La Soledad de San Lorenzo

El aguacero aguardaba en la Campana

  • Un chaparrón sorprendió a la cofradía mientras transitaba por el Duque y la Soledad se refugió en la Anunciación

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Pintaba mal la tarde en San Lorenzo y la demora de media hora sobre el horario de salida previsto de poco serviría. Con el cielo algo más que nublado los vencejos de otras veces preferían no hacerse notar. Hubo grandes apreturas entre un público que se lo veía venir en la plaza y en todo el recorrido de camino a la carrera oficial. Incluso tensión. La gente identifica mala educación con el hecho de abrise paso entre la bulla y molestar al que aguarda sobre una sillita.

En Conde de Barajas y Jesús del Gran Poder había quien se conformaba con ver a la Dolorosa desde veinte metros de distancia. Fue llegar al Duque y la lluvia comienza a hacer acto de presencia de verdad en la tarde. El paso de la Soledad no duda y se encamina a la Campana.

El chaparrón arrecia por instantes y la Virgen es cubierta por un plástico. Los aplausos al sufrido cortejo retumban. Mar de paraguas y la hermandad decide que la iglesia de la Anunciación es el único refugio. La organización abre paso y el paso de la Virgen aguarda en compañía de la Soledad de los Servitas, también refugiada. Cuando los cielos quisieron, a las diez de la noche, la Virgen regresó a casa con paso sostenido y más triste que nunca.

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