La Noria

Divorcios con matrimonio previo

  • Los divorcios y las separaciones legales se multiplican por tres en la provincia de Sevilla en apenas unos años. La mayor parte de ellos se producen de común acuerdo como resultado de las reformas legales del 'divorcio exprés'

SOSTENÍA en público Marx -Groucho, por supuesto-, con sobrado grado de cinismo e ironía plena, que la principal causa de un divorcio suele ser un matrimonio, generalmente de naturaleza previa. Parece evidente que puede haber otras razones, incluso superiores en importancia, para llegar a consumar una ruptura, pero por pura lógica será obligatorio necesariamente cumplir antes con el requisito de la unión para poder llegar con opciones al momento de la separación.

Esta aparente obviedad, como muchas otras similares, esconde sin embargo una verdad profunda: acaso la causa oculta del fracaso (en este caso sentimental) que tantas y tantas personas sufren a diario en este campo obedezca precisamente justo a cómo plantaron, sobre qué terreno, fértil o yermo, la llamada semilla de la felicidad. Dicho de otra forma: la dicha personal probablemente dependa de cómo sea la particular lectura subjetiva que cada uno de nosotros hagamos de tal concepto. De ahí que el matrimonio, para algunos, aparente ser, al inicio, un regalo divino y se vuelva con el tiempo un verdadero infierno en la tierra, mientras que para otros todas las amenazas que usualmente suelen asociarse a la unión estable de una pareja terminen siendo más mitológicas que ciertas. Claro que en esto, como diría el Licenciado Vidriera de Cervantes, lo más inteligente es quedarse en el punto medio. Ser neutro. Ni frío ni calor. Ni devoción total ni maldición integral.

las estadísticas

En Sevilla, durante los últimos tres años, los datos oficiales dibujan una clara tendencia de evolución social: las uniones eternas han dejado de ser la norma. La estadística señala además que el número de separaciones y divorcios se ha multiplicado por tres en toda la provincia, hasta el punto de suponer ya casi seis rupturas por cada diez nuevos matrimonios o uniones que se celebran formalmente. Parte de este notable incremento se debe a que han empezado a emerger los llamados litigios ocultos matrimoniales, situaciones con frecuencia relacionadas con la propia esencia de la unión marital. Esto es: separaciones que, con la antigua ley, acaso se producían de hecho, pero no tanto de derecho. Rupturas que ahora se formalizan con mayor comodidad, menos gastos y mucha más rápidez. Sin tantas preguntas. De donde se deduce que la reforma legal del llamado divorcio exprés ha sido, en términos globales, harto positiva, pues es evidente que nadie puede obligar a convivir a dos que han dejado de querer hacerlo. Y, en consecuencia, resultaba de todo punto absurdo tener que sufrir la burocracia establecida antes de la reforma legal para dar por terminada una sociedad de gananciales o una simple relación matrimonial. Nadie se separa por gusto, así que mientras más fácil sea el trance del final mucho mejor.

El acuerdo mutuo, además, facilita la gestión de las crisis de pareja, por decirlo en términos empresariales o políticos, ya que política, al fin y al cabo, es la institución matrimonial. Este aspecto es especialmente importante cuando hay vástagos por medio, ya que, además de la hacienda, en los divorcios, las separaciones y la quiebra de las ligaduras sentimentales, junto al patrimonio, a menudo se ponen en riesgo a los hijos, que acaso sean la única herencia real que una pareja puede dejar en el mundo. Un dato elocuente, dada esta evolución del registro civil sevillano, es que más de la mitad de las separaciones de los últimos tiempos se han rubricado de común acuerdo. Por consenso. Todo un avance cultural en unos tiempos en los que, desgraciadamente, todavía existen quienes piensan que el hombre o la mujer -sobre todo la mujer- tienen dueño. Como si la convivencia consistiera, en realidad, en una especie de esclavitud tácita o asumida. Desgraciadamente, existe otro porcentaje (todavía grueso) de rupturas mucho menos civilizadas, incluso muchas violentas. Una lacra contra la que se viene combatiendo desde hace mucho tiempo.

En todo caso, junto a este problema, también brota otro: el que padecen muchos de estos cónyuges separados y divorciados, generalmente los hombres, abocados de repente a una marginalidad social y económica de nuevo cuño tras sufrir determinadas modalidades no pacíficas de ruptura sentimental. El reajuste vital que cualquier individuo necesita acometer al salir de una agria disolución matrimonial se torna con frecuencia imposible por ciertas cargas derivadas de la situación previa. Con el actual mercado de la vivienda y la venidera crisis económica, determinados divorcios, lejos de ser una liberación, pueden tornarse en un infierno todavía mucho peor que un matrimonio mal avenido. No es extraño que, según los juzgados, los dos periodos más intensos de rupturas sean las navidades y el otoño (en Sevilla, casi una estación virtual). En las vacaciones suele haber tiempo para pensar y tratar de enderezar la existencia. Lejos del trabajo y de las obligaciones diarias, generalmente uno vuelve de pronto a ser uno mismo. Pero, al mismo tiempo, y en determinados momentos, paradójicamente justo al mirarse al espejo, deja de reconocerse.

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