Cristina Hoyos

Del Corral Trompero a Nueva York

  • La bailaora vuelve a callejear entre Vírgenes, su calle-placenta, y jardinesMurillo en los que de niña la fotografiaban.

EL número 11 de la calle Vírgenes es hoy el 9. Sólo unas piedras de la fachada dan cuenta del antiguo convento en el que se ubicó el corral Trompero, casa de vecinos con cinco patios, escaleras y barandas donde nació en la primavera de 1946, un año antes de la visita de Evita, la bailaora Cristina Hoyos. La pequeña de las cuatro hijas de Cristina Panadero y de Apolinar Hoyos, bombero, fotógrafo, albañil, hijo de un montañés y una sevillana de Pilas.

"En el patio ni se jugaba, porque éramos muchos niños y la casera no nos dejaba, ni se bailaba. Sólo cuando había bautizos ponían el picú". A la niña la bautizaron en San Nicolás, de donde sale la Candelaria, y vivió en esa casa los veinte primeros años de su vida. Hay en esta Sevilla de su infancia, ciudad más callejera que del callejero, una prefiguración local de su vocación universal. El mundo, que después lo recorrería un montón de veces, le mandó unos singulares embajadores.

"Con mis amigas del colegio, nos íbamos a los jardines Murillo a bailar sevillanas y los turistas nos hacían fotografías. Eso me fue motivando". Su Universidad, los programas de radio, "antes cantando que bailando", canciones de Lola Flores, de Luisa Ortega. El resto lo hizo el maestro Piñero, el guitarrista que la acompañó en su primera actuación con público, y Adelita Domingo.

Apenas había salido de la provincia, "lo más lejos que había llegado para bailar era Torremolinos", y de pronto el corral Trompero se conmociona con la noticia: la niña que estudió en el colegio San Isidoro se iba a Nueva York con la compañía de Manuela Vargas. "Fue en 1965, tenía 18 años". El nuevo corral de vecinos se llama pabellón de España de la Feria Mundial de Nueva York. "Estuvimos seis meses. Lo más alto que había visto era la Giralda; más que los rascacielos me impresionó la luz nocturna de Nueva York. Sevilla tiene una luz natural maravillosa, pero de noche no había luz en las calles y en las casas dos bombillas pelás y mondás".

En Nueva York convive con Fosforito, con el Beni de Cádiz, con Habichuela y Naranjito de Triana. Y conoce quien sería su pareja, Félix Ordóñez, el mismo que la convence de que se tiene que ir a Madrid. "El empujón me lo da mi padre. Yo no tenía mucha fe, era flaquita, tenía pecas. En mi padre encontré la mejor ayuda. Por eso, por compensar su apoyo y su esfuerzo, el mismo año que se muere, en 1966, yo me voy a Madrid".

De Sevilla a Madrid pasando por Nueva York. El vaivén lo recuerda ahora callejeando por Garci-Pérez, Conde de Ybarra, Lirio, el atlas de su infancia. "En la calle Lirio vivió muchos años Enrique el Cojo". Al Madrid mesetario llegaba el mejor pescado del norte y el mejor arte del sur. "Los primeros años viví en pensiones. Allí estaban empezando Camarón, Pansequito, José Mercé, Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar". Lo primero que hace es intervenir en una película con Rocío Jurado.

Le han hablado a Antonio Gades de la joven bailaora y bailarina recién llegada de Sevilla. Va a verla al tablao donde actúa y le insinúa que se vaya preparando para un proyecto de futuro. "Eso hice, perfeccionar el mecanismo de dar la vuelta, de colgar el cuerpo". 1966 es el año de la sexta Copa de Europa del Madrid. "La viví porque mi pareja era madridista. El Madrid de Gento", y pronuncia con admiración el apellido del futbolista paisano de su abuelo Isidoro, el montañés que se trajo el apellido Hoyos hasta Sevilla.

Veinte años de pareja artística de Antonio Gades, de 1968 a 1988, con algún paréntesis y una actuación "para evitar represalias" ante Franco en el Pardo. Y el pasaporte en perfecto estado de revista. Ha recorrido los países de todos esos turistas que la fotografiaban en los jardines Murillo. "Menos India, Australia y África, he bailado en todo el mundo. Japón es como mi segunda casa, París la capital del mundo". Creció en la bendita inopia de ser feliz en años de dura posguerra, tiempos de precariedad y escasez. Por eso le emociona recordar esas visitas a los países del Este, "hasta Rusia en autobús, países con mucha cultura y mucha necesidad. No había comida para todos, pero actuábamos en teatros de ópera".

Vuelve a Sevilla en 1988 y no queda nada de su casa de Vírgenes. "Quería venirme al centro, las casas que me gustaban no tenían garaje y las que tenían garaje no me gustan". A Madrid se fue en 1966 conduciendo un Seat 600. "Ahora tengo mi Bautista", y señala a Juan Antonio Jiménez, su pareja, al que conoció en la compañía de Gades. Vivió el 92 de Sevilla y el de Barcelona, actuando en la inauguración y en la clausura de los Juegos. "Sevilla se abrió al río y Barcelona al mar". La Phileas Fogg del baile recuerda los países que visitó, pero no olvida los pueblos de la provincia que recorrió en la troupe radiofónica de Juan Bustos. Vive en Tomares. Prepara una coreografía de El gato montés para José Carlos Plaza y cursos de baile en México y Cuba. Fundó el Museo del Baile Flamenco. Fue la hija de Lola Flores en Juncal y es maestra de baile de alumnas como la soprano Julia Migenes o la actriz Salma Hayek.

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