Atrapados en un piso subastado

  • Lioba Sánchez y Antonio Muñoz llevan dos años de calvario desde que su marido perdió el buen trabajo que tenía. El banco ha subastado el piso que compraron en San Juan y se acabaron las ayudas.

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Lioba Sánchez, 31 años y embarazada de cinco meses, y su marido, Antonio Muñoz, de 40, aceptan contar su historia porque necesitan con urgencia un trabajo para salir adelante con sus dos hijos: el bebé que viene en camino y su hijo Gabriel, de 8 años. El banco subastó su piso en septiembre y en cualquier momento temen que vengan a echarlos de la vivienda de San Juan que ocupan en el barrio de la Cooperativa, cuya propiedad ha pasado a manos de una filial.

Desconfían de la moratoria de dos años aprobada por el Gobierno central que deben cumplir los bancos por el efecto que puede tener sobre los intereses de la deuda. Temen que cuando pasen esos dos años la losa se haya disparado y se queden aún más atrapados en esta situación de asfixia económica.

Se les agotó la prestación por desempleo y en junio pasado también se acabó la última ayuda. Los únicos ingresos que entran son los pocos que él está intentando conseguir por las casas como comercial colaborador de Iberdrola desde que perdió su empleo hace dos años. No tienen ni para reponer el termo de gas del agua caliente que se ha estropeado. Se bañan calentando el agua en ollas. Tampoco para comer carne y pescado de lunes a viernes (el hijo sí come de todo en el comedor del colegio). Se alimentan durante la semana de macarrones y de arroz.

Hasta hace dos años todo les iba relativamente bien. Antonio tenía un buen sueldo colocando conductos de chapa por 1.500 euros al mes en un conocido gran comercio de Sevilla Este, el único salario que entraba en la casa. Al banco BBVA le sirvió para darles la hipoteca de 102.000 euros del piso donde viven en el barrio de La Cooperativa (barriada Andalucía).

Eso fue tres años antes de estallar la burbuja inmobiliaria. Los problemas llegaron en 2010, cuando Antonio fue despedido de la empresa donde montaba estructuras de chapa con un "señores, esto se ha acabado". Con el desempleo empezaron los apuros para pagar la letra, las refinanciaciones y los préstamos que aumentaron la deuda. Los 400 euros mensuales se duplicaron hasta los 800 euros, algo imposible de asumir.

Repiten una y otra vez que su mayor apoyo están siendo los miembros del 15-M de vivienda. Esta organización de ciudadanos voluntarios comprometidos visitan semanalmente a las familias afectadas, los ayudan en todo lo que pueden, les ofrecen toda la información de su situación y median con los bancos para aliviar los dramas.

"Gracias a ellos hemos ido perdiendo el miedo a los bancos. Ahora tenemos claro que la próxima vez que firmemos algo se lo llevamos antes a un abogado para enterarnos de cada punto y coma de lo que firmamos", recalcan emocionados Antonio y Lioba. Esta familia tiene claro ahora que fue error refinanciar la deuda y pedir otro préstamo. "Si hubiéramos negociado con el banco desde el principio, habríamos conseguido más, pero antes teníamos mucho miedo al banco", cuenta Antonio.

Con la mediación del 15-M, ofrecieron al banco la dación en pago del piso. La entidad aceptó primero y una semana después se echó atrás. Ahora intentarán la condonación de la deuda o un alquiler social.

Su drama se repite por desgracia en miles de familias del barrio alto de San Juan de Aznalfarache con tal intensidad que la plataforma de afectados por la hipoteca del 15-M acaba de montar un punto de información en el municipio (en la sede de la Asociación Futuro y Progreso) y el movimiento vecinal ofrece ayuda solidaria a las familias en apuros a través de la página de facebook San Juan Solidario.

Piden que se dé el correo electrónico(liobasanchez@hotmail.com) por si alguien puede ofrecerles algo, lo que sea. Él tiene el FP1 de administrativo y estudios de de FP2 de informática y ha trabajado en obras, en gasolineras y en limpieza. Ella tiene los cursos de manipulador de alimentos y de reponedora.

Lioba nació en Canarias, en la ciudad de Las Palmas, y cuenta que se vino a San Juan de Aznalfarache con idea de alquilar un piso, nunca comprarlo, porque en Canarias no hay esta costumbre. "Nosotros no íbamos buscando una hipoteca, sino un alquiler. Pero en todas las inmobiliarias de San Juan que entramos nos dijeron que no había alquileres, que no los trabajaban y que teníamos que comprar", se lamenta.

Con todo lo que están pasando con la deuda de la hipoteca, Lioba y Antonio sueñan con vivir de alquiler algún día sin la losa de la deuda que tienen ahora. Esas decenas de inmobiliarias que proliferaban en el barrio ya han desaparecido en estos cinco años de crisis.

La ayuda de los padres que tienen otras familias es imposible en su caso. Antonio llegó a tener a los suyos como avalistas del piso al principio. Recuerda aliviado que los pudo quitar como avalistas cuando pidió el segundo préstamo para pagar las letras. En la actualidad, el padre ha fallecido y la madre no puede ayudarle. En el caso de Lioba, su madre, residente en Canarias, está deseando ayudarles cuando empiece a cobrar la pensión mínima. Pero su hija sabe que 400 euros no dan para cinco personas.

La vuelta a Canarias, a casa de la madre, sería una alternativa que han barajado en caso de verse en la calle con sus dos hijos, pero la pareja no quiere ni pensar en esta solución drástica, sobre todo teniendo en cuenta que en la isla hay más paro que en Sevilla.

El segundo bebé que esperan ha supuesto una inyección de ilusión para la pareja, a pesar de la situación económica en la que se encuentran. Los dos cuentan con lágrimas que querían tener un segundo hijo hace tiempo y que han decidido tenerlo y tirar para adelante como sea.

Antonio no ha querido hasta ahora recurrir a su parentesco directo con el actual alcalde de San Juan, el socialista Fernando Zamora, del que es primo por parte de madre. Dice que prefiere salir adelante solo con su familia mientras pueda.

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