Cierre de bares en el Paseo de Colón

  • La Policía Local precinta cuatro negocios en la vía junto al río por vender bebidas alcohólicas para su consumo en la calle y por mantener toldos y estructuras irregulares

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Once de la noche del viernes. Los bares de copas del Paseo de Colón están repletos de público. Hace buen tiempo. Dieciséis grados marca un termómetro cercano. Por la acera cuesta trabajo andar. En la puerta de los establecimientos se concentran decenas de personas bebiendo y fumando. Los camareros salen cargados de copas. Las llevan a los veladores protegidos con toldos y equipados con calefactores que hay en mitad de la acera. Esos mismos toldos que el Ayuntamiento ha ordenado retirar, sin que de momento los empresarios de los bares le hayan obedecido demasiado.

En la zona próxima a las puertas de los bares se forma un pasillo parecido a los de las bullas de Semana Santa, de esos en los que hay que ir andando poco a poco y a empujones, pidiendo permiso y aguantando, especialmente las mujeres, los comentarios de algunos borrachos. Se tardan casi diez minutos en recorrer veinte metros. Hay muchos viandantes que optan por dar un rodeo por la calzada, con el consiguiente riesgo de atropello. Éste es el panorama que se encontrarán poco después los agentes de la Policía Local de Sevilla, que ayer precintaron tres de los cinco bares de la zona: el Pinzón, el Colón 5 y el Bribón. Los otros dos, el F5 Sevilla y el Boga, decidieron echar el cierre por voluntad propia antes de que la Policía los denunciara. Los motivos son básicamente dos: dispensar alcohol para su consumo en la calle y no retirar los toldos y las estructuras que los sustentan.

Cuando llegan los policías, los empresarios desconectan los calefactores El dispositivo contra la movida está compuesto por unas 70 personas

Antes del zafarrancho en el Paseo de Colón, se ha cerrado el Zaratustra, un quiosco bar situado en la esquina de esta avenida y Reyes Católicos. Era un antiguo negocio de flores que tiene actualmente una concesión municipal para vender agua y helados. La única agua que venden la noche del viernes es precisamente helada, la de los cubitos de hielo de las copas que decenas de personas toman en una terraza para la que el quiosco tampoco tiene permiso. El Zaratustra tiene una resolución en su contra pendiente desde el año 2015, con una multa que supera los 4.000 euros. Dos agentes de la Línea Verde inspeccionan el local y lo cierran. Los clientes, entre ellos el ex presidente del Sevilla José María del Nido, apuran sus copas y se marchan.

Es ya medianoche. Los bares del Paseo de Colón siguen a tope. Ha refrescado algo pero continúa llegando gente. En las últimas semanas la Policía ha ido varias veces al Paseo de Colón y ha denunciado a los bares por la presencia de unos toldos que no están permitidos por la ordenanza municipal, que los autoriza siempre y cuando sean sombrillas que puedan plegarse e introducirse en el interior del local. En una de esas visitas, uno de los empresarios llegó a insultar a los policías.

Uno de los bares, el Pinzón, sí ha cambiado la estructura metálica que tenía por parasoles plegables, pero el resto no. "Lo hemos encargado, pero el camión no viene hasta el lunes", dice el encargado del Colón 5. "Venga ya, que hace diez días que lo comunicamos", responden los responsables del dispositivo municipal, en el que no sólo hay policías locales, sino también bomberos y miembros de Protección Civil.

Los policías van de paisano, pero su presencia se advierte rápido. En cuanto llegan, los empresarios desconectan los calefactores, uno de los elementos que estaban colocados de manera irregular. Hay quejas por parte del público que está en la terraza. Se apagan las luces y se disuelve la concentración de personas en la puerta. "Quilla, que éstos son de la secreta", advierte una joven a un grupo de amigas. Las chicas se marchan. La Policía levanta acta de cuanto allí ocurre. Los clientes están sacando copas a la calle, que está colapsada. No hay pasillo ni vías de evacuación. Los responsables del equipo deciden precintar. Empiezan por el primero según se llega desde Reyes Católicos, el Pinzón; siguen por el segundo, Colón 5; y el tercero, Bribón. A los otros dos no hace falta que lleguen porque los mismos dueños deciden cerrar antes de que les multen.

Los veladores se van desalojando. Los empleados colocan las sillas y taburetes sobre las mesas. Hoy nadie insulta, si acaso hay alguna queja y poco más. Los del Pinzón guardan las sombrillas en el local. Los de Colón 5 recogen la estructura metálica y los del Bribón tienen serias dificultades para imitarles. A golpes consiguen desanclarla del suelo. Y luego tratan de meterla en el bar en una maniobra puramente costaleril. La pérgola, ya plegada, choca con la puerta, como si de una cresta de un paso de palio se tratara. Al grupo de hombres que trata de recogerla se añaden varios más. "Al final van a tener que llamar a la cuadrilla de San Gonzalo", bromea uno de los presentes.

A escasos metros, el irlandés O'Neills sigue abierto y con veladores en la calle. La situación de este local es distinta a la de los otros cinco, ya que en Adriano comienza una Zona Acústicamente Saturada, por lo que tiene que cerrar antes. Al ver que los negocios colindantes se desalojan, se corta la actividad de la terraza. Los clientes de todos estos locales van desfilando. Otros se acercan a preguntar qué pasa. "¿Y ahora qué? ¿Me tengo que ir a mi casa?". A casa se van pocos. La mayoría busca refugio en otros locales y un nutrido grupo termina haciendo una botellona en los jardines de la Madrina.

El dispositivo del Ayuntamiento contra la movida, la botellona y las irregularidades de los bares de copas está compuesto por unas 70 personas. Hay otra pareja de inspectores en otra zona y presencia de policías de uniforme en la Alameda, la Alfalfa y Viapol, las zonas más afectadas por los problemas de la movida en las últimas semanas. El Consistorio ha decidido aplicar la mano dura contra los excesos en el sector de empresarios de ocio a raíz de la noche de Halloween, que se convirtió en una nueva Nochevieja, con fiestas masivas de adolescentes que tuvieron que ser desalojadas.

Son ya tres semanas de inspecciones, órdenes de cierre y denuncias con cierta intensidad. En el Ayuntamiento entienden que la situación se estaba descontrolando y que era necesario intervenir con urgencia. "Había una cierta sensación de impunidad. No de ahora, sino de siempre. Yo recuerdo que en uno de mis primeros servicios, hace ya catorce años, una empresaria que era sueca me dijo que adelante, que la denunciara, que no iba a pasar nada. La Administración es una piedra gigante que se mueve muy lentamente, pero que cuando empieza a rodar ya no hay quien la pare", explica uno de los policías que participa en el despliegue. Estos controles se mantendrán activos de la misma forma hasta Navidad.

A la una y media el Paseo de Colón está vacío. En una hora se han desalojado y cerrado todos los negocios. Los bares cerrados no podrán abrir hasta que no tengan una resolución de la Delegación de Medio Ambiente que así lo autorice. Los dos que cerraron motu proprio sí podrían hacerlo, pero saben que la Policía volverá esta noche para comprobar que todo está en regla. En otro punto de la ciudad, en Los Remedios, se monta un control de alcoholemia. Es el segundo punto. El primero se estableció en Juan de Mata Carriazo. Hubo 40 pruebas y todas ellas negativas. El de Los Remedios está en Alfredo Kraus, junto al depósito municipal de vehículos. Ahí se produce el primer positivo, en torno a 0,50 miligramos de alcohol por litro de aire espirado. El conductor intenta despistar en la prueba de contraste, soplando más fuerte y expulsando más aire del debido. El policía le advierte: "A ver si por ahorrarse una multa va usted a ser imputado por un delito de desobediencia por negarse a pasar el control".

La noche está ya muy tranquila. En la Alameda hay otro grupo de policías esperando que den las tres de la madrugada para vigilar el cierre de los bares, que se cumple rigurosamente desde hace varias semanas. También los hay en la Alfalfa, en la calle Pérez Galdós, y en Nervión, donde al principio de la noche fueron denunciados dos establecimientos por vender hielos y bebidas para su consumo en la vía pública. Como en la Semana Santa, el ruido de los camiones de Lipasam limpiando las calles es la señal inequívoca de que todo ha acabado por hoy.

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