José núñez naranjo, ex presidente del betis

"Cómo me gustaba ver salir la Sed con Pepe Luis..."

  • Tiene una anécdota imborrable de su primera salida como nazareno, unas raíces en la Calzada y un lugar que le apasiona, el puente de Triana

No se considera capillita. De vocación tardía para pedir cera y caramelos a los nazarenos. Es el hermano 1.613 de la Macarena, cuya salida ha tenido el privilegio de contemplar desde el famoso balcón del atrio. Y ha estado vinculado a otras cofradías por amistad con los hermanos mayores, como la Soledad de San Buenaventura y la Trinidad. José Núñez Naranjo (Cazalla de la Sierra, 1925) vio la primera cofradía de su vida en el barrio de la Calzada. Admite que en su familia los hay más aficionados a la Semana Santa. Su hermano Antonio estuvo especialmente vinculado a la Vera-Cruz, en cuya capilla está enterrado, y su hermano Francisco a la Hiniesta.

"Mi recuerdo más lejano de la Semana Santa tiene lugar en la calle Oriente, donde vivíamos. Tenía yo tres o cuatro años y veíamos salir San Benito desde el balcón de casa. ¡Pero aquella salida no es como la de ahora! Entonces costaba un trabajo enorme sacar la cofradía porque enfrente de la puerta de salida había una casa que hoy no existe. Era precioso ver aquella salida con tanto mérito. Todos los de la familia estábamos en el balcón. Yo era el cuarto de nueve hermanos. Nos pasábamos la tarde jugando por la casa, saltando por todos lados, por las sillas y por las mesas, hasta que mi padre daba el toque de atención: '¡Que ya está saliendo el paso!' Y todo el mundo al balcón, porque a los más chicos ver pasar tantos nazarenos nos aburría. De San Benito me gustaba todo. Qué cantidad de gente del barrio se aglomeraba en aquella salida. Tenía mucha fama".

Del balcón del Martes Santo a la plaza: "Cuando me casé cogí un palco para poder ir con mis hijas. Acabé dejando el palco porque mis padres se fueron a vivir a la Avenida de la Constitución, en los altos del Banco Central. Aquellos balcones eran estupendos. Ya no necesitábamos el palco. Estábamos allí de lujo, con merienda y todo".

Su debut como nazareno está ligado a una anécdota inolvidable: "La primera vez que salí de nazareno fue con la Soledad de San Buenaventura. Tendría dieciocho años. No se me olvida de aquel primer año que fuimos por la calle Méndez Núñez y ocurrió una cosa graciosa. Cuando la cofradía llegó a la Plaza de la Magdalena hubo un corte impresionante por la cantidad de gente que comenzó a cruzar de un lado a otro. Perdimos de vista la cruz de guía y cuando nos dimos cuenta, el compañero mío y yo que salíamos por primera vez cogimos por la calle Rioja y la cofradía se fue detrás de nosotros. Llegó uno gritando: '¿Qué habéis hecho que habéis dividido la cofradía?' Y todos corriendo para atrás".

Las primeras salidas con los amigos supusieron el descubrimiento de un puente ya siempre ligado a sus recuerdos cofradieros: "Con 16 ó 17 años comencé a ir con los amigos a ver cofradías. Estudiaba en Granada, pero en Semana Santa me venía para Sevilla. Formábamos una pandilla. Íbamos de salida en salida. Lo natural con esa edad. Recuerdo el Cachorro por un puente de Triana especialmente iluminado. Nos tomábamos una copa en el primer bar que había a la izquierda pasando el puente. Aquello era precioso. Hasta hace cuatro o cinco años he ido a ver las cofradías al puente de Triana, me enamoré de este sitio para ver pasos ¡Si es que Triana ha tenido siempre fama por sus cofradías! Y también había mucha bulla. Como yo soy bajito, me tenía que ir agarrando a unos y a otros. Nosotros pedíamos también caramelos a los nazarenos y cera, aunque tuviéramos ya 17 años. Fui tardío en pedir cera y caramelos porque no me dejaron ir a ver cofradías hasta que tuve ya una edad. A veces me daba algo de vergüenza pedir cera con mi edad, pero bueno... Y cuando salí de nazareno llevaba mi bolsa para los chiquillos".

Tiene la inmensa suerte de haber tenido buenos compañeros para ver cofradías: "Me acuerdo de ver la salida de la Sed desde La Ponderosa junto a Pepe Luis Vázquez, cuando la cofradía iba a la cárcel antigua. Cómo me gustaba ver aquella cofradía con él. Pepe Luis era vecino nuestro en Nervión, donde sigue viviendo hoy. Aquel establecimiento era famosísimo y de gran ambiente. Pepe Luis es bético y amigo. No hacía falta que nos citáramos. Unos cuantos sabíamos que todos los años estábamos allí. Nos sentábamos y charlábamos de fútbol mientras esperábamos el paso. Como Pepe Luis es bético, los béticos siempre nos llevamos bien".

El silencio al llegar un paso era una impresión imborrable: "Entonces se le tenía mucho respeto a los pasos. Se charlaba y se hacían bromas, pero cuando llegaba el paso todo el mundo se callaba y se atendía a lo que había que atender".

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