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En España no se come tarde

  • Un estudio de la Hispalense sobre las actividades básicas de los trabajadores europeos desvela que los españoles no tienen su vida desacompasada con el ciclo de luz y oscuridad

Varias personas disfrutan del sol y el buen tiempo en un parque sevillano. Varias personas disfrutan del sol y el buen tiempo en un parque sevillano.

Varias personas disfrutan del sol y el buen tiempo en un parque sevillano. / juan carlos muñoz

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Los trabajadores españoles ni comen ni se acuestan tarde. Tampoco ven la televisión a una hora a la que ya deberían estar en la cama ni duermen pocas horas. Su vida no está desacompasada con el ciclo de luz y oscuridad como hasta ahora se había dicho. Ésta es la conclusión a la que ha llegado un grupo de investigadores de la Universidad de Sevilla dirigido por el profesor de la Facultad de Física José María Martín Olalla. Los resultados del estudio se han publicado recientemente en la revista Scientific Reports, del grupo Springer Nature, con el título Influencia de la latitud en las actividades humanas básicas: caracterizando el día invernal como un sincronizador.

El ingeniero Sandford Fleming, creador del sistema de 24 horas correspondientes a los 24 husos horarios contados a partir del meridiano de Greenwich (horario universal), ya señaló en 1884 durante la Conferencia Internacional del Meridiano que las personas realizarían siempre sus actividades básicas (dormir, comer, trabajar, estar en casa) guiados por el ciclo de luz-oscuridad y no por la hora que marque el reloj, que es sólo un instrumento para administrar el ciclo anterior. Años más tarde, se asoció la idea de Fleming a los ritmos circadianos y al papel regulador que desempeña la luz ambiental.

El trabajo analiza los hábitos de los trabajadores de 17 países europeos y 2 americanos

El estudio de la Hispalense corrobora esta sencilla observación y va un paso más allá al desvelar la influencia de la latitud en este problema. Este factor aparece porque la racionalidad de decisiones como "entrar al trabajo a las 8 am" (cuatro horas antes del mediodía) no depende del mediodía, sino del amanecer que, a su vez, sólo depende de la latitud y la estación del año. Esto hace que las personas que viven a lo largo de un meridiano no coincidan siempre a la hora de realizar sus actividades, explican desde la Universidad.

El profesor Martín Olalla llega a estas conclusiones tras analizar las encuestas oficiales de empleo del tiempo de 19 países (17 europeos y dos americanos) en la latitud media (38-61 grados), que representan el 45% de la población mundial en este rango. Estos cuestionarios incluye la Encuesta Armonizada Europea de Empleo del Tiempo (Hetus/Eurostat), de donde extrae cuándo realizan los trabajadores europeos sus actividades básicas. Esta información, junto con el huso horario y los datos geográficos de latitud, longitud, permite deducir las condiciones de luz ambiental de las actividades y desvelar patrones regulares relacionados con el día más corto del año. Los datos españoles siguen los patrones europeos, lo que indica que la hora de Berlín (que coincide con la de España) no ha alterado la vida de los españoles y que su ritmo de vida no está desacompasado respecto del ciclo de luz y oscuridad.

El estudio muestra que el amanecer invernal (el más tardío del año y más tardío aún cuanto más al norte se esté) dispara la actividad humana por la mañana condicionando hábitos como el despertar, salir de casa o empezar a trabajar a horarios más tempranos cuanto más al sur. El anochecer invernal (el más temprano del año, y más cuanto más al norte), por otro lado, influye en el comportamiento humano durante toda la jornada, incluso las actividades que se realizan al mediodía, explican desde la Universidad. Así, el almuerzo tiende a adelantarse en el norte y a retrasarse en el sur. El anochecer invernal dispara el cierre de la actividad humana y domina hábitos vespertinos como dejar de trabajar, regresar a casa y cenar, siempre más tempranos cuanto más al norte.

Finalmente, los hábitos nocturnos, como ver la televisión o irse a la cama, están influenciados, sin embargo, por el amanecer del día siguiente. En este sentido, los países más al sur adelantan estos hábitos anticipándose a un amanecer más próximo.

"La discusión horaria en España ha malinterpretado la función del huso y ha ignorado la influencia que la latitud, a través del ciclo de luz-oscuridad, tiene en los ritmos de vida humanos", indica la Universidad de Sevilla. "El día invernal, el más corto y duro del año, explica los hábitos horarios del continente. Su amanecer ocurre simultáneamente en la Península Ibérica, Alemania, Suiza, Francia, Bélgica, Países Bajos, Dinamarca y Suecia. Sin embargo, el sol invernal necesita tres horas para ponerse escalonadamente desde Suecia hasta la Península Ibérica". Para el profesor Olalla, aquellos que aseguran que los hábitos vespertinos de los españoles son "anómalos" están describiendo un fenómeno natural.

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