado de la Salud estaba enmarcado en la puerta. Una coral ponía ambiente a un momento, que a punto estuvo de romperse por una inoportuna bronca en busca del mejor sitio.

La sobriedad de la hermandad destacaba en un cortejo que iba perfectamente dispuesto y sin concesiones a la galería. Trajes oscuros, algunos abrigos, miradas al frente, presidencia con cirios y acólitos perfectamente acompasados. Elegancia de Viernes Santo. Detrás del Cristo se disponía el acompañamiento litúrgico, compuesto por preste y seis acólitos con cirio. En una palabra: clasicismo.

El sol recibió a los hermanos de la Carretería en la calle Antonia Díaz, en busca de la capilla de la Piedad. Itinerario no acostumbrado el que tomó la hermandad, que giró hacia Gracia Fernández Palacios, donde un espontáneo daba la lata a un acólito, quien, metido en su papel, asentía con la cabeza educadamente ante las proclamas del personaje: "Qué nos gusta en Sevilla un paso o un vía crucis".

Con la máxima puntualidad, el Cristo se giraba a la capilla del Baratillo. En la puerta esperaba la junta de gobierno con estandarte y varas. El viento hacía inútiles los intentos por encender los cirios de los tramos. Algo más de público en este primer punto destacado del recorrido. Mientras se rezaba, daba tiempo a pensar cuántas sillas cabrían en la calle Adriano en un una hipotética carrera oficial. La mente del cofrade da para mucho, y más en cuaresma. Una alternativa más. Que tomen nota los señores del Consejo.

Tras los rezos de rigor, el cortejo tomaba velocidad y se desperezaba en busca de la Plaza de Molviedro. Los foteros buscaban la mejor imagen de portada subidos en los contenedores que hay delante de la bodega San José, especialidad en gambas.

Una nueva ventolera en Arfe hacía inútiles los intentos de los diputados de encender los cirios. La cera todavía tendrá que esperar para cubrir la calle Castelar. Mejor aire que lluvia. Las dimensiones del cortejo se ponían de manifiesto en este tramo del recorrido. La cruz de guía asomaba por el antiguo Compás de la Laguna, mientras que el Cristo de la Salud estaba bajando de Arfe a Castelar.

Las primeras apreturas se produjeron en Molviedro. Hasta ese momento había sido fácil moverse. La junta de gobierno de Jesús Despojado esperaba bajo el dintel de la capilla. El presidente del Consejo, vara en mano, se colocaba junto al hermano mayor. En la capilla, el Señor permanecía en besapiés de manera extraordinaria con motivo del vía crucis.

Con unos diez minutos de adelanto transcurrió el traslado por este lugar. La hermandad había decidido acelerar la velocidad. Las apreturas crecían y los reproches al periodista por importunar la visión se hacían latentes. La luz de la tarde se había tornado suave y tenue.

A los sones de Christus factus est, el crucificado entraba en la calle Carlos Cañal, donde cursó una nueva visita. En este caso a la Hermandad de la Soledad de San Buenaventura. La llegada a la Catedral se produjo también con adelanto, a las 20:10. Mucho público acompañó el rezo del vía crucis en el interior del templo.

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