Dios le editó su epílogo

  • El primer seglar. En la despedida de Sánchez Dubé, destacan al cofrade que llevó el Vaticano II a las hermandades, creó el vía crucis y el cartel y encabezó la transición

NACIÓ un Miércoles Santo, 4 de abril de 1928, y ha tardado casi 82 años en llegar al Domingo de Resurrección. Porque el funeral que ayer se celebró por José Sánchez Dubé en el Tanatorio de la SE-30 no fue una fiesta de la muerte. Quizás por eso se celebró tan temprano. A la muerte la cogió dormida y desprevenida.

La misa la ofició Fernando García Gutiérrez, un jesuita de Trajano de la generación de Dubé, especialista en cultura japonesa. Le asistió en la Eucaristía Manuel Soria, delegado diocesano de Hermandades, que la víspera acudió con el arzobispo, Juan José Asenjo, que ofició un responso en la intimidad para las hermanas del fallecido, sus hijos Pepe y Magdalena y sus cuatro nietos. El cardenal Carlos Amigo estaba de viaje en Estados Unidos y le dio el pésame a la familia por teléfono.

Sánchez Dubé fue presidente del Consejo entre 1975 y 1983. Desde la muerte de Franco al triunfo de los socialistas. "Es el creador de todo. De la nada hizo el Consejo de Cofradías", dice Joaquín de la Peña, secretario del Consejo en el mandato de Manuel Román, el mismo cargo que su padre ocupó con Sánchez Dubé.

Una vida plena desde aquel Miércoles Santo a esta antesala de Cuaresma. Siguió la senda de Belmonte. Nació en la calle Feria, cada año iba a su casa de esquina, frente al mercado y Omnium Sanctorum, para entregarle un ramo de flores a la Macarena cuando pasaba por esa primera página de su vida. Se hizo hermano de la Estrella cruzando el Guadalquivir. El nombre de la editorial en la que tanto ha hecho por Sevilla y por la Semana Santa.

Es el primer seglar que ocupó el cargo de presidente del Consejo de Cofradías. El último sacerdote que lo presidió fue José Luis Peinado. A Sánchez Dubé le sucedieron José Carlos Campos Camacho y Luis Rodríguez-Caso. Al funeral acudieron los tres últimos cofrades que han ocupado el cargo. "No ha ido nunca a remolque. Ha sido pionero, el vivo reflejo de la presencia del Vaticano II en el mundo seglar y en el de las hermandades", dice Manuel Román.

Antonio Ríos fue delegado del Lunes Santo en una de sus juntas. "Su legado es enorme, inabarcable". De él destaca "su bondad, su sentido profundo de Iglesia". Adolfo Arenas, actual presidente de lo que creció con su impulso y con su intución, lo conoció en la Hiniesta. "Ha sido maestro de todos y amigo de muchos". Coincidieron en numerosos viajes a Madrid "por motivos profesionales". Del tanatorio, Arenas se fue a la Exaltación en San Román.

"Siempre nos saludábamos en alemán". Otto Moeckel, hermano mayor del Baratillo entre 1967 y 1974, un año antes de que Dubé llegara a la presidencia del Consejo, habla de su "sapiencia y experiencia". Joaquín Moeckel, que ocupó años más tarde el mismo cargo en esta hermandad del Miércoles Santo, lo define como "hombre con mano de hierro y guante de seda" para mediar en "una Madrugá convulsa". No la de los incidentes, otra anterior, más doméstica, que el abogado define gráficamente como "conflicto nazarenil". "Yo vivo en Varflora y él tenía allí su editorial".

Sánchez Dubé invitaba a don Otto a todas las presentaciones de libros. Y le ayudó en el sello que editó la cofradía para recaudar fondos, "con una foto de la Piedad por Adriano con el sol de frente camino de Pastor y Landero".

El jesuita García Gutiérrez contó en la homilía que en el hospital donde esperaba que Dios le editara el epílogo de su vida repartía a quienes le visitaban "una estampita de la Estrella". Rafael Medina Cabral fue el hermano mayor que le encargó el pregón de la Coronación de la Estrella. "Cuando era presidente del Consejo, mi padre, Rafael Medina García de la Vega, era hermano mayor. Fueron de la misma promoción de Derecho".

En 1970 pronunció el pregón de la Semana Santa. "Lo estoy viendo en el atril del Lope de Vega", recuerda Alberto Máximo Pérez Calero, médico y presidente del Ateneo. Su vivencia de Sánchez Dubé no es nada académica. "Nosotros vivíamos en un bajo de la calle Asunción y don José en el tercer piso. Tenía yo siete u ocho años y mi madre me envió a verlo. Allí me tenía preparada una caja de cartón con la túnica de Nuestro Señor Jesús de las Penas. Ese mismo año salí en el Senatus. Fue quien me llevó a la Estrella".

Su obra era tan expansiva como su vida. Julio Cuesta evoca su capacidad de trabajo. "He tenido en mis manos su última producción, una historia de la Cruzcampo que está a punto de ver la luz", dice el presidente de la Fundación Cruzcampo. A Carmen María Pérez Rivero, su esposa, le editó dos libros de prosa poética, El cabrero y La claridad. "Quería que publicara más poesía. Un día me mandó a un mensajero y se llevó los originales a mano para que alguien los transcribiera con una máquina de escribir". Al tanatorio fue Enrique Valdivieso, catedrático de Historia del Arte. Sánchez Dubé le editó los libros Sevilla oculta, Historia de la pintura sevillana, Pintura barroca sevillana y Valdés Leal.

Editó la colección de Alfonso Braojos Memoria de un siglo y distribuyó las publicaciones del Monte de Piedad. Hizo la transición de las cofradías en plena transición política. Una especie de Suárez sevillano que desterró inercias y rutinas navegando en un mar de los sargazos.

"Sevilla y la Semana Santa". Así define su hijo Pepín las ocupaciones de su padre. Creía en Dios y en Gutenberg. Joaquín de la Peña enumera algunas de sus calladas revoluciones: "Convenció a las hermandades de que se tenían que autogestionar; normaliza la representación de las hermandades, que antes eran un anexo de Palacio; crea el vía crucis; pone en marcha el cartel de Semana Santa; consigue la cesión y reforma de la casa de San Gregorio y la cesión de la explotación de la carrera oficial".

En el bajo de la casa donde nació está el bar La Alegría de la Feria. Sánchez Dubé representa la Alegría de la Semana Santa.

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