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Agua en el paisaje: cataratas del saber

  • Simbólico. Plantación de árboles y lectura de poemas en los Jardines de Murillo, que después dieron paso a una clase práctica de Español para italianos trufada de leyendas

Joaquín Castillo, ayer en los jardines de Murillo antes de la plantación de árboles. Joaquín Castillo, ayer en los jardines de Murillo antes de la plantación de árboles.

Joaquín Castillo, ayer en los jardines de Murillo antes de la plantación de árboles. / víctor rodríguez

La mañana empezó verde en los Jardines de Murillo, el hombre del año. Dentro de las actividades del ciclo Agua. Paisaje. Ciudadanía, el Ayuntamiento organizó una doble inciativa de plantación de árboles a cargo de alumnos de dos colegios y una lectura poética. Los escolares volvieron a sus centros y le pasaron el testigo a otros relevistas en esas cataratas del saber que forman juntas las palabras Agua y Paisaje.

Alumnos del colegio Carlos I de Dos Hermanas hacían un ejercicio de leyendas. Natalia Perujo, malagueña de Ronda, impartía una clase que es un privilegio en ciudades como Sevilla. Clases de Español en la calle. El alumnado eran una veintena de adolescentes italianos procedentes de Sondrio, una localidad de la Lombardía. La profesora les da veinte minutos para que le pregunten a los transeúntes por una serie de leyendas: la Bella Susona, que después documentarían en el barrio de Santa Cruz; la cabeza del rey don Pedro, el mismo nombre de la calle donde tiene su consulta Ismael Yebra; la génesis etimológica de la calle Sierpes, donde se supone que estuvo preso Cervantes; y la leyenda del Cristo del Cachorro.

Doble 'presencia' de Pedro el Cruel (o Justiciero): en los Jardines y en el Ateneo

Todo suena a leyendas en estos jardines. El paseo que los une con el barrio de Santa Cruz se llama Antonio el Bailarín, que vivió en su infancia en la calle Álvaro de Bazán, perpendicular a Santa Clara. Les habla de la diferencia entre leyendas y tradiciones; a este capítulo pertenecen la Semana Santa y la Feria de Abril que llegará en mayo. Han participado en un taller cultural-gastronómico en las setas, donde probaron el salmorejo, síntesis de sabores y culturas.

Natalia les indica la página del libro en la que verán el rostro de doña María Coronel, clase práctica de personaje local. "María era una mujer muy guapa. ¿Sabéis lo que hizo para que Pedro el Cruel dejara de acosarla? Se echó aceite hirviendo en la cara".

Pedro el Cruel fue ayer el hombre del día. Por la mañana, formaba parte de un ejercicio cultural de los alumnos italianos, a los que después les enseñaría el busto de Dante Alighieri en el Parque de María Luisa. Por la tarde, en el Ateneo de Sevilla, el catedrático y medievalista Manuel González Jiménez dio una conferencia sobre el rey que para unos fue Cruel, para otros Justiciero. Y no sólo con María Coronel.

González Jiménez es presidente de honor de la Sociedad Cabildo Alfonso X. Entre bastidores, un abogado llamado Pedro Rodríguez Bueno es el encargado de convocar a los miembros de esta sociedad y a los ateneístas que quieran adentrarse en los pormenores del siglo XIV. De esa forma, entre la historia y la leyenda, se han impartido charlas sobre Fernando IV, Alfonso XI, el que derrotó a los musulmanes en Algeciras, y Pedro I. El único Pedro que registran los anales de la Monarquía española. "En Castilla", matiza el profesor González Jiménez, "porque en Aragón hubo hasta un Pedro IV". El conflicto más duradero entre Aragón y Castilla, regiones cuya alianza sellaron los Reyes Católicos, tuvo lugar entre dos Pedros. Hubo otro Pedro I en Portugal, el marido de Inés de Castro, no la Inés de Ulloa de la canción de Aute con letra de Forges.

Día propicio para las leyendas. En los Jardines de Murillo una gitana vendía mantones a diez euros y se mezclaban las músicas: una chica cantaba Let it be, de los Beatles; otro lo hacía por Silvio Rodríguez junto a la entrada del Patio de Banderas y alguien se atrevía a la guitarra con Entre dos aguas a los pies de la Giralda. Cruel o Justiciero. Historia y Leyenda. En otra conferencia se habló de María de Molina, que fue regente en tres reinados.

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