Doce años preservando los tesoros de la Hispalense

  • La Universidad recibe más de 260.000 euros de los fondos Feder para impulsar su taller de restauración y la digitalización de su patrimonio bibliográfico, proyecto que comenzó en 2004

La nueva Biblioteca General Rector Antonio Machado y Núñez, aún sin fecha de inauguración, contará con un Laboratorio para la Investigación en Patrimonio Documental y Bibliográfico gracias a los fondos europeos Feder captados en 2015 por el vicerrectorado de Investigación de la Universidad de Sevilla. El proyecto tiene un coste superior a los 300.000 euros, de los que 263.589 son aportados por los fondos Feder, y el resto por la institución académica.

El laboratorio está integrado por un taller de restauración y otro de digitalización del Fondo Antiguo de la Universidad, en funcionamiento desde 2004 en la Biblioteca General, ubicada en la antigua Fábrica de Tabacos. "Gracias a los fondos europeos adquiridos, el proyecto de digitalización se ha fortalecido con la adquisición de nuevos equipos: dos escáneres planetarios -valorados en unos 30.000 euros cada uno- y un escáner para microfichas y microfilmes", explica Eduardo Peñalver, jefe de sección del Fondo Antiguo y Archivo Histórico de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla. Esta inversión también ha permitido mejorar la capacidad de almacenamiento de las imágenes digitales y la aplicación informática que permite poner las obras digitales a disposición de los usuarios.

Según explica Peñalver, hasta ahora, la Universidad restauraba las obras que consideraba de mayor relevancia, en función de los problemas de conservación que se detectasen y el valor de los libros, todo ello condicionado por la disponibilidad presupuestaria. A partir de este momento, con los nuevos fondos, la Biblioteca podrá desarrollar programas sostenidos de conservación y restauración.

"En los últimos años se han restaurado una cantidad muy importante de libros, tanto impresos como manuscritos, además de documentos del Archivo Histórico de la Universidad", apunta Peñalver. Desde 2003 se han llevado a cabo cerca de cien actuaciones, entre las que destacan las restauraciones de varios códices del siglo XV y algunos documentos emblemáticos del Archivo Histórico, como la bula fundacional de la institución otorgada por el Papa Julio II (1505) y el primer libro de actas del claustro. Entre los impresos, por otro lado, destacan un atlas holandés de cartas náuticas del siglo XVII, de Jacobs Loots-Man; una edición veneciana de la Geographia de Sanudio, del siglo XVI; y, especialmente, la restauración de la Biblia de Gutenberg, que se llevó a cabo el pasado año junto con el Instituto Andaluz de Patrimonio Bibliográfico.

Se trata del incunable más preciado de la Universidad de Sevilla. Es uno de los 21 ejemplares completos que se conservan en el mundo de esta joya bibliográfica que inaugura la historia de la imprenta de tipos móviles. En España sólo existen dos: el Nuevo Testamento que custodia la Hispalense y un tomo completo que se encuentra en la Biblioteca Pública de Burgos. "Es el libro más hermoso jamás impreso", manifiesta Eduardo Peñalver.

Tras pasar sus 130 folios por rayos X y efectuar un estudio de la tinta de sus letras y los pigmentos de sus capitulares, los técnicos determinaron que, para sus más de cinco siglos de historia, el ejemplar se encontraba en buen estado de conservación. Así, los trabajos de restauración se centraron, sobre todo, en la fijación de los pigmentos en las iniciales miniadas, y en la encuadernación, arañada y golpeada por el uso.

El equipamiento del taller de restauración incluye máquinas de limpieza, cámaras de desacidificación, desinsectación, humidificación, baño termostático, campana para la manipulación de sustancias químicas, herramientas de encuadernación y restauración y una máquina de succión para la restauración de papel, documentos y grabados, entre otras herramientas. "Los equipos adquiridos gracias a esta financiación son de un altísimo nivel, pero su puesta en marcha sólo se producirá cuando el fondo histórico se haya traspasado a las nuevas instalaciones, en la avenida de Eritaña", apunta Eduardo Peñalver, jefe de sección del Fondo Antiguo y Archivo Histórico de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla.

Los fondos Feder conseguidos también permitirán generar imágenes digitales a un ritmo superior al actual y con altos niveles de calidad. El proyecto de digitalización de los fondos antiguos de la Universidad se inició en 2004. Desde entonces, se han digitalizado cerca de 9.000 obras, según Peñalver, además de 54.433 grabados. "Podemos decir que en los últimos diez años se ha digitalizado, aproximadamente, el 10% de los 60.000 volúmenes que componen el Fondo Antiguo".

Recientemente se han adquirido dos escáneres Zeutschel, que ofrece imágenes de "mucha más calidad". Hasta ahora, el equipo de Peñalver, formado por unas ocho personas -entre ellos cinco becarios que sostiene la propia Biblioteca- trabajaba sólo con un escáner Digbook 2000, con una plataforma adaptable y un software especial para libros antiguos, además de un sistema de cámara deslizante. El inconveniente es que esta máquina sólo escanea en escala de grises.

El equipo de Peñalver comenzó en 2004 digitalizando los llamados "tesoros de la Universidad", los libros más valiosos, como la Biblia de Gutenberg, códices del siglo XV, las Apostillas de Nicolás de Lira y una serie de libros del siglo XV al XVIII de gran valor histórico y científico. La Universidad de Sevilla fue una de las primeras instituciones españolas en digitalizar su patrimonio bibliográfico, según explica Eduardo Peñalver, después del Archivo de Indias (1992) y la Universidad Complutense de Madrid. Al principio, este proyecto estuvo financiado por la Fundación Botín y subvencionada por el Ministerio de Cultura y Deporte.

En una segunda fase, se digitalizaron los 332 libros incunables que posee la Universidad, entre ellos el primer libro impreso en Sevilla conocido -el Repertorium quaestionum super Nicolaum de Tudeschis in libros Decretalium, de Alfonso Díaz de Montalvo-; un Breviario Carmelitano impreso en Venecia, en vitela, único en el mundo; y la Hypnerotomachia Poliphili, impresa por Aldo Manucio también en Venecia, en 1499. Este último es una obra de Francesco Colonna, una obra maestra del arte de la imprenta con cerca de 300 grabados xilográficos.

Más tarde se digitalizaron 160 libros sevillanos del siglo XVI, además de todo lo relacionado con cartografías, relaciones de sucesos, libros científicos del siglo XVI y XVII y libros sobre la antigüedad, según explica Eduardo Peñalver.

"Es un proyecto sine díe", comenta el bibliotecario. "Uno de los aspectos más interesantes está siendo la digitalización de los libros manuscritos y los archivos familiares, ejemplares únicos". Se trata de correspondencias, borradores y documentos sobre transacciones de los últimos 200 años que la Universidad recibe a través de donaciones y legados. De estos archivos familiares destacan los del historiador y arqueólogo Juan de Mata Carriazo, el arqueólogo Antonio Delgado y Hernández, y Luis y Santiago Montoto. Este último archivo familiar "reviste un interés particular para la historia cultural y literaria de la Sevilla de fines del XIX y principios del XX", según apunta Peñalver. Recientemente, también se ha incorporado al fondo un pequeño archivo de correspondencia del político sevillano Manuel Blasco Garzón.

Se suman los numerosos expedientes de "limpieza de sangre", que van desde el siglo XVI hasta el XIX, y en actual proceso de digitalización. "A todas las personas que aspiraban a entrar en la Universidad se les exigía que acreditaran que no tenían antecedentes judíos, moriscos, ni de personas de malas costumbres", explica Peñalver, bibliotecario de la Hispalense desde 1980. También están en proceso de digitalización fondos especiales como los del Colegio de San Telmo, para la formación de pilotos para la carrera de Indias, y de la Universidad de Mareantes, una corporación sevillana de gente de mar en vigor durante más de 200 años (1569-1793).

"Lo más sorprendente en estos años ha sido el descubrimiento de dos incunables catalogados de forma incorrecta porque no tenían portada", apunta Peñalver. Uno de ellos, que tiene una nota manuscrita de Hernando Colón, procede de la Colombina. Se trata de una edición veneciana, de 1494, de la Geographia de Estrabón. El otro es una obra de Eneas Silvio Piccolomini, el papa Pio II, que se llama Historia rerum Friderici Tertii Imperatoris, y que fue impreso en la ciudad alemana de Memmingen.

Peñalver destaca la existencia de más de mil relaciones de sucesos de los siglo XVII y XVIII. "Podemos decir que estas relaciones son el origen de la prensa. Es una colección muy interesante, con una enorme cantidad de noticias de todo tipo: noticias políticas, militares, epidemias, los estragos por las tormentas, los daños causados por los piratas".

Todos los manuscritos y ejemplares digitalizados se pueden descargar de manera gratuita (fondosdigitales.us.es/fondos)o visualizar en las exposiciones virtuales permanentes de la Biblioteca General (expobus.us.es), con comentarios de especialistas.

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