Un canto a la vida y a la madre

  • Diego J. Geniz y Antonio Casado realizan una innovadora exaltación en San Benito.

Un acto único e irrepetible. Los afortunados que estuvieron este viernes por la noche en la Parroquia de San Benito pudieron disfrutar de la primera exaltación cofradiera hecha en Sevilla en la que se conjugaron la palabra y la imagen. Pero no de manera superflua, sino de forma totalmente integrada. Un texto realizado para esas imágenes. Y unas imágenes pensadas, y en gran parte tomadas, para esas palabras. De ahí la importancia del guión. Diego J. Geniz, redactor de Diario de Sevilla, como exaltador y autor de los textos; y Antonio Casado, productor de Tele Sevilla, como guionista y director, cosecharon un éxito rotundo con una exaltación fuera de lo común que fue un canto a la vida y a la figura de la madre, siempre la madre de la Encarnación.

Muchas horas de trabajo, preparación y ensayos ha tenido esta exaltación. La expectación en la hermandad era grande. También en la Sevilla cofradiera, sabedores todos del buen hacer de los responsables de la tarea. Por eso, la parroquia registró un lleno absoluto. Incluso hubo personas que se quedaron fuera. Nadie quería perderse el único pase de una exaltación única. Tan alejada de los ripios imperantes. Sólo allí, en el templo a oscuras, con la Virgen entronizada en el altar mayor como única luz, todo cobraba su verdadera dimensión.

Las imágenes iban apareciendo, unas veces las mismas, la mayoría, diferentes, través de dos pantallas situadas a ambos lados del presbiterio y una tercera proyección en la bóveda del techo. Los textos leídos en directo, de gran profundidad y carga emocional, y con referencias de Cernuda, Machado, Montesinos, Bécquer o Miguel Hernández y la mejor literatura cofradiera, fueron un canto a la vida. Un guión que reflejaba la vida de la persona y del hermano de San Benito desde el nacimiento hasta su muerte. Una vida por etapas. Una llama encendida que se apaga para luego volver a renacer.

El hilo argumental fue el río, como fuente de vida. Desde el nacimiento de la hermandad en una de sus orillas: "El manantial se recreó ensimismado en un margen. Allá, donde el barro se hace espejo para mirar la Pureza de la corriente. Agua cristalina de la que brotó esta madre. El Siglo de Oro retorció el dolor de su belleza. Calafates le dieron la gracia de su nombre. La cava fraguó la devoción. Triana... la dejó para siempre incardinada al aire de la ciudad".

El agua, fuente de vida, siempre presente. También cuando retorció la vida de la hermandad y de la ciudad por las riadas del Tamarguillo. A través de los distintos capítulos se desarrolló la vida del hombre. La infancia, la juventud, la madurez, la senectud y el eterno retorno. Siempre con el sentido evocador de la vuelta a la infancia. Recuerdos cernudianos. "Sólo cuando la madurez nos alcanza comprendemos que una madre es el tiempo que nunca muere".

Todo salpicado con muchas imágenes antiguas. De las riadas. Del pequeño monaguillo. Del nazareno. Del acólito. De los ancianos que reciben a su madre en las Hermanitas. Del barrio de casas bajas. Del puente. "Hoy de aquel barrio apenas queda el pueril recuerdo de un tiempo que se fue abreviando como siglas en la memoria. El campanario se convierte en faro para atraer a los hijos que desperdigó el oleaje de la diáspora. Lo que antes eran casas en las que se amasaban penas y alegrías familiares se han trasmutado en oficinas donde la vida se firma sobre el blanco y frío papel de un contrato".

En este canto a la Encarnación y a la vida no faltaron las otras devociones de los autores: el Cristo de la Conversión y Jesús Nazareno de la Algaba. Tampoco el Cristo de las Mieles. Metáfora de la resurrección. Tampoco los guiños distendidos al presente durante el regreso de la cofradía, como "el olor a embutidos germánicos" y el "ruido metálico donde se condensa el líquido y rubio elemento que tanto agrada al gaznate. Nuevas formas para antiguos tiempos".

Todo se ha consumado. "Los ojos se irán cerrando con los sones de la última promesa. En el sueño una nueva Encarnación que nos devuelva a los viejos sitios en los que una vez amamos la vida". Es la hora del eterno retorno. La vida se encarna de nuevo. Fluye el río. Otra vuelta a la madre.

Geniz y Casado consiguieron herir a la gente a través de la vista y el oído. Las imágenes de las procesiones de los años 70, las salidas más recientes, los espectaculares planos de las imágenes grabados para la ocasión en una larga madrugada con una cabeza caliente, la iluminación, el sonido... Los autores se mostraron muy agradecidos con la empresa Unamultivisión, por la producción; con La Guadaña, por la cesión de la cabeza caliente; con Jorge Borreguero, por la iluminación, y con todas las personas y hermanos que han colaborado de manera desinteresada para que la exaltación fuera un rotundo éxito.

Geniz y Casado lo bordaron anoche en San Benito con una corriente de palabras e imágenes. El canto a la vida y a la madre: la Virgen de la Encarnación.

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