José María del Nido, presidente del Sevilla FC

"La gente no sabe que el Cautivo y yo tenemos una sociedad"

  • Fue un jovencísimo nazareno de la Cena y de la Amargura que hoy vibra con el Cautivo del Tiro de Línea y con sus recuerdos como costalero fugaz en la Estrella

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Le gusta charlar de la Semana Santa más de lo que algunos se pueden imaginar. Siente auténtica pasión por cualquier imagen del Cautivo. Y debe a una tía suya haber sido nazareno del Domingo de Ramos hasta casi los 20 años. Aquel muchacho que nació en la calle Huelva, a la vera del templo del Salvador, que después se crió en la calle Jerónimo Hernández y que alternaba las salidas con la Amargura y la Cena, proclama hoy con orgullo su condición de hermano de la Estrella y de Santa Genoveva.

José María del Nido (Sevilla, 1957), que vive la Semana Santa desde hace varios años desde el balcón que el club tiene en la Campana, tiene clara cuál es la primera persona a la que debe referirse cuando conversa sobre el mundillo de las hermandades: "Hablar de la Semana Santa es hacerlo de mi tía Angelita. Era una gran cofrade que se preocupaba de todo el utillaje que me hacía falta para salir de nazareno. Yo era hermano de la Sagrada Cena y de la Amargura. Mi tía Angelita se encargaba de comprar los espartos, almidonar las túnicas, que era la expresión que le gustaba decir, cogernos los dobladillos, sacarnos las papeletas de sitio y, por supuesto, vestirnos el día de la salida. Era soltera y sin hijos. Bueno... Mis hermanos y yo éramos sus hijos. Cuando íbamos en la cofradía, ella iba con los bocadillos y el agua, como van hoy las novias".

Del Nido pertenece a la legión de cofrades veteranos que se formó en los asientos de la carrera oficial: "Mis padres tenían unas sillas en la Campana, delante del antiguo bar Pinto. Allí veíamos todas las cofradías. Ya con el paso de los años, teniendo yo 14 ó 15 años, nos íbamos a la playa después de la Madrugada. En las sillas me distraía como los demás niños, haciendo bolas de cera".

Enumera con rapidez las sensaciones que tenía de niño yendo en sus cofradías: "De mis años de nazareno no se me olvida que llegaba siempre con las sandalias rotas, lloraba cuando la cofradía se quedaba sin salir por lluvia, el trabajo que costaba guardar la fila dentro de la cofradía, el marcaje que me hacía mi tía Angelita, el momento en que me comía el bocadillo y me tomaba la coca cola, el nerviosismo de la noche anterior y lo bonito que era ir al templo en las vísperas. Yo no era muy meapilas, pero me gustaba acercarme al templo y echar una mano en lo que hiciera falta. Era una forma de vivir las vísperas".

La afición por los pasos no se quedaba sólo en la Semana Santa: "Recuerdo con muchísimo cariño cómo mis amigos y yo sacábamos una cruz de mayo. Hacíamos una recolecta para hacerla cada año más bonita. Un año fue una maravilla gracias a que estuvimos trabajando un mes".

Con la adolescencia se acabaron las tardes en las sillas: "Cuando dejé de ser niño comencé a salir a ver cofradías con mis amigos. Recuerdo a Carlos y Antonio Pina, Antonio Lobato y Josemi Arza. La entrada del Museo era algo que no nos perdíamos. Ni otros sitios señeros: la Paz por el Caballo, el Cristo de la Buena Muerte por la Lonja de la Universidad, la Candelaria por los jardines o el Cristo de Burgos por San Pedro. Después de haber visto todas las cofradías, nos íbamos a cantar sevillanas al barrio de Santa Cruz".

El Señor Cautivo es punto y aparte para Del Nido desde hace muchos años: "Soy devoto del Cautivo por mi abuela Matilde, a la que acompañaba siempre a los besamanos del Cautivo de San Ildefonso. Incluso cuando hacía noche en la Pila del Pato, yo la acompañaba para que no estuviera sola. Me acuerdo de los dos allí toda la noche. Yo tendría 12 ó 13 años y allí estaba con mi silla plegable de la playa... Yo estoy seguro de que más del noventa por ciento de los hermanos del Cautivo no se saben la oración [la recita al completo]. El Cautivo y yo tenemos una sociedad que no conoce nadie. Viene de lejos. Cuando estudiaba Derecho en Madrid, adonde me fui con 19 años, iba siempre a verlo. Gracias a él saqué el número uno de mi promoción".

Considera que el público cofradiero sigue siendo tan exquisito como era: "El respeto y el saber estar de los sevillanos ante los pasos de Cristo y de palio siempre se ha percibido y se percibirá. Hay mucha bulla, pero mucho respeto. Sólo recuerdo que hace cuatro o cinco años no percibí ese respeto al paso del Gran Poder por la Gavidia".

Es ineludible la referencia a su experiencia como costalero, no exenta de polémica en su momento: "Soy del Cautivo, cuyo paso he presidido por la carrera oficial, y de la Estrella. Bajo el paso del Señor de las Penas he vivido la experiencia inolvidable de salir de costalero. Prometí que si ganábamos la final de la UEFA en Eindhoven, después de 58 años de sequía de títulos, daría unas chicotás como costalero. En el Cautivo encontré una serie de problemas. Lo planteé en la Estrella y no hubo ninguno. Fui bajo el paso desde la calle Reyes Católicos hasta el Altozano. Previamente participé en varios ensayos. Se portaron magníficamente conmigo. El Domingo de Ramos me protegieron mucho antes, durante y después de la experiencia".

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