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Blanca y el síndrome de Cortelazor

  • Recuerdo. Ayer murió en el hospital San Juan de Dios Blanca Candón; fue alcaldesa de Cortelazor y deja un hijo alcalde, una hija concejala de Mairena y otra que lo fue en Sevilla

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Mercedes de Pablos, directora del Centro de Estudios Andaluces, tiene dos hermanos: Blanca es delegada de Cultura en el Ayuntamiento de Mairena del Aljarafe; Franco de Pablos es alcalde de Cortelazor, un pueblo de la sierra de Huelva. La propia Mercedes figuró en la lista de Juan Espadas en las municipales de 2011 y llegó a ejercer como concejala socialista que se ocupó preferentemente de los temas de Cultura. El municipalismo de los De Pablos Candón, Mercedes, Blanca y Franco, tiene un común denominador: Blanca Candón, la madre de los tres, fue durante muchos años alcaldesa de Cortelazor, un pueblo que puso en el mapa potenciando unas jornadas sobre su patrimonio.

Blanca Candón murió ayer en el hospital San Juan de Dios de Bormujos y deja muchos huérfanos, con licencia de sus hijos que tanto la quisieron y tanto la lloran. Hay una generación de periodistas que íbamos siempre detrás de Mercedes de Pablos, el ojito derecho de Iñaki Gabilondo, de Juan Diego, de Plácido Fernández Viagas, de Rafael Escuredo, de tantos hombres de la cultura y de la política que no podían sustraerse a sus encantos. Nuestro síndrome de Estocolmo se llamaba Cortelazor, un pueblo perdido allende la sierra de Aracena, en las estribaciones de Jabugo, Cortegana y Cumbres Mayores. Llegábamos allí como conversos a Taizé, cinéfilos a Cannes o suecas a Calella.

Puso en el mapa este pueblo de la sierra de Huelva y potenció su patrimonio cultural

Que levante la mano el que no pasara por allí: Pablo Juliá, Lola Cintado, Paco Murillo, María Esperanza Sánchez, Juan Teba, Paco Rosell, Guillermo Sánchez, Rafa Arboleda, Miguel Gallardo, Tomás Furest... Fue allí donde conocimos a los padres de Blanca, Mercedes y Franco. Blanca Candón se convirtió en una madre simbólica de toda aquella prole de moscones capitalinos. ¿Cómo se conquista una maternidad simbólica? Nos dio aposento y pitanza, nos regaló su ingenio y su sabiduría, se quedó para siempre con nuestros nombres. En una de aquellas visitas coincidimos en Cortelazor con Manolo Marchena. El catedrático que el próximo 22 ingresa como miembro de número de la Academia Andaluza de Ciencia Regional es hijo consorte de esa villa por ser su esposa, la madre de sus hijos, de Cortelazor.

No hay mayor ciencia regional que ser alcaldesa de tu pueblo. Blanca Candón enviudó y se casó con todos, parafraseando esa película de Kim Basinger. Transformó la localidad, revalorizó sus pinturas murales y la industria del corcho y le dio continuidad a unas jornadas históricas del pueblo y su impagable comarca.

El que suscribe no presume de haber viajado mucho, pero en mi colección de ciudades conocidas figuran La Habana, El Cairo, Santo Domingo, París, Fez o Copenhague. Nada comparable a aquellas vacaciones de junio de 1988 pasadas en Cortelazor para ver en la casa de Blanca los partidos de la Eurocopa de Alemania. Fue en ese campeonato donde a Rafa Gordillo le cortaron la coleta de la selección, siempre le digo que fue en la Eurocopa de Cortelazor.

No he tenido una anfitriona mejor. En buena hora cambié mi plan de buscar un hotelito en la Alpujarras. No fui solo. Les describí un panorama tan fantasmagórico que se animaron Mercedes de Pablos y Gerardo Grau. En el Lada ruso del segundo viajaron Matilde y Tomás, que habían nacido el 8 de enero de ese mismo año de 1988 en el hospital de Valme. Matilde regresó de Londres, y Tomás, una eminencia en temas de viodeojuegos, vino desde Barcelona. Aquellos niños del 88 han celebrado su cumpleaños cuidando de su abuela en los hospitales de Riotinto y Bormujos.

En la Eurocopa de Cortelazor, Blanca Candón era sólo alcaldesa de su casa, con lo que se pueden imaginar las ventajas que teníamos al ser tan pocos los beneficiarios de su hospitalidad. Para amortizar mi hospedaje, todos los días iba en coche a Aracena a comprar los periódicos y los pasteles en Rufino. La única final de la NBA que he visto en mi vida, los Boston Celtics contra Los Angeles Lakers, la vi en Cortelazor. Daban dos partidos diarios y entre partido y partido los zagales del pueblo venían a buscarnos para jugar al fútbol junto a la iglesia. Había una cabina telefónica desde la que llamaba a mi chica, que estaba de exámenes en Madrid y escuchaba al otro lado del auricular las esquilas de las ovejas que volvían al aprisco.

En aquel paréntesis serrano recibimos algunas visitas: Ezequiel Martínez, Alex Martínez-Roig o el propio Franco, el hermano de Blanca y Mercedes, que entonces vivía en Granada y ahora tiene el mando de alcalde que en tan alto lugar dejó su madre. Íbamos al campo a por setas, hicimos excursiones por esos alrededores que recorrió en mula el cardenal Spínola y echábamos el tercer tiempo en el bar El Nido, donde una tarde vimos el homenaje en el estadio de Wembley por la libertad de Nelson Mandela. Esa Eurocopa la ganó Holanda con golazo de Van Basten a Dassaev.

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