Alcosa, en femenino plural

  • Las mujeres del barrio hacen suya la reivindicación del autobús · Cortan el tráfico para reiterar la exigencia de que el Ayuntamiento rescate el servicio de Casal

El portavoz que se dirigía a los vecinos, Jesús Caballo, es licenciado en Historia. Una metáfora de un conflicto larvado desde sus orígenes, desde aquel 14 de junio de 1971 en el que con la bendición apostólica del cardenal Bueno Monreal se entregaron las 2.016 viviendas de Alcosa con lo puesto. "Sin farmacia, sin cabinas de teléfono, sin agua, sin autobuses".

Ayer once mujeres del barrio se entrevistaron por la mañana con José Chamizo, Defensor del Pueblo Andaluz, para reiterarle la exigencia de que el Ayuntamiento rescate para Tussam la línea 28 que une el centro con Alcosa, adscrita a la empresa Casal. "Si somos Sevilla, lo somos a todos los efectos", dice María Jesús, que ayer no fue a su trabajo de cuidadora para acudir a la cita con Chamizo. En Alcosa los hombres hablan y las mujeres hacen las cosas. "Las mujeres trabajadoras y las estudiantes somos las que más cogemos los autobuses. Si hay un coche en la casa, lo coge el hombre", dice Teresa, 44 años, empleada de hogar, hija de emigrantes andaluces que llegó al parque Alcosa desde Mataró.

Este oficio abunda entre las usuarias del transporte público. Después de una asamblea en la puerta del Centro Cívico, decidieron cortar unos minutos el tráfico en la confluencia de las calles Ciudad de Chiva, Turia y Ciudad de Liria, donde se cruzan el 28 de ida y el 28 de vuelta. Los vecinos formaron un círculo como en las películas del Oeste. Tienen un problema de diligencia con la Diligencia. No se movía ni un autobús. Los únicos motores que se escuchaban eran los de los aviones. "Fuera Casal, queremos Tussam".

Las madres encabezan la reivindicación. "No nos da lugar ir al trabajo y recoger al hijo en el colegio. Te amonestan en los trabajos y ha habido más de uno al que le han quitado dinero del sueldo". Patrocinio García llegó a Alcosa de Alanís. "Mi hijo Fernando, el tercero, nació el año que nos dieron los pisos. Lo tuve un martes de Feria. Después del bautizo, puse chícharos, destapé la olla y los chícharos estaban arrugaos. El agua era de pozo, no era potable. Teníamos que llamar por teléfono desde la Central Lechera y el médico lo teníamos en el Greco".

Tiempos en los que estas madres coraje cortaban la pista del aeropuerto. Ahora cortan las calles del barrio pidiendo el rescate de los autobuses. El martes tienen cita con el gerente de Tussam. María Jesús volverá a faltar al trabajo. Loli, 39 años, empleada de hogar, coge el megáfono y dice que cuantos más vayan mejor.

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