Los invisibles

"Me fui hasta Copenhague sin billete diciendo en casa que me iba a Sanlúcar"

  • En la madurez de sus clases de instituto en la Palmera ha vuelto en una novela a recordar las vivencias adolescentes con el Guru, la Luz Divina y el Maestro Perfecto

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ESTUDIÓ Farmacia, enseña Biología en el Fernando de Herrera y acaba de publicar su primera novela, Sin noticias de Acuario (Paréntesis). El libro de Reyes García-Doncel (Sevilla, 1957) acaba un día antes de la muerte de Franco.

-¿Qué hacía usted ese día?

-En noviembre de 1975 tenía 18 años. Probablemente estaría paseando por Los Remedios.

-¿Por qué elige esa fecha?

-Es cuando dejo el Guru y retomo los estudios de Farmacia.

-¿Ha ejercido de farmacéutica?

-Lo intenté. Empecé la tesis, que dediqué al desarrollo de los neurotransmisores de la visión a lo largo del crecimiento. Le sacaba el cráneo a las ratas y cogía el piquito del cerebro donde está la visión. Pero aprobé las oposiciones para dar clase de Biología.

-¿Dónde estaba el Guru?

-En Malibú, en un chalé con maserattis, con aviones privados, pero decía que no había que valorar las cosas importantes. El Guru tenía, tiene mi edad. Lo adoraban y le besaban las manos, yo se las besé dos veces, en Essen y en Conpenhague. Éramos muy viajeros, porque estaba prohibido en España. Era el Maestro Perfecto para llegar a la Luz Divina.

-¿Pagó la factura de la lucha generacional?

-Mi padre era más bueno que el padre de la novela. Lo pongo más duro para poner al lector en situación. El Guru es una metáfora de otros mecanismos igualmente alienantes. El padre es franquista y del Opus; también se da en los partidos políticos, convencidos en aquella época de que la revolución era lo primero de todo y estaba por encima de todo.

-¿Farmacéutica, profesora o novelista?

-Soy una profesora que ha escrito una novela. También participé en un libro de relatos eróticos titulado Así os ponemos los cuernos las mujeres. Me encargaron el libro de texto para tercero de ESO de Ecología.

-¿Hay conductas alienantes en los colectivos ecologistas?

-Por supuesto, pero no me atrevo a hacer chistes de eso porque la situación ambiental es muy grave. Hay que ponerse muy serios, porque la cosa se pone peligrosa. Sólo hay ojos para la deuda, la crisis financiera y la prima de riesgo; todo lo demás ha quedado en un segundo plano.

-¿Es más difícil una novela que un libro de texto?

-Sin punto de comparación. En los materiales de texto, los conceptos son los conceptos. La simbiosis y los líquines son siempre los mismos. Hay creatividad para diseñar actividades. En la novela, estás tú sola.

-Isabel Tenaille estaría encantada si supiera que sale en su libro.

-La televisión era una ventana al mundo. Era una chica muy mona, muy peinadita, pero al mismo tiempo moderna. Le gustaba mucho a todas las madres. Es un paradigma de la transición. Todo el mundo habla de la transición, pero ya había mucho hecho, la sociedad civil había cambiado. La generación de mi padre acabaron medio zombies, como animales que se quedan sin territorio.

-¿A los cantautores los padecía o los gozaba?

-Me gustaban. Esas canciones, Al vent, L'Estaca, eran como himnos, como cuando en el Guru cantábamos el Arti cogidos de las manos, como un credo.

-Hay una película de Mariano Ozores con Esteso y Pajares en la que parodiaban ese mundo...

-Me gustaría verla. Aquello funcionaba como un kit, un completo en el que iba Carlos Castaneda, las drogas psicodélicas, los chamanes, el yoga, el orientalismo, la astrología. No había ninguna conciencia de peligro, porque nos creíamos en el centro de la modernidad. Los demás tenían vidas vulgares. Lo nuestro era lo genuino, lo original. Por eso costaba tanto trabajo salir de ahí.

-¿Por qué se metió?

-He contado por qué me salí. Iba allí huyendo de la familia tradicional y veías que se repetían los estereotipos. En la organización, todos los secretarios eran hombres, todas las home-mather mujeres. Yo llegué a ayudante de home-mather, limpiaba los váteres con mucho amor.

-¿Dónde fue su bautismo literario?

-La he presentado en las dos ciudades más presentes en mi vida. En Cádiz, en la librería Las Libreras, que es de cinco libreras. En Sevilla me la presentó Rafael de Cózar en la Fundación Cruzcampo. Fito (Cózar) estuvo conmigo en el Guru por el mismo tiempo. La mitad de un personaje de la novela está inspirado en él.

-Pérez-Reverte también lo ha inmortalizado...

-Lo saco en una dinámica de grupo del Guru en la playa de la Victoria. Él se lo tomó más como filosofía y complemento. Yo me metí de lleno. Me fui a Copenhague sin billete diciendo en casa que me iba a Sanlúcar de Barrameda.

-¿Cádiz o Sevilla?

-Cádiz es mi casa, allí están mis raíces. Sevilla es como el bosque de los cuentos, un sitio que da miedo pero tienes que atravesar porque allí hay algo que quieres hacer. Sevilla para mí era como Nueva York, ciudad llena de cosas interesantes donde estaban mis amigos, donde llegué al Guru.

-¿Tiene síndrome de Estocolmo?

-Ni de Estocolmo ni de Copenhague. En la novela cito una escena de la película El espíritu de la colmena en la que Ana Torrent está mirando al monstruo. Hay muchos monstruos. Lo difícil es saber dónde están.

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