José Rodríguez de la Borbolla, ex presidente de la Junta

"La ciudad nos llama desde todos sus rincones en Semana Santa"

  • Penitente del Calvario a los pocos días de ser detenido por manifestación ilegal, apasionado de las salidas de la Hiniesta y motorista en busca de hermandades

Un socialista amante de la Semana Santa. "En mi primera entrevista tras salir elegido senador en 1979 me hicieron un perfil y me definieron como socialista y hermano del Calvario. Jamás he ocultado mi condición de hermano del Calvario". Pertenece al tramo de quienes callejean en moto buscando a las cofradías de centro y a las de barrio. Es hermano de la Paz, la Hiniesta, el Calvario y la Esperanza de Triana. Su primer Domingo de Ramos como presidente de la Junta de Andalucía, allá por 1984, lo pasó en Málaga por imperativo del cargo. "Al regreso aproveché para conocer la Semana Santa de Puente Genil".

José Rodríguez de la Borbolla (Sevilla, 1947) ha sido maniguetero en dos ocasiones en su hermandad de la Magdalena: "La primera vez, siendo presidente, me cedió el sitio quien tenía asignada la manigueta. En la otra ocasión, el maniguetero se puso malo y me cogieron allí mismo porque era de los más antiguos". Y desde los 13 años nazareno de esta cofradía hasta 2007: "Hasta ahora me vestía en casa de mi cuñado, en la calle Bailén, y mi mujer me recogía después para irnos a ver la Macarena, que normalmente estaba por Feria, a la altura de Montesión. Luego hemos solido ir a ver a los Gitanos. Todos los días vemos alguna cofradía. Los Domingos de Ramos de los últimos años los vivo muy ligado a la Paz, sobre todo desde que he vuelto a vivir en el Porvenir, porque yo viví en el centro hasta los 14 años que fue cuando nos fuimos a Heliópolis. Nos quedamos en casa a ver la salida de la Paz con toda la familia y la esperamos en el parque de regreso hasta la entrada".

Borbolla tiene claras sus preferencias: "Cada día de la semana hay alguna cofradía preferida. Del lunes, San Gonzalo, el Rocío, cuya primera entrada en la Campana presencié en las sillas, y la entrada de las Penas. Y del martes no me pierdo San Esteban, ya sea a la salida o la vuelta. La del Cerro fue un descubrimiento para mí. Como en Semana Santa nos movemos en moto, la aparcamos por la Puerta de Carmona, vemos San Esteban, y después buscamos a la del Cerro. La del Cerro es de barrio, barrio, barrio y está planteada con un canon y unas proporciones rigurosas y selectas. Ya el viernes procuro no perderme el regreso de la O y el del Cachorro".

Una dilatada trayectoria política incluye anécdotas relacionadas con la Semana Santa: "Me detuvieron en 1968 por manifestación ilegal. A los pocos días salí de penitente en el Calvario, detrás de la Virgen. Entre el público estaba uno de los que me detuvieron". La Semana Santa es para estar en Sevilla: "No participo ni en el viaje cultural que cada año organiza la Asociación de Amigos de Itálica que presido porque se convoca siempre en Semana Santa".

Huye de quienes critican el excesivo peso de las hermandades en la ciudad: "Sevilla no está condicionada por las cofradías. La ciudad vive su vida ordinaria. Y las cofradías viven su vida en la ciudad. La ciudad, ordinariamente, en su vida, no está condicionada por las cofradías. Hay sólo una época del año en que gira en torno a la Semana Santa y a sus cofradías. Ahora quizás haya un poquito de exageración en algunos casos al sacar los pasos porque sí, buscando excusas, pero también es lógico en la gente que vive su vida social y cofradiera tan intensamente". No ve nada anormal que las hermandades financien algunas de sus obras sociales con dinero público: "Es perfectamente legítimo, como hacen las ONG. Normalmente las cofradías utilizan las subvenciones para obras y actividades concretas que son solidarias y que generan beneficios en la sociedad. No las utilizan para enriquecer los pasos".

Jamás olvida cuando su padre lo llevaba andando desde la calle Julio César, donde vivían, hasta San Julián para ver salir la Hiniesta. "Allí oí mi primera saeta". El primer día que acudió ya solo a San Julián desarrolló su teoría favorita sobre la Semana Santa: "Sevilla es la única ciudad del mundo que conozco que en primavera convoca a sus hijos desde todas sus esquinas para que la reconozcan y la recorran. El resto de las ciudades hacen convocatorias en puntos concretos, grandes fiestas que convocan a la gente en un punto. Sevilla convoca desde todas sus esquinas a encontrarte con ella". La peregrinación a San Julián un Domingo de Ramos la ha repetido posteriormente cuando su hija tenía nueve años. Tampoco olvida las tardes en la Campana, donde se empapaba de la historia de las hermandades leyendo el programa de mano. Ni los pescaítos de los viernes en San Lorenzo a los que, siendo hermano mayor del Gran Poder Miguel Lasso de la Vega, acudía por mediación de su amigo José María Lacave: "Aquellos pescaítos me dejaron muchísimas impresiones, desde los olores hasta la gente. Un mundo que no conocía y al que a mí se me había permitido entrar. Me parecía algo realmente mágico".

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