Cuando el fervor recorre los barrios

  • De norte a sur y de este a oeste: diez pasos recorrieron ayer Sevilla Los primeros nazarenos en ponerse en la calle son los de la Hermandad de Padre Pío

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Se acabó la espera. Ayer, tras más de un año de  aguardo, los primeros nazarenos pisaron las calles de Sevilla. La primera cera se derramó sobre el asfalto. Se escucharon las primeras saetas, las primeras marchas tras largos meses de ensayo, el público vibró con los primeros izquierdos, se repartieron los primeros caramelos, las primeras estampas, las primeras medallitas. Los cofrades disfrutaron de una jornada espléndida. La hostelería empezó a frotarse las manos con una semana que, a priori, se presenta muy bien. Nada que ver con los años anteriores. El Viernes de Dolores fue redondo. En los barrios -Pino Montano. Padre Pío, Bellavista, Triana, Heliópolis- y en el centro.

El Cristo de La Misión vuelve a la Parroquia de San Antonio María Claret. (Ainhoa Ulla).

Hay muchas maneras de vivir la Semana Santa. Cada persona tiene la suya. Algo parecido ocurre con las hermandades que procesionan el Viernes de Dolores y el Sábado de Pasión. Hay quien procura verlas todas, hay quien ve alguna y hay quien prefiere esperar al Domingo de Ramos para ver los primeros nazarenos y las primeras cofradías. Todo es respetable. En Pino Montano, Heliópolis, o Bellavista habrá muchos hermanos de la Macarena, los Gitanos, el Gran Poder, o la Esperanza de Triana, por citar algunos ejemplos, pero el día que sale la cofradía del barrio todo es distinto. Se vive de otra manera.  Nadie cuestiona que estas hermandades son mucho más modestas que las que procesionan en la Semana Santa. Sus imágenes son -la mayoría- de autores menos conocidos. Son tallas contemporáneas, misterios nuevos. Los palios salen sin bordar. No hay plata, ni enseres de relumbrón... ¿Y qué? La fuerza de estas hermandades es su barrio. Sus hermanos que hacen lo imposible por darle a su Virgen y a su Cristo lo mejor que tienen, aunque no tengan nada. Los primeros nazarenos de Sevilla son los que recorren las modestas calles de Padre Pío. Los que salen en su cofradía con una tremenda ilusión. Su catedral no está en el centro, está en el Cerro del Águilla y allí llegan cada año orgullosos con sus dos pasos. 

Salida de Pino Montano. (Ainhoa Ulla).

La cofradía más populosa de la jornada es la de Jesús de Nazaret de Pino Montano. Un barrio entregado con un paso de misterio que levanta pasiones cuando lo borda con la música. Hay dos cofradías de las llamadas serias el Viernes de Dolores. Una en Triana: Pasión y Muerte. Otra sale desde la misma Catedral: la del Cristo de la Corona. Ponen el contrapunto a una jornada festiva. Seriedad en el centro y en uno de sus arrabales históricos frente a la alegría que se desborda en los barrios, como en Bellavista con su  Hermandad del Dulce Nombre, de la que debería aprender muchas otras. Los vecinos nunca podrán agradecerle a la hermandad lo que hace. Lo dijo Francisco Berjano en su Pregón: "Coronando a su Virgen a base e platos de comida para quienes carecen de ella. ¡Así se corona a una madre y así una madre quiere ser coronada!". En Heliópolis sale una cofradía que rezuma clasicismo. Son muchos los niños del Colegio Claret los que forman parte de ella. Se podría decir que es como la Borriquita del día. El recorrido por las calles jalonadas de naranjos es de lo más recomendable. No puede quedarse atrás la agrupación parroquial Bendición y Esperanza del Polígono Sur. Cuánto bien hace en este barrio. Qué mérito tiene una cofradía en la que todo ha salido de las manos de sus hermanos. El arzobispo lo sabe bien, por ello muy pronto podría haber nazarenos por el barrio. Un premio más que merecido.

Salida del Cristo de la Corona por la Puerta de Palos de la Catedral. (Ainhoa Ulla).

Pero hay otra manera de vivir el Viernes de Dolores. Desde primera hora el centro se acicala para el Domingo de Ramos. Son muchas las visitas que los colegios hacen a las iglesias para ver los pasos ya preparados para la salida procesiona. Hasta cuatro fueron por la mañana a ver a la Estrella. Lo mismo ocurrió en la Magdalena, donde las imágenes de la Quinta Angustia están expuestas en besapiés y besamanos. O en San Lorenzo, con la Virgen de la Soledad en la capilla Sacramental. O en San Vicente, con la Virgen de los Dolores, o en la Mortaja... Los pintores daban los últimos retoques en dos de las parroquias más señeras, la Magdalena y San Lorenzo.

Mientras en los palcos se rendía la visita protocolaria del Consejo y los responsables municipales. Este año  hay novedades: nuevos accesos para personas con movilidad reducida y una fantástica exposición fotográfica impulsaba por la Fundación Cajasol en los paneles que rodean la estructura. En el Ayuntamiento también se inauguró una muestra con los carteles pictóricos de la Semana Santa desde 1992, entre los que se pueden encontrar magníficas obras. Por la noche fue cuando vivimos otro de los momentos más esperados: la bajada de la Virgen del Valle.

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