Dimensión social de una restauración

  • Ayer se entregaron los diplomas a los participantes del taller que han trabajado en el Salvador

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"Puede que ni cuando se construyó la iglesia del Salvador colaboraran tantas personas e instituciones como lo han hecho en su restauración", afirmaba ayer Francisco Navarro, presidente de Forja XXI. A falta de pocas semanas para que concluya oficialmente el proceso, ante el mismo altar que hace cuatro años amenazaba con ser tragado por la ruina, se reconocía el trabajo de los componentes del taller de restauración y conservación de madera promovido por la fundación, que se clausuró ayer con el recuerdo del gran ausente, Juan Garrido Mesa, impulsor del proyecto.

15 personas -10 mujeres y cinco hombres- de entre 25 y 56 años, "edades de difícil empleabilidad", según destacó el consejero de Empleo, Antonio Fernández, han sido los participantes en este taller. La mayoría, apuntó la directora de la iniciativa, Caridad Moreno, "no tenía ninguna experiencia".

Aun así, su contribución "forma ya parte de la historia del Divino Salvador", afirmó el rector de la Iglesia, Francisco Ortiz, y ya se puede apreciar, por ejemplo, en los distintos retablos de la iglesia. "Han restaurado más de cien piezas", apunta Francisco Navarro. Entre ellas, "38 esculturas, confesionarios, armarios, 26 bancos, atriles, libretos de coro, candelabros, el palanquín de la Virgen...".

La diferencia entre el estado en el que se encontraban algunas de estas piezas y en el que se hallan ahora era evidente en un cartel situado ayer junto al altar: la imagen de San Blas, el ángel turiferario del Retablo de la Virgen del Rocío y en particular el palanquín del niño Jesús de la Virgen de las Aguas estaban descoloridos, despintados, en muy mal estado. Nada que ver con el aspecto brillante y renovado que muestran ahora.

Pese a su inexperiencia, los alumnos comenzaron a trabajar sobre las piezas, explicó Caridad Moreno, "desde el primer día". Una responsabilidad importante, incluso para algunos que, como Alberto Rodríguez, ya habían tenido contacto con la escultura. "Para mí, lo más difícil fueron las cajoneras. Cuando llegaron estaban en tan mal estado que me asusté", recuerda.

Aun así, compañeras suyas, como Nuria Ergueta, que no sabía apenas nada de trabajar la madera antes de comenzar el curso, tampoco lo ven tan difícil. "Noooo. Es sólo cuestión de pulso y de paciencia", asegura.

Reyes Soriano, a quien le tocó restaurar la imagen de San Hermenegildo, admite que era un trabajo complejo. "Estaba bastante deteriorado por la pérdida de policromía, restos de cera... Primero hubo que limpiarlo y luego reintegrarlo cromáticamente, primero con estuco y luego pintándolo con acuarela".

Todo, bajo la cercana supervisión de la monitora, Matilde Valseca, que tuvo que dejar el curso en su última fase y fue sustituida por otro monitor, Alberto Rodríguez, quien afirma que sus pupilos se han enfrentado "a múltiples retos, desde crucificados".

Un año después, el concurso concluyó ayer "y nadie se ha quedado en el camino", apuntaba el consejero de Empleo. Ahora, dado que éstos son "la dimensión social" de la restauración del Salvador, lo importante es que encuentren trabajo.

70 empresas ya se han interesado por su trabajo y 10 de ellas han recibido ya algún tipo de oferta. Y si no, el presidente de Forja XXI les ofrecía el asesoramiento de la fundación para convertirse en autónomos y trabajar sin abandonar incluso el Salvador: según la oferta de Francisco Ortiz, hay mucho que hacer. "Ahora tenemos que encontrar fondos".

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