Cerca de 600 niños viven con una familia de acogida

  • Unas 570 familias sevillanas participaron en 2017 en este programa de la Junta, que ofrece un hogar estable a menores en situación de desamparo y abandono

Los primeros días que el pequeño Pedro pasó con una familia de acogida, siempre preguntaba si esa noche volvería a dormir en la misma casa. A sus cinco años, no sabía lo que era un hogar y dormir cada día bajo un mismo techo. "Cuando caía la noche y aún estábamos en la calle, le entraba miedo, y quería volver corriendo a casa. Tenía muy claro que no quería volver a dormir en la calle", explica Francisco José Fernández quien, junto a su marido, Ricardo Sánchez, acogió hace algo más de un año a Pedro (nombre ficticio para mantener el anonimato del menor), que pronto cumplirá siete años.

En la provincia de Sevilla, cerca de 600 menores de edad en situación de desprotección y bajo la tutela de la Junta han disfrutado durante 2017 de un ambiente familiar gracias al programa de acogimiento familiar de la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales de la Junta de Andalucía. Estos pequeños tienen a sus espaldas una historia de desamparo y abandono. Padres con adicciones o negligentes, que no han querido o no han podido cuidar de sus hijos. Algunos de ellos no sólo han sentido el rechazo de sus progenitores, también el de sus abuelos, tíos o de otras familias ajenas que los habían acogido en un primer momento. "Si un niño se porta mal, no le puedes decir que le vas a poner las maletas en la calle porque esto no se lo tiene que imaginar, ya lo ha vivido", señalan desde Aproni, una de las instituciones que colabora con la Junta en el programa de acogimiento familiar.

En 2017, un total de 2.518 familias andaluzas participaron en el programa de acogimiento familiar, y 568 eran de Sevilla. De éstas últimas, 407 eran familia extensa del menor (es decir, abuelos o tíos), mientras que 161 eran familia ajena, no tenían ninguna relación sanguínea con el niño. La edad media de los cuidadores es de 49 años, según el último estudio elaborado por la Junta de Andalucía. En cuanto a su estado civil, el 75% son matrimonio, el 10% viudos y el 7% solteros.

La principal diferencia entre una acogida y una adopción es que en éste último caso se parte del deseo de ser padre, tener un hijo propio. En el acogimiento, ya sea de urgencia, temporal o permanente, el menor sigue en contacto con su familia biológica a través de visitas periódicas bajo la supervisión de un profesional.

En Andalucía, 3.124 niños se han beneficiado del programa de acogimiento familiar del 1 de enero al 31 de octubre de 2017 (último dato disponible). La mayoría de ellos se encuentran en la provincia de Málaga (702), seguido de Cádiz (626) y Sevilla (588). Con respecto a los menores sevillanos, la gran mayoría participan en el programa de acogimiento permanente; en concreto, 539 de ellos. En estos casos, los niños no pueden volver a convivir con su familia biológica aunque siguen manteniendo relación con ella. El acogimiento finaliza formalmente con la mayoría de edad del menor, aunque muchos de estos niños eligen continuar viviendo en el hogar de su familia de acogida.

Hasta 49 menores han sido acogidos en Sevilla a lo largo de 2017, por otro lado, por una familia de manera urgente o temporal. "A veces se debe intervenir de forma urgente e inmediata con menores que no pueden permanecer más tiempo con su familia biológica. Gracias a las familias acogedoras de urgencia, se evita que el menor ingrese en un centro de protección hasta que encontrar una solución a su situación", explican desde la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales. El tiempo máximo de estancia que se considera de urgencia es de 6 meses, "sin embargo, se intenta que el menor permanezca con la familia de urgencia tan solo días o pocas semanas". Este tipo de acogimiento siempre es remunerado. La familia de acogida percibe una prestación básica de 300 mensuales y una específica de 576 euros mensuales.

Otro tipo de acogimiento es el temporal. Éste tiene un carácter transitorio. Está pensado para aquellos casos en los que se está realizando el diagnóstico de la situación familiar del menor con el fin de valorar su vuelta con los padres biológicos o para tomar una medida más estable, como el acogimiento familiar permanente o la adopción. Los menores permanecen un máximo de dos años con la familia de acogida, que recibe una prestación mensual de 450 euros.

Hay un cuarto grupo, los profesionalizados. Existe un importante número de niños con necesidades especiales psíquicas, físicas o sensoriales, con problemas de conducta o que precisan un apoyo específico debido a los malos tratos o violencia sexual sufrida. A ellos va dirigido este cuarto grupo, donde al menos uno de los cuidadores cuenta con una cualificación, experiencia y formación específica para desempeñar esta función. En este caso, la familia recibe una prestación mínima de 576 euros mensuales.

En el caso del matrimonio formado por Francisco José Fernández y Ricardo Sánchez, ellos son una familia profesionalizada permanente, ya que el segundo de ellos es profesor de educación especial. La pareja vive en una unifamiliar a las afueras de Sevilla. "Tenemos dos caballos, cinco perros y un gato. Es un ambiente muy favorable para este tipo de niños", explica Francisco José Fernández. "Estos niños llegan con la autoestima muy dañada y ver que son capaces de controlar a un animal tan grande como un caballo les hace sentirse bien".

Cuando Pedro, que pronto cumplirá siete años, llegó hace unos 14 meses a a la casa de este matrimonio apenas hablaba. "Vino muy maltratado psicológicamente, con una familia desestructurada. Sabía lo que era dormir en la calle", explica Fernández, que recibe una subvención de unos 800 euros al mes como familia especializada. "Apenas sabía hablar, por eso pensaban que tenía un retraso emocional o en el desarrollo. Después de un año, está irreconocible, ha evolucionado muchísimo". Para Francisco José Fernández es muy importante no forzar la situación y tratar al pequeño con normalidad. "Estos niños llegan con un escudo. Te analizan, qué es lo que tú quieres y hasta dónde puede llegar", comenta. "Son como un piano. Si tocas la tecla inadecuada, la melodía empeora. No son un juguete o un niño que te regalan".

Antonio Girón y María del Carmen Rebollar, por otro lado, participan en el programa de familias de acogida de la Junta desde hace tres años y medio. Este matrimonio de Écija, junto a sus dos hijos biológicos de 19 y 12 años, son una familia de acogida de urgencia, y en estos tres años han pasado por su casa cinco menores: cuatro niñas y un niño. El más pequeño de ellos llegó con sólo cinco días de vida y el mayor, con 22 meses.

Desde finales de octubre, acogen a una pequeña que llegó con apenas nueve días de vida. "Su madre renunció a ella nada más nacer. No podemos juzgarla. No conocemos su contexto", manifiesta Antonio Girón tras darle un biberón a la niña. "Cuando la madre renuncia a su bebé, el proceso es más rápido, la familia biológica no recurre y en menos de seis meses el menor pasa a una familia adoptiva o de acogida de forma permanente", explica el hombre.

Uno de los requisitos para ser familia de acogida de urgencia es que uno de los cuidadores esté en casa. En este caso, es Antonio Girón el que no trabaja fuera de casa y se dedica al cuidado de los niños y a las labores domésticas. "Te llaman de un día para otro. Como mucho, te dan dos días de margen para que te prepares", señala. "La mayoría de los niños que van a este tipo de acogimiento tienen meses de vida, pero también los hay de hasta seis años".

Girón reconoce que sus hijos biológicos le ayudan en el cuidado de los bebés y que su marcha siempre es dura. "Se crea un vínculo y les coges cariño. Cuando se van, los primeros días lo pasas mal, hay un vacío en la casa, pero también tienes la satisfacción de haberle proporcionado cariño a una persona que carecía de él, que ha sido feliz el tiempo que ha estado contigo y que otra familia, que quizás no pueda tener hijos, va a cumplir su sueño adoptándolo. En el momento de la entrega, hay muchas emociones juntas", concluye.

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