"No sé si llegaré a ver la Ciudad de la Justicia de Sevilla, empiezo a dudarlo"

  • El catedrático de Derecho del Trabajo que militó a la izquierda del Partido Comunista ocupará en la Sala de lo Social del Tribunal Supremo la plaza de Martín Valverde, el profesor que le dirigió la tesis

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Nació el día que americanos y japoneses firmaron el final de la Segunda Guerra Mundial en el acorazado Missouri. Manuel Ramón Alarcón (Sevilla, 1945) toma posesión a finales de mes en Madrid como magistrado de la Sala de lo Social del Tribunal Supremo. Ocupará la plaza de Antonio Martín Valverde, que le dirigió su tesis sobre El derecho de asociación obrera en España (1839-1900).

-Es el decano que retiró los crucifijos de Derecho y va a un Tribunal que preside Carlos Dívar, hombre de misa diaria...

-Tengo una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre el tema de los crucifijos.

-¿Cuántos había?

-Uno en cada aula. Hace poco recibí un correo de un señor de Cádiz que me decía que le gustaría tener uno. He hecho gestiones y no he podido averiguar dónde están. No sé si en un almacén.

-La primera foto al entrar en su casa es un niño de nazareno.

-Mi nieto Juanito con la túnica de las Siete Palabras acompañado por sus primos Ramón y Carlos. Yo nací en la calle Carlos Cañal y un amigo de la infancia me hizo de la Soledad de San Buenaventura. En mi casa se vivía el ambiente republicano. En esa hermandad la vara la lleva el jefe local del Movimiento. Esas cosas que pasan en Sevilla, con tantísimo ateo debajo de los pasos.

-¿Cuándo se puso por primera vez delante de un tribunal?

-Al final del franquismo, ante el Tribunal de Orden Público. Vino la democracia y sobreseyeron la causa. Por propaganda ilegal.

-Su nueva túnica fue la toga. ¿Cuándo la estrena?

-En el bufete de abogados laboralistas que abrí en 1976.

-¿Le hizo la competencia al bufete de Capitán Vigueras?

-Había varios bufetes: el de José Julio Ruiz, el de Aurora León, el de Tomás Iglesias. Cada partido tenía su bufete. Nosotros éramos de la izquierda extraparlamentaria. Entonces todos éramos extraparlamentarios. No éramos prochinos ni prosoviéticos.

-Su ex mujer Amparo Rubiales cuenta en sus memorias que en cada casa del barrio de Santa Clara había un candidato...

-Las hicieron para los americanos de la base de Morón. Las compró una inmobiliaria y las vendió muy baratas. Eran muy sólidas, no se calaban. Hubo un pequeño terremoto y los vecinos del Polígono San Pablo bajaron aterrorizados en pijama. En Santa Clara ni se notó. Es verdad que era el barrio de los progres. Vivían Diego de los Santos, oíamos a Carlos Cano cantar en su jardín, Fernando Pérez Royo, Pipo Clavero, Juan Carlos Aguilar o Alfonso Guerra.

-¿Fue muy de izquierdas?

-En 1977 era candidato del FUT, donde estaban Acción Comunista, la LCR y OIC. Intentamos fusionarnos con el POUM, pero fracasó. Un primo mío vino de Écija y me escuchó en un mitin que di en el Casino de la Exposición y dice que no ha pasado más miedo en su vida de las cosas que yo decía.

-Es cónsul de Croacia en Sevilla.

-Desde que se fueron Suker, Jarni y Babic no hay ninguna actividad diplomática. Un señor me llamó para organizar una exposición de corbatas, que nacieron en Croacia. Me lo propuso Frene Krnic, un yugoslavo a quien conocí en un curso en Nancy. Fuimos a París y del mayo francés me vine a hacer el campamento en Obejo.

-¿No le cogió el tribunal militar?

-Me dejaron sin el pase de pernocta en el Soria 9 y estuve un mes en el calabozo leyendo a Althusser. Un ladrillo.

-Dejó de ser esposo de Amparo Rubiales, pero sigue siendo consuegro de Juan Salas Tornero...

-Yo no soy nada sectario. He conocido a mucho hijo de puta en la izquierda y a gente encantadora en la derecha. Y viceversa. No soy una persona unidimensional, que diría Marcuse. Me gustaba hablar de toros con mi suegro y hablo del Betis con mi consuegro. Los dos somos béticos anti-loperistas.

-¿Verá la Ciudad de la Justicia?

-Empiezo a dudarlo. He visto la de Barcelona y es espléndida.

-¿Qué lugar ocuparía Amparo Rubiales en sus Memorias?

-Somos de la misma promoción. Yo la recogía en la calle Espíritu Santo cuando acababa los ensayos de Esperpento. Nos casamos en 1971 y nos separamos en 1981, días antes del 23-F. Ese día fui a la casa de Santa Clara a recoger a Amparo y a los niños, que dejamos en casa de mi suegro. No iban a ir a la casa del presidente de la Sala de lo Contencioso-Administrativo. La noche de los transistores Amparo y yo la pasamos en un pequeño piso que yo acababa de alquilar en la calle Zaragoza. Ella con su actual compañero y yo con mi segunda mujer.

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