"Ánimo, Zoido, Sevilla es tuya"

  • Baño de masas del alcalde en su primer Corpus como primera autoridad · Hace diez años, Zoido y Asenjo coincidieron en el Corpus de Toledo.

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Lo del balcón de la calle San Fernando la noche electoral no estuvo mal. Ni la toma de posesión del pasado día 11. Pero Juan Ignacio Zoido tardará mucho tiempo en olvidar las muestras de afecto que recibió ayer durante su primera procesión como alcalde. "¿Qué celebran?", preguntaban dos venezolanas en la puerta del Ayuntamiento al término de la función. Muchas cosas: el Corpus, el nuevo alcalde, el puente de San Juan, el verano.

A las ocho en punto de la mañana estaban alineadas en la puerta de la corporación la compañía de Gran Gala de la Policía Local, a las órdenes de José Aulet, y la Banda Municipal, bajo la batuta de Francisco Javier Gutiérrez. Zoido llegaba acompañado de Beltrán Pérez. El cortejo entró en la Catedral por la puerta de Palos.

Hace diez años Zoido y Asenjo vivieron juntos el Corpus de Toledo. El primero como delegado del Gobierno en Castilla-La Mancha; el segundo, como obispo auxiliar. Han cambiado muchas cosas en una década. Si Asenjo pidió austeridad, Zoido no le fue a la zaga: tanto cariño lo traduce en compromiso y sobre todo humildad.

Juan Espadas fue elegante testigo del baño de masas de su reciente adversario electoral. Rodeado de 19 concejales del PP, navegó estoicamente por el mar de los Sargazos. Delante, sus compañeros de grupo Eugenio Sánchez Palomares, Alberto Morilla y Joaquín Díaz. Para el Corpus no hay cuotas ni paridad.

El alcalde llevó un bastón regalo de su suegro, José María Alcázar Viera. Florentino Zoido, hermano del edil, farmacéutico en Fregenal de la Sierra, le hizo fotos desde uno de los balcones de Robles Placentines. Al principal se asomaban Juan y Pedro Robles, la saga de hosteleros de Villalba. "Llevo 26 Corpus y nunca he visto nada parecido", decía al final un funcionario de Protocolo. "Y le estoy hablando de Sevilla, la ciudad de los silencios".

La ciudad de los balcones, esa imagable grada teatral de que hablaba Flaubert en Madame Bovary. La relación de la ciudad con su nuevo alcalde la retrata el cruce de dos comentarios espontáneos. "Ánimo, Sevilla es tuya", le decía una señora. Un hombre valoraba la cercanía del alcalde, "saludando a todo el mundo, que es lo que se quiere", a lo que otro ciudadano añadía: "Para eso es nuestro". ¿La ciudad es de Zoido o Zoido es de la ciudad?. "Igualito que el otro", decía alguien. En la calle, pregoneros como Enrique Henares o Carlos Herrera.

La celebración tuvo el esplendor de las grandes ocasiones. Bailaron los seises, con el magisterio de Herminio González Barrionuevo. Uno de ellos es el hijo de Juan Bueno, portavoz del Grupo Popular, que acompañó a Juan Espadas a beber agua junto a uno de los pilares. El síndrome del Jordán. Los ediles socialistas escuchaban la lectura del Deuteronomio, relativa a los cuarenta años de travesía por el desierto de Moisés y el pueblo judío.

Baño de masas por Sierpes, Cerrajería, Cuna y Francos. "Está como Rafael Gordillo, que se sale". Zodo en plena carrera oficial, pero el alcalde sabe el tiempo que se tarda en autobús desde Alcosa o Torreblanca. Dijo a los periodistas que no era día para hablar de deudas. Una palabra que incluso desapareció del Padrenuestro. Rafael Álvarez-Colunga decía que había sido por mediación del canónigo Miguel Castillejo.

Zoido reinó en la Avenida como Kiko Veneno el día de la música. Una fiesta en la que se invierten los cánones: los ordenanzas (maceros) van vestidos de cardenales y los maestrantes de domadores. Zoido volvió al Ayuntamiento y le dio las gracias a las limpiadoras.

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