Don Mariano Bellver, un héroe de nuestro tiempo

  • El portavoz de Ciudadanos valora la generosidad del coleccionista con la ciudad

Javier Millán junto a Mariano Bellver durante la visita a su casa de la Plaza del Museo. Javier Millán junto a Mariano Bellver durante la visita a su casa de la Plaza del Museo.

Javier Millán junto a Mariano Bellver durante la visita a su casa de la Plaza del Museo. / d. s.

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Recientemente hemos podido saber que el Ministerio de Educación ha concedido a Don Mariano Bellver la encomienda con placa de la Orden de Alfonso X el Sabio, un más que merecido reconocimiento, ya que, en mi opinión, este docente y coleccionista es un héroe de nuestros días. Según la RAE, tal consideración corresponde a una persona ilustre y famosa por sus hazañas o virtudes, que actúa de una manera valerosa y arriesgada y, en este contexto social, marcado por la crisis de valores, don Mariano Bellver es merecedor de ser reconocido como tal.

Difícilmente podré olvidar la soleada mañana de viernes en la que tuve el placer y el honor de conocer al señor Bellver en su casa de la Plaza del Museo. Desde el primer instante tuve la certeza de encontrarme ante alguien que, con exquisita educación, estaba embargado por el escepticismo ante lo que podría encontrar en el portavoz de un grupo municipal interesado en charlar con él.

Poco a poco, a medida que intercambiábamos impresiones, fueron decayendo sus iniciales reservas, lo que sin duda facilitó conocer más al ser humano que había detrás del mecenas y sentirme privilegiado al comprobar la valía personal de don Mariano. Se trataba de un ciudadano que, tras más de 15 años de larga y tortuosa espera, no se había resignado a poder ver abierto al público en Sevilla un museo con el conjunto de las obras que han engrosado su colección a lo largo de toda una vida presidida por la pasión por el arte, una pasión compartida con doña Dolores, su esposa. Si valor tiene que una persona se empeñe en donar más de 20 millones de euros a la ciudad de Sevilla, más debe apreciarse al ser conocedor del cariño que este matrimonio profesa a una colección a la que han consagrado grandísima parte de su existencia.

Está fuera de duda la calidad de las esculturas y cuadros costumbristas atesorados por don Mariano, pero, además, él las muestra profesando el más profundo cariño y afecto. De la visita a Bellver recuerdo especialmente el momento mágico en el que, en un salón de su casa, le pregunté que si tuviera que quedarse con una sola obra de su colección, cuál elegiría. Me respondió tajante: "¿Usted tiene hijos? ¿Cuántos? ¿Y usted podría elegir solo a uno de ellos? Yo no tengo hijos, y éste es el trabajo de mi mujer y mío durante toda nuestra vida, todas mis obras son como mis hijos".

En ese momento lo descubrí, me encontraba ante un héroe que ha hecho la hazaña de donar a su ciudad una colección valiosísima, librando una batalla contra todas las trabas políticas y administrativas, soportando estoicamente el transcurrir del tiempo para poder conseguir lo que pretendía, regalar a Sevilla su patrimonio, para beneficio de todos sus ciudadanos.

Pero, sobre todo, un héroe por sus virtudes, porque ha sido el cariño por su mujer lo que hizo que ambos dedicaran su vida a esta valiosa colección y ha sido el amor por Sevilla, su ciudad, el que le ha llevado a tomar la decisión de donarla para que dentro de poco todos podamos disfrutarla. Motivos para no hacer lo que ha hecho ha tenido cientos pero, pese a las adversidades, ha logrado culminar un acto que lo engrandecerá para siempre y lo situará como uno de los héroes que Sevilla deberá reconocer eternamente.

Ésta ha sido, sin duda, una de las mayores experiencias vitales desde que hace algo menos de dos años soy capitular del Ayuntamiento de Sevilla, algo que contaré a mis nietos como uno de los momentos que atesorará mi mente con especial cariño. En unos meses don Mariano verá realizado su sueño y asistirá a la inauguración del Museo Bellver en la Casa Fabiola, una sede para cuya adquisición fue decisivo el apoyo del grupo municipal del que soy portavoz. Creo que entrar en política vale la pena por cosas como ésta. Sin duda, Sevilla lo merece.

Muchas gracias, don Mariano.

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