Cae la banda de los narcocoches

  • La Policía Nacional desmantela una organización que importaba droga desde Colombia y la distribuía en vehículos transformados en un taller de Valencina

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Un taller mecánico situado entre Valencina de la Concepción y Santiponce fue el origen del mayor golpe policial contra el narcotráfico en Sevilla en los últimos diez años. En este taller clandestino se fabricaban dobles fondos dentro de los vehículos, para que así pudieran transportar importantes cantidades de droga sin levantar sospechas. Estos agujeros, conocidos como caletas en el argot policial, contaban con un sofisticado sistema de apertura tanto eléctrico como hidráulico, lo que permitía a los narcotraficantes ocultar estupefacientes y dinero en lugares poco habituales, como el hueco de los airbags, además de poder reutilizar los vehículos, dado que no había que romper nada para poder extraer la mercancía. Esto no quita para que también se hicieran caletas en otras zonas más clásicas, como los techos o los depósitos de gasolina.

La vigilancia sobre este taller permitió a la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) de la Policía Nacional en Sevilla iniciar en junio de 2015 la operación Itálica, llamada así por la cercanía del taller con las ruinas romanas. Un año después, los agentes de esta unidad, con la colaboración de un buen número de policías de otros grupos, han desmantelado una compleja organización de narcotraficantes compuesta por 23 personas de distintas nacionalidades. Entre los detenidos, todos ellos hombres de edades comprendidas entre los 25 y los 50 años, hay españoles, portugueses, colombianos, marroquíes, peruanos y un holandés. Todos ellos están ya en prisión preventiva.

La organización importaba la droga desde Colombia hasta el puerto de Castellón, adonde llegaba en grandes contenedores movidos por un importante empresario de la zona del Levante y Baleares, que blanqueaba después el dinero ilícito con sus negocios de hostelería. Desde aquí la droga se repartía por España y otros países europeos en los vehículos caleteados en el taller de Valencina. En total, el servicio, coordinado por el juzgado de Instrucción número 8 de Sevilla, se ha saldado con el alijo de 167 kilos de cocaína, dos de heroína, 30 de hachís, 22.000 pastillas de éxtasis y 650 gramos de MDMA. Toda esta droga alcanzaría en el mercado un valor aproximado de diez millones de euros. Además, se han intervenido 443.000 euros en metálico, una escopeta, una pistola detonadora, 90 teléfonos móviles, 21 vehículos y diversa documentación, así como varios inhibidores de frecuencia y balizas de geolocalización. El juzgado ha ordenado el bloqueo de 31 cuentas bancarias.

La operación se ha desarrollado en cuatro fases. Al principio de la investigación, los agentes se dedicaron a vigilar el taller ilegal para filtrar los vehículos que en él entraban y salían. Los policías querían saber qué coches estaban caleteados y cuáles no. Una vez identificados los vehículos que podían tener practicado un doble fondo, los investigadores siguieron a una furgoneta que, previo paso por el taller, se dirigió a Lisboa. Allí fue interceptada por la Policía, en un servicio que contó con la colaboración de la Policía Judiciaria portuguesa. El coche llevaba 28 kilos de hachís ocultos en un compartimento secreto. A los agentes les llamó la atención el sofisticado sistema de apertura hidráulica del habitáculo, que lo hacía casi indetectable, como explicó ayer en rueda de prensa el comisario jefe de la Brigada de Policía Judicial de Sevilla, Enrique Jiménez Moreno. Los agentes encontraron la droga y detuvieron al conductor.

Pese a ser hachís y una cantidad no demasiado elevada para tratarse de una droga tan extendida, a los policías les pareció que aquello no encajaba con la perfección y complejidad del doble fondo. Sospecharon que detrás de ese vehículo debía haber una organización muy potente, que moviera una elevada cantidad de droga, así que siguieron vigilando el taller y realizando otras gestiones. Los policías averiguaron que la cocaína procedía de Colombia, y que el encargado de contactar con las mafias de aquel país era un madrileño que tenía contactos en Iberoamérica. Quien la traía después era el dueño de una empresa de importación y exportación que operaba en la comunidad Valenciana y Baleares. La droga venía en grandes contenedores desde Colombia y entraba en España por el puerto de Castellón. Una vez en España, era un holandés el encargado de distribuirla con los coches caleteados, que guardaba en garajes que alquilaba con documentación falsa.

La segunda fase de la investigación se desarrolló cuando los policías detectaron otro vehículo que, después de pasar por el taller, se había desplazado a Tenerife para volver unos meses después a la península. El coche desembarcó en Huelva y la Policía lo sorprendió cuando estaba a punto de entrar en Sevilla. Llevaba 57 kilos de cocaína ocultos en un compartimento secreto, que se abría con un sistema muy similar al hallado en la furgoneta de Lisboa.

Una vez interceptado este turismo, los policías localizaron en Tenerife dos domicilios utilizados por esta red, en los que encontraron otros 90 kilos de cocaína y más de 400.000 euros en efectivo. También fueron detenidas cuatro personas y se intervino otro automóvil, además de varios sistemas de empaquetado de la droga, telefónos móviles y dispositivos de geolocalización. En esta segunda fase de la operación fueron detenidas cuatro personas entre Sevilla y Canarias.

En la tercera etapa, los investigadores descubrieron que una rama de la organización estaba afincada en Sevilla y que utilizaba los vehículos transformados en el taller de Valencina para transportar la droga desde Madrid a la capital andaluza. En esta tercera fase fueron detenidas seis personas y los agentes se incautaron de casi diez kilos de cocaína, teléonos móviles, ordenadores portátiles y demás material electrónico, así como dinero en efectivo. Se registraron cinco domicilios de Sevilla y localidades cercanas y se intervinieron otros cuatro vehículos.

La última fase de la operación, con la que ha quedado desmantelada por completo la organización, se terminó el pasado martes en Sevilla, Madrid y Castellón. Fue el golpe final, que permitió arrestar a la cúpula de la banda y desmantelar el taller clandestino donde se preparaban los vehículos. En esta última etapa, la Policía detuvo a doce personas y se incautó de cinco vehículos que se estaban manipulando en el taller para practicarles las caletas. Se realizaron otros seis registros en Sevilla, cinco en Madrid y dos en Castellón. En ellos se intervinieron diez kilos más de cocaína, dos de heroína, 105 bellotas de hachís, 22.000 pastillas de éxtasis y 650 gramos de MDMA. También se decomisaron una escopeta y una pistola detonadora, relojes de alta gama, teléfonos móviles, dinero y material electrónico.

Esta última parte de la operación da una idea de la evolución del narcotráfico en los últimos años. Si antes cada organización solía dedicarse sólo a un tipo de droga, ahora las mafias se dedican a transportar todo tipo de sustancias ilícitas. Llama la atención también el hallazgo de dos kilos de heroína, una droga que se había quedado como residual tras arrasar durante los años ochenta pero cuyo consumo está volviendo a repuntar ahora, si bien de manera distinta. Ya es difícil ver a algún toxicómano que se la inyecta con una aguja hipodérmica como aquellos yonquis de hace treinta años, pero sí se está extendiendo su consumo fumada y mezclada con cocaína.

La Policía está ahora investigando el patrimonio de los detenidos y analizando las 31 cuentas corrientes que actualmente están bloqueadas. En la operación, dirigida por la Udyco de Sevilla, han participado agentes de las unidades antidroga central, de Tenerife y de Castellón, de la comisaría de Tarragona, del Grupo Especial de Operaciones (GEO), de los Grupos Operativos Especiales de Seguridad (GOES), de la Unidad de Prevención y Respuesta (UPR) y de la Unidad de Intervención Policial (UIP). También ha sido importante la colaboración de la Policía Judiciaria portuguesa.

La subdelegada del Gobierno, Felisa Panadero, transmitió durante la rueda de prensa de ayer sus felicitaciones a la Policía Nacional por esta operación, que califício de "importantísima". El jefe superior de Policía en Andalucía Occidental, Francisco Perea Bartolomé, destacó la colaboración que ha existido entre el juzgado de Instrucción 8 de Sevilla, la Fiscalía y la Policía, clave para el éxito de la investigación. Prueba de ello ha sido que los 23 detenidos han ingresado todos en prisión preventiva. "Ni uno se ha quedado fuera", señaló, orgulloso, el comisario jefe de la brigada de Policía Judicial, Enrique Jiménez Moreno.

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