Un decreto que busca la mesura

  • El Arzobispado quiere acabar con el excesivo número de salidas extraordinarias de los últimos años. En el fondo de la norma se apela a la madurez de las cofradías.

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Una norma para acabar con la desmesura. El pasado jueves entró en vigor el decreto mediante el que el Arzobispado regulará las salidas extraordinarias de las cofradías. Su nacimiento surge para clarificar cuándo se debe y cuándo no se debe solicitar una procesión fuera del tiempo ordinario. Muchos cofrades han aplaudido un documento que realmente lo que hace es poner negro sobre blanco lo que ya se venía haciendo en los últimos años. De lo que se trata, como ha afirmado en más de una ocasión el delegado diocesano para las Hermandades, Marcelino Manzano, es de apelar a la madurez de los cofrades para que sepan discernir cuando algo es oportuno y cuando no lo es, y que el Arzobispado se tenga que ahorrar el "no procede" de rigor que tanto escuece a las juntas de gobierno y excita al universo cofradiero.

Pero, ¿realmente existe ese exceso de salidas extraordinarias? Si se analizan los números desde que comenzó el siglo XXI todo hace indicar que sí. Casi 40 salidas fuera de su fecha habitual han protagonizado las hermandades entre el año 2000 y el 2014. A ellas hay que sumar las alrededor de 100 del pasado siglo XX ¿Son muchas? ¿Son pocas? ¿Están justificadas? Probablemente no hay una respuesta más cierta que otra. Habrá quien aplauda las salidas porque la Iglesia está inmersa en una nueva evangelización y las cofradías son un gran instrumento para ello. Otros pensarán que los excesos acaban por desvirtuar la esencia, que lo extraordinario acaba por convertirse en ordinario. Sí se percibe cierto hartazgo entre la ciudadanía en general, también entre los cofrades, que observan como las hermandades han invadido el calendario anual perdiéndose para muchos la ortodoxia. También son muchas las imágenes que ahora salen en vía crucis durante la cuaresma y antes no lo hacían. Pero también ahora hay decenas de pregones y exaltaciones durante la cuaresma (muchos más que oradores potables) o de carteles para anunciar la fiesta.

Las nuevas normas para las salidas procesionales no aportan realmente ningún criterio nuevo. Las imágenes se trasladan, normalmente a la Catedral, para la coronación y luego vuelven a sus templos en procesión. Lo mismo ocurre en los aniversarios (25 años y los múltiplos de 25) de estas imposiciones. También se han sacado siempre las imágenes cuando la hermandad ha celebrado algún aniversario fundacional. Ejemplos hay muchos en los últimos años. Y también ha habido muchas procesiones a lo largo de la historia que se pueden justificar por "relevancia eclesial" o "gran interés pastoral". Por ejemplo, las organizadas en 1946 cuando la Virgen de los Reyes fue proclamada patrona principal de la ciudad, en la que participaron tanto Dolorosas como imágenes de gloria o, más recientemente, el traslado de la Virgen de la Esperanza al estadio de la Cartuja con motivo de la beatificación de Madre María de la Purísima.

El Arzobispado, mediante este decreto, persigue por tanto que sean las propias hermandades las que valoren si se dan las circunstancias que motiven la petición de una salida extraordinaria, y deja abierta la puerta, a través de la decisión del consejo episcopal, de autorizar las procesiones que estime oportunas aunque no se cumplan los criterios establecidos. El documento también introduce que, en adelante, cualquier procesión debe llevar aparejado un programa de acción caritativa y social. No se trata de sacar los pasos a la calle por que sí. "Jugar a los pasitos" que lo llaman muchos de manera despectiva. El Arzobispado quiere llenar de contenido cualquier procesión para que no quede como un acontecimiento vacío para mayor gloria del hermano mayor de turno. La formación y la caridad son dos de los pilares fundamentales en los que se tiene que sustentar cualquier petición. Esto es algo que también se ha hecho costumbre en los últimos años a la hora de conceder las coronaciones canónicas de las imágenes. La más reciente, anunciada para 2016, la de la Virgen de la Paz del Porvenir, que cuenta con el respaldo del Centro de Orientación Familiar de la Parroquia de San Sebastián; la de la Virgen de la Palma del Buen Fin, sustentada en el Centro de Estimulación Precoz; o la de la Virgen de la O, cuya hermandad puso en marcha el proyecto Esperanza y Vida.

Salidas extraordinarias ha habido siempre y por muchos motivos. Desde las procesiones por rogativas acontecidas en siglos pasados, a las acontecidas por el fin de la Guerra Civil, con motivo de Dogmas, por aniversarios de las tallas o incluso por la bendición de la misma, por celebrarse fiestas o velás en los barrios, por acción de gracias por motivos varios y, por supuesto, por coronaciones canónicas y aniversarios de las mismas, o por efemérides fundacionales. Incluso han salido por este motivo imágenes que no procesionan en Semana Santa. El arzobispo, monseñor Asenjo, ha justificado el decreto por la avalancha de peticiones "un tanto excesivas". El prelado y sus colaboradores buscan "disciplinar" las salidas extraordinarias. El fin parece más que justificado. Sólo el tiempo dirá si consiguen frenar esta moda que es de siglos.

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