Adioses en el 'palomar'

  • Desde que el PP perdió la vara de mando en el Consistorio, 10 ediles han hecho suyo el aserto de Andreotti: "El poder desgasta, sobre todo cuando no se tiene"

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Cuando Soledad Becerril, allá por 1999, optó por abandonar su nido político en Plaza Nueva para ocupar en Madrid un cargo más rimbombante que una mera portavocía como jefa de fila de la oposición marcó una senda que desde entonces ha sido seguida por un buen ramillete de concejales populares. Pocos son los que han visto pasar hasta tres mandatos en el dique seco de la oposición, y quienes lo intentaron no han tenido más remedio que ahuecar el ala del palomar -el ático de Plaza Nueva, donde radican las oficinas del grupo municipal popular- bien por iniciativa propia, bien por cuitas de poder.

Viene como anillo al dedo el aserto del incombustible senador italiano Giulio Andreotti: "El poder desgasta, sobre todo cuando no se tiene". La última pieza en romper el puzzle de los populares en el Ayuntamiento ha sido la capitular Alicia Martínez, quien después de haber negado hasta por tres veces su abandono de la política municipal ha sido invitada a pegar el salto a tiempo completo al Parlamento andaluz, aunque dicen que motu proprio, claro que para no contradecir la insinuación tan directa que antes de las elecciones autonómicas ya le hiciera el presidente del PP-A, Javier Arenas. Entre Soledad Becerril, con su marcha al Congreso de los Diputados en 1999 para ocupar la vicepresidencia, y Alicia Martínez ahora, que será la portavoz parlamentaria de Ordenación del Territorio y Vivienda y conservará cargo en la Ejecutiva regional, hay una escalera con varios peldaños.

Como los cuatro que tuvo que subir de un solo tramo el defenestrado Jaime Raynaud cuando se vio forzado a tirar del carro del PP durante seis años ante la desbandada de los primeros ediles de la lista. La travesía del desierto en la oposición no pintaba bien, como a la vista está: desde entonces, junio de 1999, los populares habitan el ya citado palomar, lejos de los salones nobles donde se cuece el poder.

Las primeras migraciones acontecieron cuando el escrutinio de la derrota electoral estaba aún caliente. Como Luis Miguel Martín Rubio, quien tuvo todas las cartas en su manga para ser el delfín del PP de Sevilla y emular los tiempos del niño Arenas en el antiguo Convento de San Francisco. La empresa que gestionaba los activos de la Expo 92 (Agesa) le pudo más que cuatro años de trinchera en la oposición, donde la ecuación de sueldo y responsabilidad era inversamente proporcional a la del refugio dorado de la Cartuja. Carmen Martínez de Sola hizo las maletas dos veces, con Soledad Becerril primero y después cuando concurrió en las listas bajo la dirección de Raynaud. Destino Madrid, donde aún los populares tenían vara de mando. Su primera infidelidad con la política municipal fue para ocupar una dirección general en el Ministerio de Agricultura y Pesca en la era Aznar; la segunda, cuando fue llamada por Esperanza Aguirre para ocupar la dirección general de Consumo de la Comunidad de Madrid.

José María Pareja, quien llegó a ser el número 3 de Becerril en el Consistorio, abandonó la política por la empresa privada, mientras que Carmen Diz, la número 2, lo hizo para volver a su puesto de funcionaria en un gesto de desacuerdo al habérsele retirado la portavocía del grupo.

Otros dos que intentaron compatibilizar funciones en administraciones diferentes, Ricardo Tarno y Dolores Rodríguez, el primero en el Parlamento y la segunda en el Congreso, tuvieron que desistir. Tarno aguantó hasta que fue un clamor su estancia en el Consistorio por su imperceptible aportación al ámbito de lo local. Y a Dolores Rodríguez se le acabaron los viajes a Madrid en 2004, cuando la mayoría absoluta de Aznar tuvo aquel abrupto y trágico final. Cierto es que Rodríguez no abandonó el barco local, como también que su entrega se relajó en la recta final del pasado mandato cuando fue conminada por el partido a ser candidata por Mairena del Aljarafe.

La quemazón de Ricardo Villena -uno de los escasos ediles que gobernó con Soledad que aún aguantaba, junto a Dolores Meléndez- bajo la antigua dirección política le valió otra airosa salida, esta vez en el Tribunal Económico de Sevilla, mientras que Jaime Raynaud, cosas de caballeros, trató de aguantar el embiste del adversario -Zoido, señalado como su sucesor en una filtración a la prensa durante la calma chicha de una tarde de Corpus- enhiesto y sin parpadear hasta agotar el mandato, eso sí, dimitiendo como portavoz.

La era de Juan Ignacio Zoido arranca con muchas fotos y titulares y pocos asuntos de calado. Y también con cambios. Alicia Martínez sale y la sustituirá Curro Pérez en la portavocía adjunta y en el cerco a las cuestiones urbanísticas. Entra otra vez como concejal Ignacio Flores, uno de los currantes de base del grupo, mientras que el consejo de dirección del grupo municipal se amplía con las incorporaciones de Gregorio Serrano y de Mar Sánchez Estrella.

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