El contrapunto

El mejor mirador, que viene de mirada

  • A la hora que pasen los Gitanos por Dueñas, enfrente habrá vino dulce y torrijas caseras.

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Una leonera. Así define por el desorden y la falta de espacio su estudio el aparejador Manuel Pastor. "Una leonera entre la aristocracia y la santidad". Este piso, tercera planta sin ascensor, es el mejor mirador del palacio de Dueñas, donde se ve vorágine de carretillas, afanes de jardinería. La santidad, que se prodiga por doquier, la personaliza en Santa Ángela de la Cruz. En la casa donde nació Fernando Villalón.

Esta Madrugada habrá vino dulce y torrijas de su hermana Mari Carmen para los invitados. "La juventud, en el gallinero. Los adultos, en el balcón". Desde la azotea, es un itinerario por las alturas. Al fondo, San Luis de los Franceses. "Detrás de las araucarias está San Marcos y detrás de la ropa tendida, Santa Paula. Si alguien quiere saber qué son los cielos que perdimos de que hablaba Romero Murube, que se pase por aquí. Ahí están. O no están". Hay un cielo Domingo de Ramos en San Juan de la Palma, un cielo Jueves Santo en Montesión.

Al Palacio da por la derecha una casa particular que han puesto de limpio. "Se han perdido los oficios, han venido unos artesanos de Arcos de la Frontera y mira qué obra más extraordinaria de albañilería han hecho. Les hice fotos para pasárselas al profesor de Construcción de la Escuela de Arquitectos Técnicos". A la izquierda, el convento de Espíritu Santo que da nombre a la calle en la que tuvo su estudio Enrique el Cojo, el maestro de baile de la duquesa de Alba. Se ven paneles solares y unas curiosas buhardillas en este convento de clausura de las madres agustinas. "La obra nueva es de Rafael Manzano". A dos pasos de Dueñas está la llamada Casa del Riñón, primera obra del estudio de arquitectos Cruz y Ortiz, autores de Santa Justa.

"Soy un curioso más o menos impertinente, un espectador de este espectáculo. Un voyeur, un mirón de algo extraordinario, tan universal y tan sevillano al mismo tiempo". En el estudio comparte espacio con muchos discos, carteles, litrografías, un pÓster de James Dean y un portero de fútbol que pintó Eduardo Arroyo como cartel del Mundial del 82.

Llegan las horas señaladas de este balcón: primero, los Gitanos; mañana, Viernes Santo, la Mortaja, que sale del ex convento de la Paz, y los Servitas. "Durante unos años, los Gitanos pasaban por la mañana de vuelta. Como la duquesa se han rejuvenecido con su novio, este año vuelve el misterio nocturno". Encuentra una hermosa analogía poética. "En Platero y yo hay una tortuga que en invierno se esconde para volver dispuesta a vivir otras cien primaveras. Es lo que le pasa a la duquesa. Y a la misma ciudad. ¿No ves cómo huele a pintura toda la ciudad. La están acicalando como a una novia".

Es vecino del Polígono de San Pablo. "Soy vecino de la duquesa a efectos de empadronamiento para poder entrar en el centro". Nació en Paradas y en Sevilla su primer barrio fue San Bernardo. "Mi madre siempre fue muy devota de la Virgen del Refugio. Siempre tengo que ir a verla en algún sitio ese día". El mirón de la Semana Santa dice que no basta con lo que se vea, sino con la educación de esa mirada. "Con Isidoro Moreno aprendimos esa cosa tan absolutamente social que son las hermandades de barrio, la labor de cohesión de la memoria que realizan. Y poetas como Juan Sierra nos han descubierto otra manera de sentirla, de vivirla".

El 26 de julio de 1875 nació en Dueñas el poeta Antonio Machado, teórico del trueno vestido de nazareno. "Seguramente ese trueno era más fácil verlo en los pueblos. Es una definición del cacique, que hemos visto de paisano, yendo a caballo a su finca. Ese trueno ha sido el alcalde, el boticario, el señorito que ha puesto sus tierras en regadío secando fuentes milenarias. En mi pueblo secaron la fuente de Paterna, un manantial romano".

El vecino de la duquesa vino de otro ducado. Una historia que está en el sustrato de las torrijas que degustarán los visitantes. "Las hace mi hermana como las hacían mi madre y mi abuela. A las hijas, a las nietas les hacían copiar en una libreta las recetas propias de la gastronomía de Paradas, incluidas las torrijas. Mi pueblo es una fundación del duque de Arcos, que lo repobló con gente de la Maragatería. La mía es una familia toda de mujeres, donde los hombres no pintamos absolutamente nada. Son ellas las que mantienen ese fuego sagrado".

Los Gitanos se fueron de San Román al Valle, un traslado en parte sufragado con aportaciones de la duquesa de Alba. Dice Manuel Pastor que antiguamente era la Hermandad de los Caballos la que le hacía los honores en la puerta de Palacio. Igual que la Amargura fue la primera que cumplió el rito del convento de las hermanas de la Cruz que después emularon con más trompetería la Macarena y los Gitanos, dos nombres de esta noche que no tiene fin. La noche de los tiempos.

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