Ecos tangerinos del 28-F en el Casino de la Exposición

  • Ida y vuelta. Las obras que se exponen irán de Sevilla a Tánger, la ciudad donde nació el primer presidente de la Junta y de la que vino un nuevo arzobispo en 1982.

EL vigilante del Casino de la Exposición nació en 1991. No le ha dado tiempo a votar en ningún referéndum. En el interior del edificio construido por el arquitecto de Castellón Vicente Traver para la Exposición de 1929 se llevó a cabo el recuento manual de los votos de aquella convocatoria, sufragio y colofón a la pregunta redactada por un discípulo de Groucho Marx. Treinta años después, en el mismo escenario abarrotado de aquel 28 de febrero de 1980 se celebra una exposición de arte contemporáneo Hispano-Marroquí. La primera obra con la que se encuentra el visitante, una especie de túmulo con un vivo sepultado, es como una metáfora del 28-F. Se titula No hay nacimiento sin dolor.

En la sala circular del Casino sólo se escuchan como lamentos las palabras en español y árabe de un maniquí que gira maniatado y las repite una y otra vez: poder, realidad, naturaleza. Es una performance de José Juan Bocanegra. La muestra, una iniciativa de la Fundación Columba Pacis, viajará de Sevilla a la galería Mohamed Drissi de Tánger cuyo director, Rachid Amahjour, aparece en el catálogo. Este pasaje Sevilla-Tánger es una hermosa reverberación de aquella aventura romántica de la autonomía, cuando los resultados del referéndum se hacían de forma manual y dos años después la Diputación Provincial de Córdoba tenía que prestar las sillas para la constitución del primer Parlamento andaluz.

En Tánger nació el primer presidente de la Junta de Andalucía. El preautonómico Plácido Fernández- Viagas que deja de serlo en junio de 1979. Nació en la calle Marco Polo, como si el destino le fuera preparando para la etapa más aventurera de la política. Su familia se fue a Marruecos en el siglo XIX y en Tánger nacieron sus tres primeros hijos: Plácido, Dorila (nombre gibraltareño) y Santiago. Hay más conexiones tangerinas. De la ciudad del marchito glamour vino en 1982 como nuevo arzobispo de Sevilla Carlos Amigo Vallejo procedente de la archidiócesis de Tánger. Para redondear la serie de coincidencias, este franciscano de Medina de Rioseco estaba en Sevilla aquel 28-F de 1980 de la pregunta del Trivial. La hermandad del Buen Fin lo invitó a predicar el quinario en San Antonio de Padua.

Treinta años del 28-F. Ya no había Pasarela ni Feria en el Prado ni alumnos de Giménez Fernández preparándose para el asalto al poder en la Fábrica de Tabacos. El Casino de la Exposición comparte construcción con el teatro Lope de Vega. El 28 de febrero de 1980, cuando Andalucía, con letra de Carlos Cano, cogía la senda de la autonomía, se representaba en este teatro Malvaloca, de los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, a cargo de la Agrupación teatral que llevaba (y lleva) los apellidos de los dramaturgos de Utrera. Treinta años después, el Lope programa Glengarry Glen Ross, de David Mamet, cuyas funciones terminan hoy. Se cierra el telón el día 28 de febrero porque cae en domingo y en marzo vuelve la programación con De Mahagonny a Youkali (un viaje con Kurt Veill), espectáculo de Vicky Peña. De los Quintero a Mamet y Kurt Veill. El 3 de marzo llega una propuesta con una frase de estos tiempos posmodernos, cuando se archivó el sueño de Marco Polo y en la pizarra se hacía recuento de bostezos: ¿Y de lo mío, qué?, apuesta escénica de Tomasito.

Fuera seguía lloviendo. A un lado, el furgón de un expendedor de hamburguesas de la firma Simon's Food. El rápido Simón. Al otro un camión de dos módulos dedicado al transporte de material de espectáculos. En un módulo se lee Pepito I; en el otro, Pepito II. Los reyes ya no son lo que eran.

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