Colores de paz en el Polígono Sur

  • Un taller intercultural de pintura fomenta la tolerancia y la convivencia entre alumnos de Las Letanías

"Lo que más me gusta de ser gitana es el color de mi piel", escribía Rosario Flores, de 9 años, al autopresentarse en el taller intercultural que se celebró ayer, con motivo del Día Internacional Escolar de la Paz, en el Ceip de Nuestra Señora de la Paz (precisamente).

Colores para entender la diferencia de colores, culturas y nacionalidades. Esa era la idea de este taller, impartido por el pintor y gestor cultural Javier Fito, en colaboración con la Fundación Avalon, en el que participaron niños de distintas etnias y países.

Variedad de orígenes que reflejan la composición del alumnado -entre 140 y 170- de este centro de Las Letanías que, según explicaba Emilio Vela, jefe de estudios, cuenta con un 90 por ciento de niños de etnia gitana, además de otras nacionalidades, todos vecinos del Polígono Sur.

No hay problemas de convivencia, afirma Emilio, entre niños gitanos y payos, "porque son del barrio, se conocen, son vecinos y salen juntos", como tampoco los hay para la integración de los hijos de emigrantes. Otra cosa son el bajo nivel académico o el absentismo, que hace que este centro de educación de infantil y primaria, "como todos los del Polígono Sur", sea considerado también de compensación educativa.

Ello implica, por ejemplo, explica Emilio, "que esté abierto las 24 horas para toda la comunidad educativa. No sólo los alumnos, sino también los padres, para los que hay una desayunos y una escuela que, además de enseñarles a leer y escribir, pretende que se involucren en el colegio". Los contactos con asociaciones como la Unión Romaní, Entre Amigos o Fundación Radio Ecca, o con los otros centros educativos, son también permanentes.

El sistema de trabajo del colegio, añade el jefe de estudios, es también "más libre", con actividades como las que organizaron ayer para celebrar el Día Intencional Escolar por la Paz.

La jornada comenzó con una Gymkhana en la que los pequeños -de entre 3 y 12 años- tenían que hacer una primera posta llevando alimentos del primer al tercer mundo. Luego separar los juguetes bélicos de los no bélicos -habría una quema de los primeros más tarde- y separarían imágenes de personajes que representaban la paz o la guerra. Por último, pintura de manos en el muro.

Mientras, en un aula, se repartían fotocopias ampliadas de fotografías de los alumnos participantes en el taller de pintura y de cuatro miembros de la comunidad educativa -Emilio Vela, la profesora de religión Macarena Mijes, la monitora de educación especial Mariló y el limpiador Andrés- que los niños comenzaron a colorear bajo las instrucciones de Javier Fito, al que Noelia, de 7 años, no soltaba ni un momento.

"¿Quién es y de dónde viene?", preguntaba Javier mientras enseñaba las fotografías. "¡Pemba!", gritaron los niños al ver el de un niño de origen senegalés que, sin embargo, apuntó muy orgulloso que él ha nacido "en la Macarena". "En Senegal hay mucha pobreza y aquí vivimos mejor", escribía en su autopresentación Pemba, aficionado del Sevilla -como su amigo Christian, un niño de 12 años de Las Vegas- y admirador de Kanuté.

"No me gustan las peleas. No me gusta que mi barrio esté tan sucio. Pero la gente es alegre y eso me encanta", escribió Rosario Flores. De Merita, albanesa con pasaporte ruso, la información la dio su madre: "De mi país me gustan las fiestas, las nieves y la naturaleza. Nos venimos aquí para buscar un futuro mejor".

El ecuatoriano Andrés, de 9 años, pintó su cara de morado. "En Sevilla me tratan muy bien y son muy buenos conmigo". Yonatan, "puertorriqueño de las Tres Mil", tiene sólo 6 años y necesita ayuda para dibujar el suyo. Casandra pintó el de Andrés y Jenny el de Macarena. "Me gusta hacerlo porque es muy buena", dijo.

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