Batalla campal a la llegada del presunto asesino

  • La entrada de la Audiencia de Huelva vivió horas de tensión con protestas en forma de pedradas y quema de contenedores

Comenzaron a llover piedras y botellas y los contenedores cruzaban la avenida envueltos en llamas. Los altercados sólo acababan de empezar. La llegada a Huelva ayer (17:10) del presunto asesino de la pequeña Mari Luz, Santiago del Valle García, y de su hermana Rosa, estalló en una auténtica batalla campal que no sólo se libró a las puertas de la Audiencia Provincial de la capital onubense.

La cruzada alcanzó toda la Alameda Sundheim y llegó a traspasar las puertas del Barrio Obrero. La previsión ante la puesta a disposición judicial del presunto autor material de la muerte de Mari Luz era de máxima alerta. El grupúsculo (de no más de 20 personas) que acampó a las puertas del Palacio de Justicia desde primera hora de la mañana fue aumentando. Y también los ánimos: "¿Es que nadie se ha traído un palo?", preguntaba uno de los presentes.

La Policía Nacional tenía plena consciencia de lo que podía suceder en la sede judicial onubense. A los efectivos que se movilizaron de Huelva (se llegaron incluso a levantar descansos) se sumaron alrededor de medio centenar de antidisturbios.

Los primeros momentos de tensión saltaron con la llegada de los antidisturbios pasadas las tres de la tarde. Varios centenares de personas se agolpaban ya a las puertas de la Audiencia y la confusión se encargó de encender los ánimos ante la creencia de que en los furgones que trasladaban a los agentes llegaban los detenidos. "¡No me aguantéis, no me aguantéis. Dejadme!", gritaba la abuela paterna que lleva el mismo nombre que la niña, Mari Luz.

Los furgones policiales fueron aporreados y hubo, al menos, tres sentadas en mitad de la calzada que obligaron a cortar el tráfico de forma provisional. A la multitud se le obligó a retroceder y se le situó frente a la Audiencia, donde la barrera de los antidisturbios no pareció ser suficiente y se complementó con vallas. "Si quieren tirar para delante, no va a ver policía bastante", señalaba uno de los tíos de la pequeña a su llegada a las puertas de la sede judicial, junto al abuelo de la niña, Juan Cortés.

La predicción se cumplió: ni la barrera humana ni las vallas lograron parar la multitud cuando los dos furgones en los que llegaban el presunto asesino y su supuesta cómplice aparecían y se paraban junto a la puerta lateral del Palacio de Justicia. A los gritos de "asesino, asesino", las barreras cayeron al suelo y las primeras pedradas y botellazos anunciaban que la situación ya no tenía marcha atrás. Algunos familiares de Mari Luz fueron los primeros en saltar y algunos también aseguran que recibieron golpes de la Policía.

La masa se había desbordado y el reloj comenzaba a contar dos horas de una intensidad casi indescriptible. Hasta pasadas las 20:00 las pedradas continuaron de un lado a otro de la Alameda Sundheim, con persecuciones constantes en las que acabaron utilizándo bolas de goma. Las quemas de contenedores requirieron al menos en dos ocasiones la presencia de los bomberos, contra los que también se llegaron a lanzar piedras. La alameda quedó devastada.

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