En el corazón de lo más inenarrable

ESTO va alcanzando de manera inexorable su culmen y la gran ópera urbana que Sevilla monta en estos días tan señalados desde el sentimiento y la fe entra, sin posible vuelta atrás, en su acto principal. Es el día más largo de Sevilla este jueves que se une al viernes sin solución de continuidad y que tendrá nazarenos de dos días a la vez. Que ya habrá salido el Silencio cuando Montesión ande de fiesta por la Plaza de los Carros y estará el Sentencia por la Resolana cuando la ruz de la Madre y Maestra se asome a los naranjos de la calle que lleva su nombre, el del Silencio.

Sin ningún género de dudas, amanece el día más grande del calendario sevillano. Jueves Santo, casi nada el significado que encierra para la ciudadanía de esta Jerusalén efímera. El día más grande y también el más largo, el más extenso y, sobre todo, el más intenso de cuantos componen la gran celebración, que más de veinte horas estará Sevilla en la calle, desde que a las tres de esta tarde salga la de Los Negritos al amor de Recaredo hasta que por Valle, Pureza y San Gil se cierre en fiesta grande la vuelta de las tres de capa de la Madrugada.

Es día de oficios religiosos y de mantillas, de trajes oscuros y Miserere de Eslava, de peregrinaje por los templos donde moran las hermandades de hoy, colas interminables en Triana y en la Macarena, ante el Señor de los Gitanos y en San Lorenzo, en San Antonio Abad y en la Magdalena, en el Salvador y en la Anunciación, día en que Sevilla se echa a la calle desde muy pronto, como si estuviésemos en un día normal y no en el más largo.

Es también un día partido por la sincera contrición que inspira Jesús de la Pasión bajando por la rampa del Salvador y por cómo mueve a la atrición contemplar al Señor del Gran Poder con su paso racheado que más parece el paso de un hombre lleno de decisión y no camino de la muerte. Son tantas las sensaciones en este día que comienza tan pronto, los caballos de la Exaltación bajando por Gerona o la hermosísima Virgen de la Victoria que viene de la otra orilla, desde una fábrica de tabacos que ya no existe.

Será una explosión de vida la Virgen del Rosario con el tintineo de rosarios en sus varales cuando discurre por la Europa camino de la Campana o cuando sube la costanilla del Bacalao y ya la noche empieza a saber a madrugada incomparable. Pero no adelantemos episodios de este acto cumbre de la Pasión según Sevilla, que no por mucho madrugar amanece más temprano y queda mucha tela por cortar. ¿Y el dramático bamboleo del Cristo muerto de la Quinta Angustia viniendo de o volviendo a la Magdalena?

Y cuando la Quinta Angustia discurra con su carga dramática sobre el impresionante canasto de caoba y bronce por Rioja estará comenzando su camino la excelsa Virgen del Valle, que bajará hartita de llorar desde la antigua Universidad para preceder a Pasión, obra cumbre de Martínez Montañés moviendo al arrepentimiento cuando, frágil y desvalido, enfila la rampa del Salvador camino de la Catedral.

El día más largo está a punto de empastelarse con el siguiente, la gran metamorfosis está a prontaa hacerse realidad, jueves y viernes en una pieza cuando suene Virgen del Valle una y otra vez en un memorable y señorial camino de vuelta, Pasión esté culminando la rampa y por la Plaza de los Carros hieran saetas al aire de la calle Feria fundidas en el tintineo de ciertos varales. Ahí, en ese momento, ya habrán vuelto a la Macarena los blancos plumeros de la Centuria romana, cinco nazarenos de ruán habrán pedido la venia en la basílica y una saeta que suena muy rancia saludará a la cruz de guía de la Madre y Maestra al azahar inconfundible de la madrugada más inconfundible.

Esto no ha hecho más que empezar, la Virgen de la Esperanza ya está en Ancha la Feria entre un océano de gozo y de lágrimas y por Pureza se agolpa una multiplicación de sentimientos encontrados con el denominador común del amor desmedido a la Esperanza marinera. Y seguirá imparable el Señor del Sevilla con su paso largo, inconfundible, humano y poderoso, monumental por la plaza de Molviedro, como impresionante en su muerte por el mismo sitio intimista y recoleto va muerto el Cristo del Calvario.

Sigue la excelsa Madrugada de Sevilla al ritmo que marcan las horas y al Señor de la Salud le acompaña una amplia representación de la gente del bronce que se ha alborozado con su imagen en la fiesta por Dueñas y Sor Ángela. Parece que no tiene fin un día que empezó ya ni se recuerda cuándo, el Silencio entra matemáticamente puntual, el Gran Poder se abre camino rumbo a San Lorenzo cuando los vencejos ya revolotean sobre la vertical de sus naranjos y sus plátanos falsos. Por el Arenal reina la Esperanza trianera, siguen los del bronce a su bola y los macarenos a la suya. Por Parras mostrará la Esperanza cómo las ojeras remarcan su cansancio, el Arco ya se ve y por el Patrocinio se prepara otra explosión de vida. Decididamente, no hay solución de continuidad.

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