Cano-Romero, un canto a la Esperanza

  • El veterano cofrade ofreció un Pregón ortodoxo en el que, como ya había anunciado previamente, hubo lugar para la crítica social y para la defensa de las ideas de la Iglesia.

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Decía Fernando Cano-Romero en una entrevista publicada en estas mismas páginas el pasado viernes que le gustaría que se le recordara, después de dar el Pregón, como un hombre que puso todo su corazón, empeño y sentimiento más profundo en desarrollar esa labor que le había sido encomendada. El Pregón de este jerezano de nacimiento y sevillano de adopción fue el de un hombre comprometido con la iglesia y con las hermandades y cofradías. Cano-Romero fue fiel a sí mismo y no se disfrazó de otro. Al menos eso decían las personas que mejor le conocen. Puso toda su alma en preparar el texto y pronunciarlo. Éste era el Pregón que hubiera dado hace 20 ó 25 años (cuando muchos dicen que tenía que haber sido designado), aunque adaptado a las circunstancias y momentos actuales. Es por eso que el mensaje caló en el público que lo vivía en directo en el Maestranza. Quizás resultara algo más frío para aquellos que lo estuvieran siguiendo desde sus casas a través de la televisión o la Cope, única emisora de radio que lo emitió en directo, pero sí que fue el Pregón que querían escuchar todos los que llenaban las butacas del teatro.

Fue una disertación larga, de casi una hora y 45 minutos. Todo en prosa, salvo la saeta final a la Macarena. De menos a más. Se notó en algunos momentos que el pregonero no se sentía demasiado a gusto leyendo. Nunca hasta ahora había leído en sus oratorias, por lo que en ocasiones el ritmo resultó algo cansino. Los temas de actualidad, como el aborto o la retirada de los crucifijos de las escuelas, el cierre de la iglesia de Santa Catalina, o una alusión a las setas de la Encarnación basada en una vivencia real; estuvieron presentes en un texto abrazado por la gran devoción del pregonero: la Macarena. La primera palabra del texto era Esperanza y la última Macarena. Fue lo primero que escribió y así se ha quedado. Toda una declaración de amor a la Esperanza.

Comenzó el pregonero con un canto a Sevilla, la ciudad de la que se enamoró, cantando su belleza y lamentando el abandono y expolio al que ha sido sometida en alguna ocasión. Recordó Cano-Romero la tan cacareada modernidad que trajo consigo el derribo de las murallas y las puertas de la ciudad, y se entregó en aras de la que es, como no podía ser de otra manera, la más firme defensora de Sevilla: "Sevilla, capital indiscutible del reino de la que es celestial emperatriz, aquella por la que los reyes reinan, se rodeó de una muralla que la hiciera inaccesible a cualquier agresión y así desde la calle Pureza hasta el Campo de los Mártires, desde Castilla a la Puerta Osario y con arco de entrada en la Resolana, elevó la más hermosa e indestructible muralla para su protección, la muralla de la Esperanza. Nunca ciudad alguna del mundo tuvo tal defensa y por eso tú Sevilla, aunque pretendan calificarte de mil maneras, tú has sido, eres y serás siempre la ciudad de la Esperanza".

Antes de entrar en faena, Fernando Cano-Romero tuvo unas cariñosas palabras para el arzobispo, que ya conocía el Pregón de antemano, y para Rosamar Prieto-Castro, delegada de Fiestas Mayores que vivió ayer su último pregón como responsable municipal en materia cofradiera: "Quiero aprovechar para hacerle llegar junto a mi admiración y gratitud personal la de muchos cofrades sevillanos, de los que me hago portavoz, que no olvidan su señorío y buen hacer durante los años que ha tenido tan directa relación con nuestras hermandades". De justicia era decirlo.

Confesó Cano-Romero su "anhelo" por el atril que ocupaba, pero no dejó de recordar a tantos otros que nunca tuvieron la oportunidad de anunciar la Semana Santa a los sevillanos, como Laffón, Montesinos, Quintero, Cué, Duque, o Lozano: "Sevilla piensa en tantos pregones que se quedaron sin pronunciar a través de los años, sin que encuentre otro justificante que, al celebrarse este acto como preludio de cada Semana Mayor el tiempo, que se nos escapa veloz, ha impedido que pudiéramos deleitarnos con intervenciones inolvidables". Se presentó sin más título que "el estar enamorado desde siempre del encanto de vuestra ciudad que quise hacer mía y de sus hermandades" y aseguró que supliría "tanta deficiencia" dejando que afloraran sus sentimientos más profundos y hablando con el corazón el mano.

Como fiel siervo de la Iglesia y seguidor leal del arzobispo, el pregonero hizo suyas las palabras del prelado para reivindicar una Semana Santa asida a la fe y desde la fe, "si la despojamos de este sentido religioso, la dejaríamos en un grandioso conjunto de arte pero que también podría contemplarse en las salas de un museo sin más mérito que su atractivo artístico".

Se acordó de las cofradías surgidas hace años en las nuevas barriadas que se iban poblando con vecinos que tenían que abandonar sus devociones y barrios de toda la vida, a los que siempre vuelven en Semana Santa, para reencontrarse con ellos a través de otras imágenes: "Así surgirán hermandades que darán un verdadero ejemplo haciendo frente a la distancia que las separa del centro y las obligará a caminar muchas horas para poder llegar a la Catedral. Protagonizó una sentida defensa de las hermandades de víspera de las que dijo que "parten de una arraigada devoción a sus imágenes, colaboran en la labor pastoral de sus parroquias, aglutinan a un importante número de feligreses en su nómina y son foco de atracción para la labor que la Iglesia desarrolla en las mismas".

Uno de los momentos álgidos fue cuando el pregonero hizo, con voz desgarrada, una pública defensa en favor de la vida y en contra del aborto (sin nombrarlo) aprovechando el pasaje dedicado a la Virgen del Subterráneo de su Hermandad de la Cena: "Tú que diste vida a la Vida, no permitas que se arrasen tantas vidas como hacen los modernos Herodes de bata blanca o pijama verde amparados por una ley que protege el criminal asesinato del ser más indefenso del mundo [...]. Tú, Virgen del Subterráneo, ejemplo de maternidad responsable, no permitas que ninguna mujer de nuestro pueblo consienta que se arranque de su seno la vida incipiente de su propio hijo y le impida ver la luz del día al que podría ser un futuro cofrade de Sevilla". El pasaje fue muy aplaudido por el público, no así por el alcalde y la delegada de Fiestas Mayores que permanecieron impasibles.

Alertó el pregonero del deterioro que sufre el "catolicismo popular" y dio un tirón de orejas al defender que deber ser el cauce de la "nueva evangelización" que la Iglesia reclama frente a los que lo consideran como "mero folclore".

El pasaje dedicado a la Hermandad de los Estudiantes, de cuya nómina también forma parte el pregonero, fue el elegido para hacer una pública defensa de la permanencia de los crucifijos en las aulas o de las capillas en las universidades: "Frente a todo ello nuestra Universidad Hispalense, que se enorgullece de tener en tu Imagen el mayor de sus tesoros, te acoge con respeto y cariño, respalda tu Hermandad y Tú Señor sigues enseñando desde la cátedra del amor".

La defensa de la familia, "institución de derecho natural", personalizada en la Virgen de la Encarnación fue la antesala a un repaso por diferentes pasajes y por la devoción a la Madre de Dios. Al referirse a la Virgen de las Lágrimas, el pregonero alertó de la posible pérdida de Santa Catalina ante la "dejadez y el abandono". El dedicado a los jóvenes, "el futuro prometedor de las hermandades a los que corresponde armonizar el valor de la tradición con la innovación", a las acciones caritativas de las hermandades, o a los cinco siglos de las sacramentales, fueron otros fragmentos destacados.

Y el Gran Poder. "Señor que cruza la ciudad". La agresión del pasado junio a la imagen se hizo patente en el texto. Cano-Romero también alertó de las otras agresiones que suceden en los sagrarios, "donde también eres zarandeado y apaleado por la conducta y los pecados de los hombre".

La alusión a las setas estuvo presente en la narración de un pasaje vivido por Felisa, una señora que acudió a buscar a la Macarena por la calle Laraña y se topó con dos forasteros que se mostraban preocupados por el contrate que podía ofrecer el paso con las inacabadas formas por las que debía pasar: "Señora; ¿va usté a perdé er tiempo mirando p'arriba con lo que tiene delante de sus ojos?".

El final, antes de entonar un colofón buzoniano dedicado a la Macarena, se le hizo cuesta arriba al pregonero. Su voz, cuando habló de "su" Cautivo de Bellavista o de la Buena Muerte, denotaba cansancio. Los últimos minutos los empleó Cano-Romero en realizar un canto a la Esperanza: "Foco de atención que se adueña de todas las miradas y corazones". Al pregonero se le vio entregado y no pudo evitar emocionarse en la retahíla de símiles, metáforas y adjetivos que dedicó a su Virgen: "Tú regalo bendito de Dios a Sevilla, Tú lo eres todo para nosotros, Tú y sólo Tú, y por eso esta ciudad, por encima de todos los calificativos que quieran asignarle es la Ciudad de la Esperanza". Fernando Cano-Romero, ya con el corazón en la mano, desgranando sus sentimientos, terminó con los únicos cinco versos del pregón a modo de saeta emocionada: "Sevilla vio su Esperanza/ en tu carita morena/ y te hizo su Madre buena/ el centro de su bonanza /y te llamó Macarena".

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