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Bécquer, preso entre flores marchitas

  • Patrimonio. La glorieta con la estatua del poeta en el Parque de María Luisa está cerrada desde hace varios días por "peligro de desplome de ramas", como advierte un cartel

Varios turistas contemplan el monumento a Bécquer tras la verja que lleva varios días cerrada. Varios turistas contemplan el monumento a Bécquer tras la verja que lleva varios días cerrada.

Varios turistas contemplan el monumento a Bécquer tras la verja que lleva varios días cerrada. / Reportaje Gráfico: Juan Carlos Vázquez

Prohibido el paso. Peligro de desplome de ramas. Disculpe las molestias. Así reza la nota informativa de Parques y Jardines para explicar el cierre de la Glorieta de Gustavo Adolfo Bécquer. Las ramas corren el riesgo de caerse en esa escultura anfibia en la que su autor quiso combinar la piedra con el árbol para hermanar al artista con la naturaleza. Y los ramos de flores están marchitos. Alguien los debió dejar hace ya tiempo como gratitud al poeta o en reconocimiento a uno de los tres amores posibles: el perdido, el conquistado o el amor futuro. Que a veces van los tres en el mismo formato. "El futuro se llama ayer. / Ayer oculto, secretísimo,/ que se nos olvidó / y hay que reconquistar", versos de La voz a ti debida, ese monumento de palabras de Pedro Salinas, que en primero de carrera fue profesor de Luis Cernuda, de quien dicen que descubrió a Bécquer con tan sólo once años.

El cantante Adamo anuncia que va a actuar en España y dice en las entrevistas que el romanticismo es más necesario que nunca en estos días. Y Bécquer encerrado en una jaula. "Las tres señoritas representan los tres amores…", se oye a un cochero de caballos cuando pasa con su pasaje por la zona. La glorieta es visita obligada en este circuito de cuadrúpedos turísticos. Los tres amores, las tres musas, las tres señoritas, las tres damas, los tres tiempos. Cada cochero cuenta una película.

Gustavo Adolfo Bécquer (1837-1870), vivió el crepúsculo revolucionario de la Gloriosa y debía estar en Madrid cuando Isabel II vino para inaugurar el puente de Triana que lleva su nombre. Murió tres años antes de la efímera Primera República que tuvo cuatro presidentes. El año que muere Bécquer París sufrió el asedio de las bombas alemanas en un sitio que quedó grabado en la memoria de los parisinos que cruzaron el Rubicón del siglo XX. Bécquer se erige en el Parque de María Luisa, que es la zona más afrancesada de la ciudad: junto al palacio de los Montpensier, actual sede del Gobierno andaluz, en el parque diseñado por el botánico francés Forestier.

El poeta de las Rimas y Leyendas es uno de los abanderados de este pulmón de la ciudad que fue el centro de la Exposición de 1929. Los otros serían Rubén Darío y sus versos, "Ínclitas razas ubérrimas…" y El Cid Campeador que reta a Charlton Heston desde la Avenida de Portugal. Han dejado solo al poeta con sus musas, junto a unos banquitos que siempre suelen ocupar visitantes o algún lector en busca de sosiego. Cualquier mañana de este invierno sevillano, la Plaza de España se va llenando con las gitanas que venden abanicos y castañuelas y los orientales a los que les fascina la arquitectura de Aníbal González. El lunes, este cronista pudo ver a un poblado grupo de mujeres asiáticas que se iban fotografiando en todos los bancos de las provincias con los que se puede completar el puzzle de una historia de España, políticamente incorrecta, de conquistas, proclamaciones, descubrimientos, juras, fueros, un fresco de romanos, cartagineses y árabes en un cóctel con guión del Quijote, las Cantigas de Alfonso X el Sabio y los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós.

El Parque de María Luisa tiene las dimensiones perfectas para la práctica del deporte. Juegos Olímpicos del 29, capicúa de los de la Barcelona del 92. Junto a la glorieta de Bécquer, un expositor con normas de uso: "No está permitido jugar a la pelota en las praderas", dice uno de los mensajes con un dibujo de época. Hay demasiado ruido, demasiada suspicacia para el romanticismo. El encierro de Bécquer no deja de ser una metáfora de los malos tiempos para la poesía de verdad. La de mentira abre y cierra telediarios.

El cronista vuelve del parque al centro de la ciudad e imagina qué postal romántica se haría con algunas de las personas con las que se encuentra: en una fotografía de Emilio Sáenz, en un cuadro o un cartel de Nuria Barrera, en un ensayo de Vicente Lleó Cañal, el catedrático que teorizó sobre Sevilla como Nova Roma y respondió al discurso de ingreso del duque de Segorbe como académico de Buenas Letras. Por Francos, camino del Alcázar, va Bernardo Bueno, alcaide de este palacio de palacios al que Bécquer dedicó más de una crónica en su faceta de periodista.

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