Julio Martínez Velasco, crítico teatral

España dramática, Sevilla teatral

  • Testigo de tres cuartos del siglo XX y mitad de un cuarto del XXI, vivió una Sevilla dual: Benavente y los Quintero.

EN su Paseo por la Sevilla del 98, Julio Martínez Velasco (Sevilla, 1925) recorre la ciudad en compañía de Juan de Mairena y de don Latino de Hispalis. El heterónimo de Machado y el personaje de Valle son como el palimpsesto de su propia biografía, hijo único -y tanto- de una donostiarra que vino a Sevilla a ver la Semana Santa y de un andaluz de Riotinto.

Fue su padre, Julio Domingo Martínez, el que le inculcó la pasión por el teatro. "Me llevaba a la zarzuela desde muy niño. Las óperas solían venir al San Fernando, un teatro de 1.200 localidades en una población de 150.000 habitantes". La parte de la educación materna no fue menos decisiva. Desde los siete años a los 27, edad a la que se casa, lo mandaban los tres meses de verano a San Sebastián con dos tías solteronas, Adela y Felisa, hermanas de Carmen, su madre. Conoce Donosti como la palma de su mano. "Muy píos los vascos. Franco desterró a muchos curas y Canarias y Andalucía se llenaron de curas vascos".

El teatro Imperial es la librería Beta y el teatro San Fernando la tienda de ropa y complementos C&A. Texto y vestuario, la mezcla perfecta para una buena obra de teatro. En su altar de preferencias, El gran teatro del mundo, de Calderón; La casa de Bernarda Alba, de García Lorca; Los intereses creados, de Benavente; y La muerte de un viajante, de Arthur Miller.

Recuerda la República, la Liga del Betis en 1935 y la guerra civil, que tuvo en aquella España dramática el correlato paradójico de una Sevilla teatral."En la zona republicana, el embajador soviético Rosenberg, que por cierto era judío, impuso una reforma laboral según el modelo soviético, de forma que la limpiadora del teatro ganaba lo mismo que la diva. Como en la profesión teatral las divas son vanidosísimas, se van pasando a la zona sublevada. Las compañías pudientes, entonces no había subvenciones, hacían las Américas, y cuando volvían iban a las navieras que tocaban Vigo o Cádiz y se pasaban a la zona sublevada, donde la diva ganaba mucho más que la limpiadora".

La historia del teatro de Sevilla es un Poltergeist de sorpresas. El Palacio Central, en la actualidad la tienda Mango, fue antes el teatro-cabaret Kursaal que visita Gerald Brenan y antes el Teatro Principal. "El Duque no lo conocí. Era muy popular, no diría que erótico o liberado. Las señoras no iban al Duque por el tipo de obras que se representaban, tachadas de inmorales, y porque debajo de ese teatro estaban los enterramientos de la parroquia de San Miguel".

Su primera firma vio la luz en el semanario de Morón El Cronista. Rebobina vivencias en el despacho de don Práxedes Sánchez, director del Círculo Mercantil, en Sierpes, que gentilmente cede su espacio a quien nunca fue de círculos ni peñas y que sólo entró en la Asociación de la Prensa "cuando se fueron los falangistas".

Sus particulares premios Max se los daría a Tina Gascó, la Membrives, la Ladrón de Guevara. "Hacían la llamada alta comedia, muy burguesa, muy cursilona, y dramas como La malquerida. Durante mucho tiempo imperó el teatro de Benavente para la burguesía y el de los Quintero para la clase media más media".

El veraneante en la playa de la Concha tenía cuatro años cuando en enero de 1930 se proyecta en el teatro Llorens (Sierpes) la primera película con banda sonora. "Se habían hecho experimentos de sonorización, todos fallidos. No se podía hablar de cine sonoro, sino cine parlante. La sonorización del cine arrasó y creó la mayor crisis que padeció el teatro: las localidades eran más baratas, el público que estaba acostumbrado al cine mudo oye hablar y escucha música, descubre los primeros planos y abandona el teatro".

Recién casado, en 1953, el TEU (Teatro Español Universitario) se escinde del SEU (Sindicato Español Universitario) y empieza a montar obras de autores europeos y americanos que estaban prohibidos "porque sus Gobiernos no habían reconocido al Gobierno de Franco". Esos vaivenes los contó en el libro Teatro en Sevilla: sus 25 años más críticos. "Desprecio los primeros 28 años del siglo XX porque el teatro que se hace no tiene ningún relieve: comedias acartonadas, dramones tardorrománticos, mucha rutina".

Nació en el Arenal y pasó por San Gregorio, Carlos Cañal y Arjona, donde reside quien vivió el tránsito de una época en la que la gente se vestía para ir al teatro a otra en la que van a los (antiguos) teatros para vestirse.

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